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¡Urge un debate sobre las migraciones!

Mohamed Haidour |

Mohamed Haidour | 09 de julio de 2020

Al Sr. José Manuel García Margallo le tenía por un político acompasado y con grandes dosis de prudencia, características que le han sido muy útiles al frente de Exteriores en el gobierno de Rajoy. A pesar de su soterrado duelo con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que llevó con mesura y  socarronería hasta la capitulación final, en términos generales, su labor fue satisfactoria.

Hace unos días,  hizo unas declaraciones sobre inmigración y las relaciones entre España y Marruecos en un insólito medio “En Cerrados”, que emite desde Melilla, pero sólo a través de las redes (YouTube, Facebook y Twitter). En dichas declaraciones viene a decir que Marruecos instiga a la inmigración irregular para luego extorsionar o chantajear a España. Las acusaciones vertidas son graves, y su gravedad reside precisamente en quien la ha proferido. Considerando el medio, cabe la posibilidad de que pensara que no tendría repercusión más allá de su propio regocijo. También cabe la posibilidad de que participe de la estrategia del Partido Popular de no escatimar  ningún esfuerzo para erosionar al gobierno de España, aunque sea a costa de tirar piedras contra su propio tejado, como lo ha hecho en la Unión Europea, presentando estrambóticos  informes para condicionar cualquier ayuda a la crisis sanitaria y económica sobrevenida por la pandemia. Esta hipótesis quedó  corroborada por el  plante del PP a la Comisión de Reconstrucción Social y Económica.



Mark Twain, dijo: “conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”. Las circunstancias hicieron coincidir las declaraciones del Sr. Margallo con la publicación de un exhaustivo informe de la Fundación PorCausa y la Universidad Carlos III sobre la inmigración en España. En él, se destaca como elemento clave los espacios de acceso de los inmigrantes indocumentados a la península, donde tres de cada cuatro lo hacen a través de los aeropuertos, particularmente desde el Adolfo Suarez (Madrid) y El Prat (Barcelona). Los que entran utilizando las pateras a través de El Estrecho no llegan al 10%. Lo  cierto  es que los inmigrantes que utilizan las pateras son el estrato más pobre dentro de los más necesitados, aquellos que no encuentran otra alternativa que esa  vía. Son rutas llenas de peligros de todo tipo, y en la mayoría de los casos, tardan incluso años en llegar al Estrecho, donde en más de una ocasión acaban en tragedia, como hemos constatado multitud de veces.

En resumen, si a alguien le han sorprendido esos datos, a mí no, de hecho, en este mismo espacio a menudo lo he mencionado y comentado. Lo que sí me sigue sorprendiendo es la fijación de muchos medios y organizaciones de la sociedad civil sobre esas llegadas a través del Estrecho,  obviando los verdaderos coladeros por donde accede el grueso de quienes buscan o desean entrar a España. También en este mismo espacio, hemos denunciado, y lo seguiremos haciendo, el denigrante trato a los inmigrantes en los dos lados de la frontera sur, rechazando categóricamente  las concertinas y las devoluciones en caliente, porque indudablemente, la preservación de la dignidad humana es, más allá de cualquier otra consideración, un derecho adherido a las personas como tales.

