sábado. 02.03.2024

Elecciones y pactos en Andalucía

Nadie puede afirma si el nuevo mapa será estable o transitorio. En todo caso, estamos ante una situación nueva en todas las instituciones...

Los resultados de las elecciones andaluzas no se podrán extrapolar al resto de España pero tendrán importantes consecuencias también al Norte de Despeñaperros

Con las elecciones andaluzas se abre una serie de comicios que, en menos de un año, cambiarán el mapa político español. Nadie puede afirma si el nuevo mapa será estable o transitorio. En todo caso, estamos ante una situación nueva en todas las instituciones que, por lo menos durará cuatro años.

Hace cuatro años, un ciclo similar condujo a una apabullante victoria del PP que, desde entonces, gobierna en la gran mayoría de las instituciones. El PP, que venía de oponerse a los recortes del Gobierno Zapatero, trazaba líneas rojas en educación y sanidad, prometía bajar impuestos y crear empleo.

Pocos meses después aplicaba una dura política de recortes y subía impuestos. El país entraba en recesión y el Gobierno pedía el rescate bancario. Lo más novedoso de las políticas del PP ha sido la deflación salarial, consecuencia de la reforma laboral, que ha producido un notable trasvase de rentas del trabajo a rentas del capital.

Todos los sondeos electorales apuntan a una gran caída del PP, si bien mantiene la primera posición merced a que el PSOE sigue cayendo en las encuestas, al punto de verse adelantado por el recién llegado Podemos. El PP vende recuperación creyendo que eso es lo que puede parar su descenso e invertir la tendencia. Sin embargo, no parece que ese mensaje cale en un electorado que no percibe mejoría en su entorno cercano.

Un segundo mensaje consiste en agitar el peligro de Podemos a fin de movilizar a la parte de su electorado que se supone está en la abstención. Además, establecer el debate entre PP y Podemos ningunea al PSOE, que entra en este ciclo electoral en una posición bien delicada.

En ese panorama, el anticipo de las elecciones andaluzas ha sido una sabia decisión. Primero porque si el PSOE gana la primera de las elecciones del ciclo se refuerza su posición en el plano nacional. Un partido que empieza ganando en la Comunidad más poblada no puede ser ninguneado.

Pero también por razones locales. En AndalucíaIU ha estado sometida a duras presiones, desde dentro y desde fuera, para romper la coalición de gobierno. La dirección de IU respondió  anunciando un referéndum entre la militancia para decidir la permanencia de la coalición, lo cual es equivalente a ponerla en tela de juicio. Con la legislatura consumida en sus tres cuartas partes, el anticipo electoral ha sido una buena decisión porque, en cualquier caso, la posición del PSOE en el Parlamento Andaluz mejorará. No nos olvidemos que el PP era el primer partido en ese Parlamento, cosa que no parece vaya a repetirse. Se habrá dado, entonces, el primer paso para romper la hegemonía política de la derecha.

Me parece que todo eso es más importante que los intereses de Susana Díaz, quien, si gana, como anuncian las encuestas, verá reforzada su posición en el PSOE al ser la primera de la nueva hornada de dirigentes en ganar unas elecciones. Lo cual no prejuzga nada sobre su hipotética candidatura en las primarias para elegir candidato a Presidente de Gobierno en el PSOE.

Los resultados de las elecciones andaluzas no se podrán extrapolar al resto de España pero tendrán importantes consecuencias también al Norte de Despeñaperros.

La segunda gran cuestión que se abre en Andalucía es la cuestión de los pactos. En Andalucía, cuando el PSOE no ha tenido mayoría absoluta ha gobernado con IU, salvo en una ocasión, la llamada “legislatura de la pinza”.

En el nivel local, aún cuando se puedan mencionar muchas excepciones, la norma para constituir gobiernos locales estables ha sido la unión de la izquierda. Las encuestas apuntan a que en el nuevo Parlamento de Andalucía habrá una amplia mayoría de izquierdas y, sin embargo, un pacto de izquierdas no parece probable.

Como es natural, todos los partidos que concurren a las elecciones aspiran a una mayoría suficiente para gobernar en solitario y rechazan pronunciarse sobre eventuales acuerdos. Será después de las elecciones cuando se empiece a vislumbrar la política de alianzas que, en todo caso, tendrá al PSOE como eje principal ya que, aunque no alcance la mayoría absoluta, parece harto improbable que se forme una alianza en su  contra.

Tampoco parece probable una reedición del pacto PSOE-IU primero porque, como señalan las encuestas, sería insuficiente y segundo porque está muy reciente la ruptura del gobierno. Podemos no querrá comprometerse en una alianza con el PSOE que rompería su discurso. Podemos en realidad quiere sustituir el bipartidismo PP-PSOE por el PP-Podemos. En todo caso quiere llegar a las generales sin compromisos de ningún tipo. Después de las generales ya se verá.

Si los números dan para eso, lo probable es un gobierno en minoría del PSOE, al menos por ahora. Lo cual dejará abierta la cuestión de las alianzas, algo que deberá concretarse si o si tras las elecciones locales y autonómicas.

En este terreno de las alianzas y los pactos Madrid va a dar el tono, tanto por ser la comunidad más poblada de las que concurren a las elecciones de Mayo cuanto porque en Madrid no hay especificidades locales que permitan justificar en tintes locales los pactos. Aquí, el cambio de candidato ha traído también un cambio de discurso: hemos pasado del “en ningún caso pactos con el PP” al “estamos abiertos a cualquier hipótesis”.

Pero la principal preocupación está en el plano nacional. Lo lógico es que Rajoy estire la legislatura todo lo que pueda a fin de que las buenas cifras económicas que se anuncian hagan su camino. En medio de un panorama tan cambiante es arriesgado hacer predicciones sobre los resultados que habrá dentro de casi un año y con varias elecciones por medio. Pero si las tendencias actuales se confirman, en las Cortes se creará una situación inédita.

Hasta aquí, cuando no ha habido mayoría absoluta la regla que permitía la gobernabilidad ha sido el acuerdo con los nacionalistas catalanes. Ahora eso es no solo insuficiente sino políticamente incorrecto. ¿Cómo asegurar, entonces, la gobernabilidad de un país que pasa del bipartidismo al tripartidismo o al cuatripartidismo? Sin duda con pactos que hasta ahora no se habían producido. Esta es una cuestión que, por ahora, se debate en círculos muy reducidos y muy influyentes, pero que saltará con fuerza a la opinión pública a no mucho tardar, en cuanto las urnas confirmen o desmientan las tendencias que manifiestan las encuestas.

Por ahora, solo indico que un tema de esta trascendencia, debería ser debatido en el seno de los partidos y decidido por su militancia, sobre todo porque en ello le va el futuro a cada partido. Volveremos a este asunto.

Elecciones y pactos en Andalucía