#TEMP
martes 24/5/22

Cataluña. ¿Y ahora qué?

Con un 40% de los votos (un 48% si se añaden las CUT), la lista del JPS debería asumir que no han convencido a la mayoría de electores.

Lo primero que hay que destacar de las elecciones del 27S es que a ellas concurrían varias formaciones que, por primera vez, llevaban en su programa la secesión de Cataluña. Aunque algunos parecen sorprendidos por ello, perece lógico que una cuestión de este calado haya polarizado toda la campaña electoral. Nótese que no hablamos ya de la independencia como un horizonte a lograr en un cierto tiempo ni siquiera sobre el llamado “derecho a decidir”. Lo que los independentistas han puesto sobre la mesa es lisa y llanamente la secesión inmediata y eso ha hecho que las demás cuestiones políticas, económicas y sociales hayan pasado a segundo plano. Esto, además, respondía al interés de Mas consistente en no hablar de paro, de sanidad o de educación, en definitiva que no se juzgara su gestión, verdaderamente desastrosa. Viendo la campaña, es evidente que el plan de Mas ha funcionado.

Y como en el Parlamento de Cataluña habrá una mayoría absoluta de diputados secesionistas la crisis política y el conflicto están servidos. Una crisis en el seno de la sociedad catalana, que hoy aparece profundamente dividida (y que mañana puede dar lugar a enfrentamientos) y un conflicto entre las instituciones catalanas y españolas. Me parece que esto es lo primero a destacar del resultado de ayer porque de ello ha de ocuparse un Gobierno español al que le quedan pocos meses de ejercicio del poder. En lo que pueda valer como anticipo del resultado de las generales, el resultado catalán abunda en la idea de incertidumbre e inestabilidad en la política española, algo que deben haber calculado los independentistas catalanes al lanzar su hoja de ruta.

La confrontación, sin embargo, no es inevitable. Con un 40% de los votos (un 48% si se añaden las CUT), la lista del JPS deberían asumir que no han convencido a la mayoría de los electores y, menos aún, a la mayoría de los ciudadanos, por no hablar de las mayorías reforzadas que se han exigido en algunos procesos independentistas.  En estas circunstancias lo sensato sería no intentar poner en marcha la secesión y contemplar el resultado como un gran paso adelante en su camino, tratando de ampliar sus apoyos en futuras elecciones. Sin embargo, las primeras reacciones de sus líderes no han ido, precisamente, en esa dirección. Antes al contrario se han apresurado a hablar del mandato de las urnas a favor de la secesión ya. Pero no es eso lo que han dicho las urnas o, por lo menos, no esa la conclusión que deberían sacar los que han convocado unas elecciones que ellos han declarado plebiscitarias. No es muy honesto plantear que las elecciones autonómicas se conviertan en un plebiscito y luego, visto el resultado, no hacer caso a los votos, sino tan solo a los diputados, como si solo fueran unas autonómicas más.

Mas convocó estas elecciones anticipadas reclamando para su lista del JPS una mayoría suficiente para llevar adelante el proceso secesionista en los términos propuestos por él y bajo su dirección. Los 62 escaños obtenidos le dan la mayoría pero no una mayoría suficiente. Por eso y porque esos escaños son claramente menos de los que tenían CiU y ERC puede decirse que Mas no ha alcanzado su objetivo. Para lograr la mayoría absoluta necesita a las CUT, pero estas, siendo también partidarias de la secesión,  difieren del proceso contenido en la hoja de ruta de JPS y también de quién lo debe pilotar. Así pues, para completar la mayoría suficiente, JPS y las CUT deben ponerse de acuerdo en cómo sería el proceso de secesión y en quién lo va a pilotar, amén de algunos aspectos del programa de gobierno. Y como la alternativa al acuerdo es la convocatoria de nuevas elecciones, algo que ni a JPS ni a las CUT les conviene, lo probable será el acuerdo, el que sea, sin descartar que la cabeza de Mas caiga en la negociación. En resumen, bien puede ocurrir que ni el proceso secesionista que salga del acuerdo ni el Presidente de la Generalidad sean los que pretendían quienes han ganado las elecciones, es decir, puede que el acuerdo sea bien distinto al “mandato de las urnas”.

En todo caso, lo importante es que el acuerdo JPS y CUT (si se produce) no da garantía de estabilidad ni de gobernabilidad en Cataluña. Y de esto debe ocuparse el Gobierno español que tiene que gobernar para todos, incluidos los ciudadanos catalanes. En lo inmediato, el Gobierno español (este y el que venga) deben rechazar de plano la secesión y, de paso, renunciar a hacer campaña electoral con esta cuestión, algo que deberían compartir todos los partidos con posibilidades de gobierno para alejar cualquier especulación de los secesionistas. Pero eso solo no basta. Además, hay que preocuparse de que el ya famoso proceso perjudique lo menos posible a Cataluña y, en particular, a su economía. Un famoso empresario catalán aseguraba hace poco que muchos empresarios catalanes tienen ya un plan B por si acaso en Cataluña se produce algo parecido a lo que ha pasado en Grecia con el corralito.

No se olvide que la Generalidad, que no puede acceder a los mercados para financiarse, depende del Gobierno de España para su financiación. En esto el Gobierno de España tendrá un buen dilema: seguir apoyando financieramente a la Generalidad será apoyar la secesión. Pero no hacerlo será pegarse un tiro en el pie porque el default de Cataluña sería fatal para las cuentas del Reino de España.

En el medio plazo, hay que insistir en una reforma constitucional de corte federal. Sin embargo, con la secesión en marcha, no tendrá mucho sentido intentarlo, entre otras cosas porque no habrá interlocución en la Generalidad para ello. No obstante, se trata de ir trabajando en crear consensos para cuando las circunstancias permitan avanzar.  Y de todos modos hay que ganar apoyos para esa idea en Cataluña y fuera de Cataluña. Hoy por hoy, debemos reconocerlo, la idea de la reforma constitucional tiene pocos apoyos.

Para una segunda entrega, comentaré el resultado de los partidos y la perspectiva de cara a las generales próximas.

Cataluña. ¿Y ahora qué?