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El verdadero patriotismo no es colocar banderas en los balcones

Cándido Marquesán Millán | Profesor de Secundaria. Zaragoza

Nuevatribuna | 14 de octubre de 2017

Cuando se apunta a reafirmar lo propio, como el envolverte en tu bandera, en general se dispara contra lo ajeno

Al retornar a mi ciudad, Zaragoza, tras haber estado el fin de semana del 1-O en Cataluña, me vi sorprendido por una extraordinaria manifestación de banderas rojigualdas en muchos balcones, sobre todo en las calles del centro, donde reside la gente de más nivel económico. Cada cual es libre de colocar en sus balcones, lo que le parezca oportuno. Mas, tal explosión repentina de banderas, motivada por iniciativa por el Partido Popular y explicada por alguno de mis vecinos como una muestra  de su profundo patriotismo español, tiene un carácter reactivo contra otro tipo de banderas las “esteladas”, como si fuera una guerra, cuyo desenlace  dependiera  de quién coloca más banderas. No creo que sea el medio más adecuado para resolver el problema de Cataluña. Todavía más, me parece incluso contraproducente. Pienso que para lo que servirá será para incendiar más las relaciones y trazar líneas de fractura entre Cataluña y el resto de España. Porque es claro que cuando se apunta a reafirmar lo propio, como el envolverte en tu bandera, en general se dispara contra lo ajeno, lo que suele derivar en un conjunto de descalificaciones dirigidas al otro.  Y de ahí, surgen  temores, fácilmente transformados en odios. Situación perversa que se extiende inexorablemente en la sociedad española de aquí y de allá, sin que la clase política ni los medios de comunicación hagan nada para corregirla. Muy al contrario, cada vez la incrementan. Los políticos es tan evidente su desvergüenza en este aspecto, que no merece la pena detenerse más. En cuanto a los medios de comunicación fomentan obscenamente el prejuicio nacional de sus audiencias.

Este patriotismo, basado exclusivamente en la bandera es  de cartón piedra. Ser patriota es mucho más. A todos estos «patriotas», de las banderas, los de aquí y de allá, les dedico las líneas siguientes.

En el artículo El sentido olvidado del patriotismo republicano Maurizio Viroli hace un recorrido histórico para definir tal concepto de patriotismo. Para los teóricos republicanos clásicos, y sobre todo para los romanos, el amor de la patria es una pasión. Se trata de un amor generoso y compasivo por la República y por sus ciudadanos. Para el escolástico, Tolomeo de Lucca: «Amor patriae in radice charitatis fundatur». Esto es, «el amor a la patria encuentra su fundamento en la raíz de la caridad que antepone, no las cosas privadas a las comunes, sino lo que es común a lo privado». Para el dominico Remigio de Girolami, el amor a la patria se trata del afecto por una República particular y por unos ciudadanos particulares, que nos son queridos, porque compartimos con ellos cosas importantes: las leyes, la libertad, el foro, las plazas públicas, los amigos, los enemigos, la memoria de las victorias y de las derrotas, las esperanzas, los miedos. Es una pasión que crece entre ciudadanos iguales y no el resultado del consentimiento racional otorgado a los principios políticos de la República en general. Puesto que es una pasión, se traduce en acción, y de forma más precisa, en actos de servicio al bien común. Debe tenerse en cuenta que para los teóricos republicanos la caritas reipublicae es una pasión revitalizadora, que impele a los ciudadanos a ejercer los deberes de la ciudadanía y que proporciona a los gobernantes la fuerza precisa para acometer las duras tareas necesarias para la defensa, o la institución, de la libertad.

En la Encyclopédie leemos que Patrie, no significa el lugar en el que hemos nacido, como cree la concepción vulgar. Por el contrario, significa «estado libre» del que somos miembros y cuyas leyes protegen nuestra libertad y nuestra felicidad. Para el autor de la entrada, el término patrie es sinónimo de república y libertad, como lo era para Maquiavelo y para los escritores políticos republicanos.

En el libro Diálogo en torno a la República que intervienen Norberto Bobbio y Maurizio Viroli, este último nos hace una definición breve pero preciosa, toda una lección de Educación para la Ciudadanía, de la virtud cívica, que es el verdadero significado del ideal republicano del amor a la patria. No la voluntad de inmolarse por la patria. Es una virtud para quienes quieren vivir con dignidad y, sabiendo que no se puede vivir dignamente en una comunidad corrupta, hacen lo que pueden y cuando pueden para servir a la libertad común; ejercen su profesión a conciencia, sin obtener ventajas ilícitas ni aprovecharse de la necesidad o de la debilidad de los demás; su vida familiar se basa en el respeto mutuo, de modo que su casa se parece más a una pequeña República que a una Monarquía o a una congregación de desconocidos unida por el interés o la televisión; cumplen con sus deberes cívicos, pero no son dóciles; son capaces de movilizarse con el fin de impedir que se apruebe una ley injusta o presionar a los gobernantes para que afronten los problemas de interés común; participan en asociaciones diferentes; siguen los acontecimientos de la política nacional e internacional; quieren comprender y no ser guiados o adoctrinados, y desean conocer y discutir la historia de la República, así como reflexionar sobre la memoria histórica.

En otros predomina un deseo estético de decencia y decoro; aún otros se mueven por intereses legítimos: desean calles seguras, parques agradables, plazas bien mantenidas, monumentos respetados, escuelas serias y hospitales de calidad. Algunos se comprometen porque quieren ser valorados y aspiran a recibir honores, sentarse en la mesa de la presidencia, hablar en público y colocarse en primera fila en las ceremonias. En muchos casos los motivos actúan juntos, reforzándose unos a otros. Esta virtud cívica no es imposible, y todos conocemos personas que responden a esta descripción del ciudadano con sentido de responsabilidad cívica y que sólo hacen el bien a la comunidad y a sí mismos.

El verdadero patriotismo es querer lo mejor para sus conciudadanos: las mejores escuelas, los mejores hospitales, las mejores carreteras, los mejores centros de atención para los mayores, etc. Y eso se consigue fundamentalmente pagando cada cual religiosamente sus impuestos al Estado, en lugar, como hacen algunos “patriotas” que defraudan a Hacienda, practicando la elusión o evasión fiscal. De estos proliferan por doquier en esta España nuestra. El verdadero patriotismo, no es colgar banderas en sus balcones o envolverse en ellas besándolas con fruición, el entonar el himno nacional, el festejar la fiesta del 12 de octubre, el de la fiesta nacional; el presenciar desfiles militares, encabezados por la Legión, precedida de su mascota “la cabra”; descorchar botellas de champán, no de cava, con cada triunfo de la “Roja”. Ser patriota de verdad, es otra cosa muy diferente, tal como he explicado en las líneas precedentes.

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