sábado 30.05.2020

Las elecciones generales y la cuestión catalana

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Los dos partidos independentistas han alcanzado el 36,6 % de los votos, muy lejos de la mayoría. Una vez, más los independentistas han comprobado que no pueden hablar en nombre del pueblo de Cataluña

La cuestión catalana es el problema más importante que encara la democracia española, aunque no es uno de los que más preocupan a los ciudadanos. Como era de esperar ha sido uno de los asuntos más debatidos en la campaña electoral que hemos vivido. Y algunas cosas se desprenden del resultado electoral, teniendo en cuenta las propuestas que los partidos políticos han puesto a la consideración de los ciudadanos. Conviene detenerse en describir el estado de la cuestión.

Según algunos de los políticos catalanes, que han publicado relatos sobre el “procés”,  el origen de éste se sitúa en el cerco al Parlamento de Cataluña, un movimiento coetáneo al 15M. Los indignados catalanes cercaron el Parlamento, tratando de impedir la votación presupuestaria. El Presidente Mas tuvo que llegar en helicóptero y varios diputados fueron agredidos e insultados por los manifestantes, que, a su vez fueron disueltos por los mossos con notable contundencia. A raíz de aquello, Mas comprendió que, si no hacía nada por evitarlo, la crisis en general y los recortes en particular le pasarían una pesada factura. Para eludir el castigo, no se le ocurrió mejor idea que anunciar un proceso que lideraría él y conduciría a la independencia que sería fácil, pacífica y sin ningún coste. Lo único que los catalanes tenían que hacer para alcanzar esa maravilla era votarle a él, que se presentaba como el Moisés que conduciría a su pueblo a la tierra prometida. De ese modo, las elecciones autonómicas de 2015 que amenazaban con girar en torno a los recortes y a la gestión de la crisis, giraron en torno a la independencia. Mas promovió una candidatura, Junts pel Si, formada por CDC y ERC con lo cual eludía el peligro de comparecer en solitario con las siglas del  partido del 3% y de los recortes. Y así, Mas, el villano de los recortes, se convirtió en Mas, el líder de la independencia. Un cambio de tercio más que notable.

La estrategia funcionó, aunque no del todo. Funcionó porque JxC ganó las elecciones, pero no del todo porque Mas se vio desalojado de la Presidencia por exigencia de la CUP. El punto que interesa es que el “procés” fue diseñado como una operación electoral. A raíz de lo que han escrito algunos protagonistas, ninguno de sus promotores creía que el “procés” desembocaría en la independencia de Cataluña. Pero las asociaciones, ANC y OC, a las que se encargó la tarea de agitación y propaganda, convencieron a una masa importante de ciudadanos que la cosa iba en serio. Desconfiando, no sin razón, de los políticos independentistas, se aplicaron a presionarlos para que llevaran el “procés” adelante. En ese marco, entre Puigdemont y Junqueras ha venido funcionando un juego parecido al juego del gallina. Como se sabe, éste consiste en una carrera de dos coches, enfilados hacia un precipicio. Pierde el primero que se tira del coche. A eso responde el episodio de la declaración de independencia, algo que no estaba previsto, ni, probablemente, nadie deseara. Y en esa siguen, en una competencia feroz por captar el voto independentista.

Lo malo es que los jueces sí que se tomaron en la cosa en serio y han sentado en banquillo a los principales dirigentes del “procés”, incluidos los líderes de ANC y OC, los verdaderos impulsores del mismo. El juicio es el marco en que se han desarrollado estas elecciones, que los independentistas presentan como un ataque a la libertad de expresión, como si la declaración de independencia fuese una mera opinión de un grupo de ciudadanos sin mayor trascendencia.

En las generales, el independentismo ha sacado 4 puntos más que en 2016 y 5 diputados más. Es probable que este resultado se base en haber focalizado la campaña en torno a los presos, una causa muy popular en Cataluña; pero creo que también ha pesado la amenaza de las tres derechas de que, caso de ganar, suspenderían el autogobierno catalán. Esa amenaza seguro que tiene que ver, también, con los malos resultados de Ciudadanos y PP en Cataluña. Este partido, en concreto, está al borde de perder su representación en Cataluña (un escaño tan solo), lo cual es un desastre en toda regla. En todo caso, una primera lectura del resultado de las elecciones en Cataluña es que el independentismo no mengua y esta es la razón de que los independentistas se sientan satisfechos del resultado. En particular, ERC que, por primera vez gana y, por primera vez, su grupo será más importante en las Cortes que el de los antiguos convergentes. Por primera vez del el 77, éstos pierden la capacidad de influir en la política española. Veremos si los resultados municipales confirman el declive pero no hay que descartar que el viejo partido, hoy en manos de un aventurero, termine por desaparecer. Ese puede ser uno de los frutos del “procés”. Todo un éxito para Mas.

Los dos partidos independentistas han alcanzado el 36,6 % de los votos, muy lejos de la mayoría. Una vez, más los independentistas han comprobado que no pueden hablar en nombre del pueblo de Cataluña. En ninguna elección han superado ese listón y esa es la primera y principal razón del fracaso de la secesión. Parece que ERC da pasos para reconocerlo y bueno sería que lo hiciera.

Los electores eligen diputados. No hay ningún mandato de las urnas sobre esta o aquella cuestión, como de un modo absurdo defienden los independentistas. No obstante las distintas alternativas que los partidos han sometido a las urnas en relación al conflicto de Cataluña pueden medirse por su posible peso en las actuales Cortes, según lo que los partidos han venido defendiendo en campaña. De modo que:

  1. La opción de convocar un referéndum de autodeterminación podría tener el apoyo de hasta un máximo de 75 diputados, es decir, el 21 % del Congreso. Pero, lo que es más importante, tiene el rechazo expreso de casi el 80 % del Congreso. Lo cual quiere decir que la propuesta de un referéndum de autodeterminación no tiene ninguna posibilidad de prosperar. Importa destacar que, además de razones legales, hay una razón democrática de fondo: la que otorga el 80% de los miembros del Congreso.
  2. La opción de aplicar el artículo 155 de una forma inmediata podría reunir el apoyo de hasta 152 diputados, es decir, el 43% de la Cámara. Claramente insuficiente para llevarse a cabo. Eso sin contar con que en el Senado, que es la Cámara que debe decidir en este caso, los partidarios de la aplicación inmediata del 155 apenas llegan al 30 %. Las derechas deberían reflexionar y avenirse a hablar con el PSOE sobre una política respecto de Cataluña que sea, primero, viable y segundo útil, incluso para ellos mismos. Pero la inteligencia política no es el fuerte de la derecha patria.
  3. La opción de un dialogo dentro de la Constitución podría tener el apoyo de unos 172 diputados, que representan el 49 %. Es sin duda la que concitaría mayores apoyos, pero un problema de esta naturaleza necesita un consenso más amplio. Y, aun así, hay un matiz: UP debería apearse de la idea del referéndum de autodeterminación para hacer más consistente el diálogo. Porque el diálogo, como ha dicho Sánchez, implica líneas rojas: ni autodeterminación ni independencia.

Finalmente, no todo ha de ser diálogo. ERC aspira, legítimamente, a ampliar el espacio del independentismo en Cataluña. Las fuerzas políticas democráticas deben aspiran a reducirlo. Esta es una tarea que no incumbe solo a los partidos. Un papel importante lo tienen los empresarios, los medios de comunicación y otros sectores sociales. Y hay que ser conscientes de que esta será una tarea larga para la que no caben exigir resultado de inmediato

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