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La vigorexia: un trastorno psicológico de nuestra época

José María Manzano Callejo | 08 de septiembre de 2020

Comenzaré refiriendo algunos apuntes mitológicos: El rey de Chipre, Cíniras, tenía una hija llamada Esmirna, a quien la cólera de Afrodita (la diosa del amor), impulsó a desear un incesto con su padre. Cencreis, madre de Esmirna, había ofendido a la diosa Afrodita, al pretender que su hija era más hermosa que ella. La diosa se vengó, haciendo que Esmirna se enamorara de su padre. Al comprender el carácter incestuoso de su pasión, trató de ahorcarse, pero intervino su nodriza Hipólita, aconsejándola que diese satisfacción a su amor aprovechando que ella lo había emborrachado. Esmirna disfrazada se introdujo en el lecho de su padre, durante la ausencia de su madre, uniéndose con él durante doce noches; pero la duodécima, el padre se dio cuenta de la estratagema de su hija, y tomando su espada, la persiguió, para darle muerte. Humillada y avergonzada, consumado ya el incesto, fue a ocultarse al bosque, donde la diosa Afrodita apiadándose de su victima la convirtió en árbol : el árbol de mirra o arrayán. Su padre la alcanzó y cortó en dos mitades el árbol con su espada. De ahí salió el infante Adonis. Posteriormente Cíniras se suicidó al saberse padre y abuelo de Adonis. La diosa Afrodita enternecida por la belleza de Adonis, lo ocultó en un cofre y se lo confío en secreto a Perséfone para que lo ocultara. Pero ésta prendada también de la belleza del niño se negó a devolverlo a Afrodita, teniendo que intervenir Zeus, dictando que estaría un tercio con cada diosa y otro tercio donde a él le apeteciera. Puede reconocerse el símbolo de la vegetación en este niño nacido de un árbol, que pasa un tercio del año bajo tierra y el resto se remonta a la luz para unirse a la diosa de la primavera y del amor. 

La vigorexia o complejo de Adonis, es una forma de trastorno dismórfico corporal, en el que el individuo manifiesta una preocupación patológica por conseguir un cuerpo musculado. Este trastorno fue descrito por el psiquiatra estadounidense G. Pope en 1993, denominándolo vigorexia o complejo de Adonis, en referencia al personaje de la mitología griega del mismo nombre. Adonis es el paradigma de la belleza masculina, de quien se prendó Afrodita al verlo dormir desnudo, tal como ya se ha comentado. Es un desorden emocional que se caracteriza por una obsesión enfermiza por ganar masa muscular que afecta principalmente a varones jóvenes, pero que también lo pueden sufrir las mujeres. Lo padecen aproximadamente el 10% de los individuos que practican culturismo, y dada la actual excesiva preocupación por el cuerpo, es posible que en esta población de riesgo se dispare este trastorno. Los afectados ven su cuerpo poco desarrollado, enclenque, por lo que acuden asiduamente al gimnasio, se observan frecuentemente al espejo y llevan un control estricto tanto de su peso como del perímetro de sus bíceps y torso. Uno de los principales síntomas de la vigorexia es un programa persistente de duro entrenamiento que se centra en el levantamiento de pesas con el objetivo de agrandar los músculos. Los pacientes entrenan con dolor y lesiones, abandonan el trabajo y las obligaciones familiares para entrenar, y se obsesionan cuando no están en el gimnasio. Cuando el constante ejercicio hace el efecto esperado (crecimiento de la masa muscular) quienes sufren de vigorexia no lo ven así, creen que siguen débiles, por lo que recurren entonces a una alimentación rica en proteínas y carbohidratos, prescinden de las grasas y, en algunos casos, llegan a consumir hormona del crecimiento, esteroides y anabolizantes. Las personas con dismorfia muscular (así llamado también este trastorno), tienden a ser muy cuidadosas sobre sus dietas, ya que quieren desarrollar sus cuerpos lo más rápidamente posible, y ellos también quieren eliminar la grasa corporal, el objetivo es por tanto tener un cuerpo delgado, muy musculoso. Los vigoréxicos, son personas inmaduras por su excesiva dedicación al cuerpo, con baja autoestima, introvertidos, que se caracterizan por miradas continuas en el espejo. Estas personas observan con frecuencia su peso, se obsesionan por hacer esfuerzos físicos y tienen rasgos alterados de su personalidad. También sufren de una autoimagen distorsionada, no se integran del todo en la sociedad, tienen una alta tendencia a la automedicación y modifican la dieta. Al igual que los pacientes de anorexia, ven sus cuerpos como imperfectos, y por lo tanto no quieren exponerse al juicio de los demás. Algunos vigoréxicos pueden desarrollar desórdenes alimenticios como la bulimia, en un intento de controlar su dieta. Muchos de ellos también no acuden a las comidas con familiares y amigos, porque quieren tener un control total sobre lo que comen. Hay algunos factores posibles de riesgo que contribuyen a este trastorno: la intimidación y burlas durante el período escolar en niños muy delgados, la falta de armonía de la familia, el perfeccionismo, la tensión severa, el enfoque estético y la influencia negativa de la cultura de masas que promueve un cuerpo idealizado. Por último, es posible que el entrenamiento obsesivo con pesas pueda conducir a la dismorfia muscular. Puede ser por dos reforzadores psicobiológicos: el efecto de las endorfinas liberadas al tiempo de tener una dura sesión de ejercicios y también la admiración que se obtiene de los demás después de hacer ejercicio. Como la mayoría de los trastornos, no hay una sola causa que determina si alguien tiene o no vigorexia, sino más bien una combinación de factores y una mirada a sus entornos y relaciones del pasado. Algunos de los problemas que pueden surgir como consecuencia de la vigorexia son: Músculos, articulaciones y tendones dañados, no aceptación de sí mismos, dificultades en las relaciones interpersonales, interferencia con el trabajo o los estudios, incapacidad para relajarse, depresión y efectos peligrosos en su organismo por el uso de los esteroides y otras drogas de culturismo.

Para finalizar una reflexión de Henry F. Amiel escritor suizo del siglo XIX, “mira dos veces para ver lo justo, no mires más que una vez para ver lo bello”. No es mal consejo para los [email protected] vigoré[email protected]

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