viernes 10.07.2020

Elecciones y cambios

En los casi 40 años de democracia se han registrado numerosos intentos de crear nuevos agentes políticos.

En los casi 40 años de democracia se han registrado numerosos intentos de crear nuevos agentes políticos. Unos fracasaron casi al nacer (Roca y su operación reformista) y otros duraron unas pocas legislaturas (Suárez y su CDS y Rosa Díez con su UPyD). Lo característico de las elecciones del 24M es la irrupción de dos nuevos actores, Podemos y Ciudadanos, con más fuerza inicial que ninguno de los intentos anteriores.

En mi opinión, este cambio político tiene su origen en el gran cambio social que la crisis ha operado en España y que, a grandes rasgos, consiste en el adelgazamiento de la clase media y la aparición de una numerosa capa de trabajadores con muy bajos salarios, además de un elevadísimo paro. Se ha quebrado así la línea de progreso continuo que desde la transición se venía produciendo en España. Esta quiebra afecta de lleno a los jóvenes que ya tienen la certeza de que viven y vivirán peor que sus padres.

En el plano político, la desafección del electorado hacia el PSOE primero y después hacia el PP trae causa en el rechazo a las políticas realizadas frente a la crisis. Curiosamente ambos partidos dieron la misma explicación inicial a su batacazo electoral: “no hemos sabido explicar las medidas que hemos tomado”. La realidad es que los electores han entendido perfectamente lo que han hecho, solo que no están de acuerdo, como refleja claramente cualquier encuesta. Las decisiones adoptadas por el Gobierno en Mayo de 2010 produjeron un tsunami en el PSOE del cual no se siguió la irrupción de ningún partido emergente sino la gran victoria del PP que le llevó al gobierno en casi todas las instituciones. Ahora el tsunami llega al PP.  Que aun así el PP y el PSOE conserven una más que notable cantidad de votos, muy por encima de los emergentes, indica el reconocimiento por las décadas de progreso que han protagonizado. En cierto modo, PSOE y PP viven de las rentas.

En esta ocasión hay otro factor que ha contribuido a la bajada del PP: la corrupción. A estas alturas debería estar claro que una cosa es la corrupción y otra la campaña que se monta en torno a la corrupción. Ésta,  es decir, la extensión urbi et orbi de la acusación de corrupción y la exageración de los casos a fin de desgastar al partido en el poder, fue inventada por el PP para acabar con el Gobierno de Felipe González. Ahora cae víctima de este arma en manos de los emergentes.

En síntesis, si queremos analizar las razones del cambio (aparición de nuevos actores en el escenario político) hay que buscar en la crisis económica y los cambios sociales que ha producido. Aquí hay una gran diferencia con intentos anteriores de crear nuevos partidos. Coincido con los que dicen (el último ha sido Larry Summers) que la crisis en España no ha acabado. Por eso es posible que los nuevos partidos hayan venido para quedarse.

A partir de aquí abundan los interrogantes y escasean las certezas. Conviene, pues, analizar las fortalezas y debilidades de las distintas fuerzas políticas, tratando de adivinar por donde caminará la dinámica política.

El PP ha perdido uno de cada cuatro votos municipales y uno de cada tres votos autonómicos, justificando sobradamente el análisis de Rita Barberá (“¡qué hostia, qué hostia!”). Sin embargo, sigue siendo la fuerza más votada lo cual no es poca cosa de cara a las generales, que, razonablemente, aspiran a ganar. Una gran parte del electorado perdido está, por ahora, en la abstención, algo que le pasó también al PSOE en el 2011. Digo por ahora, porque es posible que Ciudadanos termine por captarlo, al menos esa es su apuesta. Para movilizar a sus abstencionistas ya han empezado a agitar el fantasma del riesgo de que venga Podemos. Es decir, al PP le conviene plantear las próximas elecciones como una elección entre el PP y Podemos, lo cual, dicho sea de paso, también le conviene a Podemos. ¿Lo conseguirán? Lo dudo porque los barones regionales han abierto la crisis en el PP. Una crisis que Rajoy ha intentado que no se produjera, siguiendo el sabio consejo de la santa: en tiempos de tribulación no hacer mudanza. Una crisis de incierto desenlace, pues cualquier cambio que haga (cambios en el Gobierno o la cúpula del partido) siempre se considerará insuficiente y solo servirá para pedir más cabezas.  Por lo demás, el PP a estas alturas ni puede ni quiere cambiar de política económica ni tampoco tiene manera de que acabe la campaña sobre la corrupción. Por tanto, estas elecciones a las que, en principio, se presenta como la fuerza más votada en las últimas elecciones celebradas y, por ende, con buenas perspectivas de ganarlas, se complican porque no van a cambiar los factores que determinaron su caída electoral y, además, porque la confusión parece reinar en este partido.

Con casi un 10 % de voto autonómico, Ciudadanos debuta en la arena nacional. Es una cifra relevante que le otorga una perspectiva de bisagra o complemento, pero no, desde luego, el de alternativa de gobierno. Es un partido en formación y crear un partido de cero no es tarea ni fácil ni corta. Es una incógnita si Ciudadanos puede seguir creciendo a costa del voto, actual o pasado, del PP. Resulta interesante ver que en paralelo a la aparición de Ciudadanos, VOX (el intento de romper el espacio del derecha por la extrema derecha) no prospera. Ciudadanos no quiere pactar con nadie (sobre todo con el PP) como demuestra el catálogo de condiciones que pone a su voto. Pero si, por activa o por pasiva, hace que la izquierda arrebate poder al PP puede traerle malas consecuencias. En definitiva está en una posición bien delicada.

