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Tantear las sombras… Y las luces

Manuel Rico | 19 de febrero de 2018

Refugiados sirios sobre la nieve de Europa.
Refugiados sirios sobre la nieve de Europa.

Después de Auschwitz, la poesía fue posible pese a las dudas de Paul Celan. En Aquitectura del silencio, el nuevo libro de poemas de Alicia Aza, se proyecta una mirada, cargada de desolación y de denuncia, sobre ese y otros desastres colectivos.

No es frecuente encontrar libros en los que el poema, más allá de su función como objeto artístico o como cauce de emociones íntimas o de nuevos sentidos, aborda el pulso colectivo a partir de las sombras que gravitan sobre la civilización y sobre los valores humanistas y democráticos en que se asienta. También sobre sus luces y pliegues de esperanza. Alicia Aza (Madrid, 1966), poeta con  tres  libros publicados ente 2010 y 2014 se atreve con ello en su nuevo poemario, Arquitectura del silencio. El libro se sustenta en 13 poemas, todos construidos en endecasílabos blancos y de cierta extensión, que recorre la geografía de los grandes acontecimientos colectivos del siglo XX y de los que llevamos del siglo XXI. También momentos esperanzadores. Un objetivo ambicioso, poliédirico y valiente. Es muy alto el listón que Aza coloca a su proyecto. Y, por ello, poéticamente arriesgado.

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En el fondo, el libro es una suerte de recorrido por las más importantes grietas que en el último siglo ponen de relieve la fragilidad de nuestra civilización y la debilidad de las utopías que han marcado a varias generaciones. En la trastienda de las sociedades del bienestar o, tal y como las definiera Herbert Marcuse, "de la opulencia", hay trapos sucios, restos de antiguos naufragios, miedos, intolerancia, crueldad y, de manera muy especial, intereses económicos que determinan y condicionan el curso de la Historia. Así, el lector asiste, a media que avanza en los versos de  Arquitectura del silencio, a acontecimientos históricos que van de Auschwitz a la guerra del Vietnam, de la lucha por la dignidad bajo la dictadura de Franco a los fundamentalismos de todo signo expresados en hechos como el atentado terrorista contra las torres gemelas en  Nueva York, de la sima del estalinismo prolongándose en Tianamen, en Serbia y los Balcanes o en la Rumanía del último Ceaucescu, a la irracionalidad del terrorismo yihadista y su saldo de muertos en París/Bataclan, en Munich,  en Bruselas….  Sobre todo ello se levanta la extensa sombra del miedo, asoman los temores y los terrores de las víctimas, la piedad y la solidaridad del sujeto poético…. Y se alza la arquitectura del silencio, de todos los silencios. Un silencio metafórico que arraiga en la sociedad y que muchas veces es elusión de la realidad, otras es deformación o desinformación, otras es mentira  y huida. Y las más, desconcierto, perplejidad ante las sevicias que caben en el comportamiento humano y, sobre todo, en las decisiones de los poderes que lo conducen y determinan.  A veces, las menos, es la esperanza, quizá la salvación que asoma en la tímida luz de la mirada de un niño, o de los refugiados bajo la nieve de Europa, o el nacimiento de otras posibilidades de utopía tras la caída del Muro de Berlín.

129-arquitectura-del-silencioSon poemas donde la prevalencia de lo colectivo aparece filtrada por la experiencia personal, por la subjetividad que nace de lo vivido de manera más o menos próxima.  Poemas narrativos con un filo documental (los nombres propios —Ortega Lara, Milosevic, Tejero, Bin laden— y la toponimia del terror —World Trade Center, los Altos del Golán, Irak, Vitcong—  son referencia obligada que Aza utiliza con inteligencia y equilibrio)  que cobran intensidad lírica y altura emotiva cuando la poeta alude a los hechos colectivos con el tamiz del binomio intimidad/sentimiento por delante:  “Atrás quedó la niña y, sin embargo, / llevo una margarita en un bolsillo / Y sé que morirá como Hu Yaobang”. La poeta da cuenta de la deriva de un mundo deshumanizado en el que, sin embargo, la belleza no es del todo extirpada: la luna, el mar, la luz del sol, los atardeceres,  la sonrisa de los niños y los requerimientos del amor seguirán existiendo y aportando sus precarias dosis de alegría a un mundo radicalmente injusto: “Nacer donde es mejor estremecerse / ante la cercanía de la luna”.

Esa capacidad de sanación, o de consuelo, asoma en el único lugar donde Aza  parece encontrar huellas, indicios de esa posibilidad: en el arte, ya sea en la música (Mahler) , en la pintura (Leonardo y la sonrisa de la Dama de armiño, Dalí y La persistencia, el horror inconmensurable de El grito, de Munch), en la propia literatura (Lu Xun,  Rilke,  Kertesz, Manea…) o en la filosofía. Un libro valiente y, antes lo decía, arriesgado: si hablamos de poesía (que es de lo que se trata), quizá habría reforzado su sentido y su intensidad rebajando la vertiente más descriptiva  de algunos poemas y acentuando la mirada interior y las capacidades más reveladoras del lenguaje. Libro necesario que a nadie dejará indiferente.   

Alicia Aza / Arquitectura del silencio / Valparaíso Ediciones. Granada, 2017 / 73 pags.


En breve, también en el blog LA ESTANTERÍA, de Manuel Rico.

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