La utilización del hecho migratorio es una práctica recurrente y un tema muy manoseado por reaccionarios y populistas, y hasta por algún que otro despechado, porque siempre ha sido fácil buscar cabezas de turco en vez de abordar cuestiones como la convivencia, la integración y el reconocimiento a la aportación y el valor añadido de la inmigración. Sin embargo, pienso que este momento es muy propicio en España para debatir sobre las migraciones por varios motivos:  por un lado, el último informe del Defensor del Pueblo aportó elementos oportunos para la reflexión, como la aportación económica, la España vaciada, el rejuvenecimiento de la pirámide demográfica  y el papel de las mujeres migrantes durante la anterior crisis; por otro, el reciente informe de PorCausa y la Universidad Carlos III intenta ubicar el debate sobre las migraciones desde parámetros más realistas que se alejan del sensacionalismo y la tergiversación; y por último, al  gobierno de coalición progresista se le supone una mayor sensibilidad con los asuntos que afectan a los colectivos más vulnerables. De hecho, son varios los indicadores en forma de iniciativas legislativas llevadas a cabo por el actual  ejecutivo, que dejan abiertas las expectativas ante el necesario debate sobre las migraciones. Los importantes acuerdos conseguidos a través del diálogo social tripartito hacen de ese marco el instrumento más idóneo para abordar dicho debate con la perspectiva de ampliarlo a los actores políticos y sociales, para aislar y acotar el margen de maniobra de los que utilizan a la inmigración sólo para sacar rédito político.

Son varios los aspectos relacionados con las migraciones que han salido a relucir últimamente, desde el informe del relator de Naciones Unidas a la regularización, pasando por la intensificación de las inspecciones laborales, llegando a las declaraciones de las organizaciones agrícolas Asaja y la Coag, además de los informes y estudios que analizan el fenómeno.  Sin embargo, sorprende la ausencia de reflexiones sobre el marco legislativo español en materia migratoria. Desde mi punto de vista, es un marco obsoleto porque consagra la discriminación entre los propios colectivos de inmigrantes,  fomentando la categorización por origen, y por lo tanto, no puede ser el referente para continuar  legislando sobre una base perversa desde sus principios.

No hace mucho, el órgano consultivo del gobierno español en emigración española en el mundo, se llamaba Consejo General de la Emigración. Ahora se denomina Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior. Ese cambio de denominación que pone énfasis en el concepto de ciudadanía, no surgió de la nada, sino que responde a una evolución de la percepción de la emigración como portadora de connotaciones negativas o arcaicas, para situarla en el lugar que le corresponde: un factor que contribuyó y contribuye a la construcción del estado moderno y avanzado en el que se ha convertido España en la actualidad. Dicho de otra manera, es un reconocimiento explícito al papel que ha jugado la emigración en el desarrollo económico -y sobre todo político- del estado español. La emigración española, y en particular el exilio, fueron claves en la conquista de la democracia y el estado de derecho a pesar del poco reconocimiento cosechado hasta el momento.

Desde esa perspectiva, España tiene suficiente bagaje histórico en la materia para ser un referente a nivel europeo en liderar propuestas  innovadoras que rompan con lo establecido,  sacando la inmigración de la ciénaga  de la seguridad y la lucha contra la delincuencia, cuando no del terrorismo, en la que la han encasillado y condenado.

Este gobierno tiene la obligación moral, y sobre todo una deuda histórica, con la aportación de la emigración española, que debe traducirse en una mayor y mejor implicación  con los nuevos ciudadanos que vienen a vivir, y sobre todo a trabajar, en España. Sería uno de los mejores tributos que se le puede rendir a la memoria de todas las personas trabajadoras y exiliadas que un día se vieron abocados a dejar su país y patria en busca de una vida mejor.

Reflexionar  sobre el hecho migratorio nunca fue tan necesario como ahora, lo es también para asociar a un aliado como es Portugal, otro histórico país emisor de la emigración, ahora que lo gobierna un ejecutivo con mucha sensibilidad  en la materia, y con iniciativas muy atrevidas en la aplicación de los dispositivos que facilitan el acceso al mercado de trabajo y sobre todo a la ciudadanía portuguesa.

En la otra orilla está Marruecos, un país, por más que diga el Sr. Margallo, es socio estratégico de España y por ende de Europa. Este año, y ya van siete años consecutivos, es el primer socio comercial y económico de España. Sería interesante seducirle con propuestas que le quiten el peso de la carga del gendarme de la frontera sur, ahora que se ha visto que no es tanta, para que parte de ese volumen de intercambio de mercancías y capitales se traduzca en un intercambio también de conocimientos, de las experiencias positivas y de la buena gobernabilidad.

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