En la izquierda, el PSOE, perdiendo 672.000 votos municipales (2,8 puntos) y 3,5 puntos de voto autonómico, continúa su declive. Sin embargo, al acortar la distancia con el PP (se queda a 2 puntos de voto municipal y a 5,5 puntos de voto autonómico) y al mejorar sus posibilidades de obtener gobiernos locales y regionales su líder puede sentirse suficientemente  respaldado para optar a la candidatura a  presidente del Gobierno. Pero el mayor suspiro de alivio se produce al ver que el PSOE saca casi 11 puntos de voto autonómico a Podemos, lo cual permite hacer el discurso de que es el PSOE quien puede liderar el cambio de Gobierno, es decir, asistiremos a una campaña de voto útil de la izquierda.

Sin embargo, en varias grandes ciudades, el PSOE se ha convertido en  tercera fuerza política lo cual hace que el voto útil se le vuelva en contra. El declive del PSOE es mucho más pronunciado en las grandes ciudades, lo cual refuerza la idea de ser una fuerza en franco retroceso. No obstante, en estas elecciones el PSOE tiene una oportunidad de dar la vuelta a esta circunstancia. Por tanto, para el PSOE las elecciones generales serán de una enorme importancia, seguramente, las más importantes de su historia reciente.

Podemos es, sin duda, el gran triunfador de las elecciones del 24M. En estas elecciones Podemos ha realizado una doble experiencia. En autonómicas ha concurrido con sus siglas y ha cosechado un 14,2 % en promedio, cifra excelente para un debutante. En las municipales ha apoyado plataformas de diversa composición y denominación, lo cual hace incalculable su voto en estas elecciones. Pero importa sobre todo el aspecto cualitativo. Así, en Madrid, donde Podemos logra un  buen 18,5 % de voto autonómico con su mera sigla, la candidatura de Ahora Madrid  se dispara hasta el 31,9 %. Lo verdaderamente espectacular es que Podemos alcance, a la primera, la alcaldía de Madrid. Otras candidaturas optan también a las alcaldías de Barcelona, Valencia, Coruña, etc.

Los líderes de Podemos se han fijado como objetivo llegar a la Moncloa en las elecciones generales próximas. No parece fácil a la luz del voto autonómico. Para subir este listón, Podemos puede concurrir en plataformas plurales que permitan sumar partidos como Compromis, o IU, así como a independientes, movimientos sociales etc. Pero parece que Iglesias plantea como condición sine qua non concurrir con la sigla Podemos, seguramente pensando que una plataforma amplia y plural es ingobernable. Este debate no ha hecho más que empezar.

Sea como fuere, con Podemos irrumpe en la escena política una nueva izquierda. Desde hace casi un siglo, la izquierda en Europa ha estado formada por socialistas y comunistas (y anarquistas hasta la II Guerra Mundial). El comunismo ha desaparecido o ha quedado reducido a una presencia marginal. La socialdemocracia está en declive, con algunos países (Grecia, Italia, etc.) donde su presencia es muy reducida. ¿Será Podemos la izquierda que sustituya a la vieja izquierda comunista y socialista? Pienso que en los líderes de Podemos hay la idea de que pueden ocupar el espacio político y el papel que ha jugado el PSOE. ¿Veremos emerger una nueva formación política sucesora de la socialdemocracia? En lo inmediato, más que ganar al PP, Podemos busca ganar al PSOE y eso va guiar los pactos. Aunque formalmente Podemos diga que su objetivo es desalojar al PP de todas partes, en la práctica procurará que el PSOE no se fortalezca.

IU pierde un tercio de su voto autonómico y sale de la mitad de los parlamentos donde estaba. Sus líderes pueden alegar que han resistido el tsunami de Podemos, pero su posición en el tablero político ha quedado seriamente afectada, más de los que dicen los datos, con una perspectiva muy mala de cara a las próximas generales. La crisis que se desarrolla en su interior es de carácter existencial. Unirse a Podemos es la opción que algunos defienden aunque Podemos no se lo pone fácil, pensando, seguramente, que, antes o después, entrarán individualmente, como ya viene pasando. La alternativa es terminar siendo una fuerza marginal.

Las elecciones del 24M son, sin duda, un giro a la izquierda del mapa político. La mala noticia es que la izquierda está más dividida que nunca. Ahora tocaría hacer un pacto de izquierdas no tanto para desalojar al PP de los gobiernos como para poner a los ayuntamientos y a las CCAA a trabajar contra la crisis. Porque la principal lectura política de estas elecciones es el rechazo a las políticas de austeridad: eso es lo que expresan los resultados de Madrid, Barcelona, y otras grandes ciudades. La cuestión ahora es si la izquierda en su conjunto es capaz de formular una política económica alternativa viable y si las elecciones generales dan un gobierno que la lleve adelante.

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