#TEMP
jueves. 18.08.2022

Lecciones inglesas

El partido que nos gobierna se ha apresurado a extraer conclusiones de los resultados de las elecciones del 7M en el Reino Unido.

El partido que nos gobierna se ha apresurado a extraer conclusiones de los resultados de las elecciones del 7M en el Reino Unido, arrimando el ascua británica a su sardina española. Con una sonrisa de suficiencia la Vicepresidenta del Gobierno ha pronosticado que lo mismo que las encuestas británicas se han equivocado al infravalorar los resultados del Partido Conservador, eso mismo pasará en España y por los mismos motivos, a saber, porque el crecimiento económico al final dará réditos al partido del gobierno. ¿Qué lecciones aplicables a España podemos extraer de las elecciones británicas del pasado 7M?

Para contestar, interesa, en primer lugar, analizar los resultados británicos aunque sea a grandes rasgos. Recordemos que allí gobernaba una coalición de conservadores y liberal-demócratas. Juntos, han obtenido el 44,7 % de los votos frente al 59,1% que tuvieron en 2010, es decir, han perdido nada menos que 14,4 puntos. Lo que sucede es que han sido los liberal demócratas los que han corrido con todo el gasto al perder 15,2 puntos mientras los conservadores prácticamente se han mantenido. Con ese dato,  no parece que los británicos hayan apreciado mucho el papel del gobierno frente a la crisis. Pero es que, además, la situación económica y social del RU no tiene parangón con la de España. En el RU hay de una tasa de paro de poco más del 5%, frente a más del 23 % de España. Se puede decir que allí han salido de la crisis (o casi) y aquí no. Esa es la gran diferencia que hace heterogénea la comparación entre las recientes elecciones británicas y las futuras españolas.

Los conservadores, con una ganancia de tan solo 0,8 puntos, consiguen alcanzar la mayoría absoluta en los Comunes. No hay que olvidar que el sistema electoral británico es mayoritario lo cual hace que pequeños cambios de voto se traduzcan en grandes cambios en el número de escaños. Los conservadores, con el 36,9 % de votos, tienen el 50,8 % de los escaños. Sin duda ha sido un gran éxito, sobre todo teniendo en cuenta que las encuestas daban como ganadores a los laboristas. Si la conclusión es que tampoco en España hay que fiarse mucho de las encuestas, estoy de acuerdo, sobre todo porque aquí la situación política es tan fluida que los pronósticos cambian cada mes.

Los conservadores han focalizado su campaña señalando los peligros de una hipotética e inestable coalición de laboristas y nacionalistas escoceses y, en consecuencia, reclamando para sí un gobierno sólido como única alternativa. Lo cual ha ayudado a traer a casa votos de su socio liberal-demócrata. Nada parecido sucede en España donde el PP gobierna en solitario con mayoría absoluta.

El partido laborista ha ganado 1,5 puntos pero ha perdido 26 escaños. La derrota del laborismo en estas elecciones no se produce, pues, por su hundimiento electoral sino por no haber alcanzado las expectativas de ganar que le daban las encuestas. No ha sido así y no solo por el efecto del nacionalismo escocés sino también por el incremento del partido emergente.

En buena medida, la pérdida de escaños de los laboristas se sitúa en Escocia. Allí, la campaña de los independentistas ha sido muy eficaz. Por un lado han prometido que, llegado el caso, apoyarían un gobierno laborista en Londres, con lo cual venían a decir a los electores laboristas escoceses que daba lo mismo votarles a ellos a efectos de lograr la mayoría en los Comunes. Por otro, han reclamado para sí el voto para poder influir en Londres en la dirección de combatir las políticas de recortes sociales, es decir, han emitido un discurso de izquierdas. Con este discurso se han comido los tradicionales distritos laboristas. En Escocia, los laboristas han perdido un cuarto de su electorado y todos sus diputados. Una vez más se demuestra que el auge del nacionalismo tiene como primera víctima a la izquierda. Cuando el nacionalismo entra por la puerta, la izquierda sale por el balcón. Esta sí que es una lección que deberíamos tener en cuenta porque puede que en Cataluña pase algo así.

En estas elecciones, el partido que más crece ha sido el UKIP, que ha alcanzado el 12,6 %, si bien el sistema mayoritario les otorga tan solo 1 escaño. Pero, ojo, el UKIP es ya segundo partido en un montón de circunscripciones. El UKIP es, sin duda, el partido emergente, un partido anti europeista y anti inmigración, es decir, con los perfiles de la extrema derecha populista, que crece en Francia y otros lugares. Esta fuerza emergente en el RU ya influye y no poco en la política británica. El compromiso de Cameron de celebrar un referéndum sobre la permanencia del RU en la UE es prueba de ello. Afortunadamente, nada parecido se ve en España donde las fuerzas emergentes tienen otro color bien distinto.

Finalmente, indicar que el sistema electoral británico es tan “justo” como esto: un diputado conservador “cuesta” unos 34.000 votos mientras que un diputado laborista “cuesta” unos 40.000 votos. Es lo que tiene ganar las elecciones en un sistema mayoritario. Para terminar de explicar la justicia del sistema añadamos que los nacionalistas escoses tiene un diputado con 26.000 votos mientras que el único diputado del UKIP “representa” a 3.881.000 electores. ¿No querremos copiar este sistema, aquí, en España?

Lecciones inglesas