viernes 13.12.2019

Más dificil todavía

El acuerdo entre PSOE y UP para formar un gobierno de coalición se explica por el resultado electoral del 10N. Con los resultados electorales en la mano, era casi el único camino para formar gobierno. Claro que aún falta el rabo por desollar: hay que contar con el apoyo de varios grupos y, sobre todo, con la abstención de otro.

La suma de los 89 diputados del PP y los 120 del PSOE dan una mayoría holgada. Pero una cosa es la suma aritmética y otra la suma política. Con Vox acercándose, al PP le resulta harto inconveniente formar mayoría con el PSOE. Rajoy ofreció la fórmula de gran coalición al PSOE, que éste rechazó pensando, seguramente, que en ese caso, la competencia de Podemos le comería. Hoy tenemos una situación simétrica: ahora es el PP el que tiene un competidor por su derecha. Además hay que contar con el dato de que el PP ha escogido aliarse con  la extrema derecha para alcanzar poder autonómico y local. Y es posible que cuente con llegar al Gobierno con Vox. En todo caso, el PP tiene que definir su táctica política tras el fracaso de su “España Suma”.

El punto débil del acuerdo entre PSOE y UP es que a ese mismo acuerdo podría haberse llegado hace meses. Pero Sánchez, seguramente cegado por encuestas favorables, prefirió intentar fortalecer su posición, pidiendo al electorado más escaños para evitar depender de los independentistas

Descartada la gran coalición, cabe otra solución: la abstención de los principales partidos para dejar gobernar al más votado. Esta fórmula fue reiteradamente ofrecida por Sánchez durante la campaña electoral, pero no parece que haya tenido mucho éxito, aunque ahora C´s la reivindica pero solo para intentar que el PSOE rompa su reciente acuerdo con UP. En todo caso, esta fórmula no aseguraría la gobernabilidad, puesto que una cosa es sacar adelante la investidura y otra distinta contar con una mayoría para aprobar leyes como la de presupuestos, sin la cual podemos tener un gobierno que no gobierna.

No hay más fórmulas, porque ir de nuevo a las urnas no parece una opción para nadie, con excepción de los indepes (aunque no todos), instalados en la “confrontación contra el Estado”.

El punto débil del acuerdo entre PSOE y UP es que a ese mismo acuerdo podría haberse llegado hace meses. Pero Sánchez, seguramente cegado por encuestas favorables, prefirió intentar fortalecer su posición, pidiendo al electorado más escaños para evitar depender de los independentistas y, probablemente, abrir la posibilidad de otras fórmulas de gobierno. Cabía, además, la posibilidad de que la irrupción de Errejón debilitara a UP e hiciera más fácil la negociación. Pero UP, bajando, ha resistido bastante bien. Y el electorado le ha negado a Sánchez el aumento que pedía. A diferencia de la derecha, donde se ha producido un cambio dramático, en la izquierda las cosas están más o menos donde estaban, si acaso con cambios menores.

Cuando unas elecciones se repiten en el plazo de unos pocos meses cabe esperar que sus resultados también se repitan, más o menos, salvo si hay acontecimientos que hagan cambiar de voto a un número sustancial de electores. Los resultados del 10N han venido influidos por el fracaso en la investidura de Sánchez y por los graves disturbios en Cataluña tras la sentencia del procés. El fracaso en la investidura se puede haber traducido en una cierta abstención del votante de izquierdas, lo que explicaría la bajada de PSOE y UP. Además, la actitud cerril de Ribera, tratando de impedir a toda costa la investidura de Sánchez ha ayudado y mucho a la debacle de C´s porque Rivera tenía la llave de la gobernabilidad de España y la tiró a la basura. Sus electores no se lo han perdonado.

El otro gran asunto que ha pesado sobre el resultado electoral ha sido la situación en Cataluña. Tanta confrontación con el Estado, tanto insulto a sus Instituciones ha terminado por crear un clima de indignación y de cabreo en la ciudadanía española. Hay pocas ocasiones en las que un solo dato explica el resultado de unas elecciones y ésta es una de ellas. El ascenso de Vox está directamente relacionado con los acontecimientos en Cataluña. Su mensaje de mano dura contra los independentistas es el que mejor sintonizó con la indignación de una buena parte de la ciudadanía, incluidos votantes de C´s y, en menor medida, de otras formaciones.

La otra causa del descalabro de C´s han sido sus alianzas en los planos autonómicos y local, consistentes en apoyar al PP que iba de la mano de Vox. Los electores captaron el menaje: votar a C´s sirve para hacer Presidente del Gobierno a Casado, en compañía de Abascal. Para ese viaje, mira tú, mejor votar al PP directamente, sin dar el rodeo de votar a C´s. Son errores garrafales que explican la contundencia de la derrota que no tiene parangón más que en lo sucedido a UCD en el 82, partido que, recordemos, desapareció poco después.

El descalabro de C´s y el ascenso de Vox son dos aspectos muy relevantes de estas elecciones por que alteran el mapa político español. Dicho sea de paso, el éxito de Vox no se debe a la repetición de elecciones, que, en todo caso, han sido la ocasión. La situación de Cataluña es lo que ha hinchado su resultado. Por eso, a quien Abascal debe dar las gracias por su éxito es a Puigdemont, Torras y compañía.

El hundimiento de C´s y el ascenso de Vox crean una situación nueva en el campo de la derecha. El peligro de Vox no es, precisamente, la inminencia de su llegada al gobierno. El peligro es que su discurso, radicalmente nacionalista, termine por contaminar al PP y con él a toda la política española. Como estamos viendo en las CC AA donde gobierna la triple derecha, Vox marca el paso de los otros dos. Lo peor de estas elecciones es que la peste del nacionalismo radical crece. Y eso vale tanto para el nacionalismo español, encarnado por Vox, como el periférico. Justamente, es el nacionalismo el que amenaza la Unión Europea. Ahora España tiene también una extrema derecha, ultra nacionalista, con porcentajes parecidos a otros países europeos. También la Unión Europea se hace un poco más difícil.

Más dificil todavía