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Susana Díaz, la decadencia del socialismo andaluz

Juan Antonio Molina | Periodista y escritor

Nuevatribuna | 06 de Diciembre de 2018

El susanismo es un fariseazo envuelto en todos los complejos y banalidades de su lideresa

Decía Shakespeare que hereje no era el que ardía en la hoguera, hereje era el que la encendía. El Partido socialista parece que en Andalucía frente al susanismo actúa in partibus infidelium, lo cual supone una gravísima fractura cuyos elementos determinantes, sustantivos, no se compadecen con una disensión ideológica, ni de modelo de sociedad, ni estratégica, ni metafísica; no existe ningún enfrentamiento filosófico o ético, porque Susana Díaz, y que es lo verdaderamente grave, no tiene un proyecto político, nunca lo ha tenido, sino un proyecto de poder personal, que después de su fracasado asalto a Ferraz, se ha convertido con todo sectarismo en una religión de trinchera, que sólo atiende al caudillaje de Díaz y a la red clientelar que la sustenta a cambio de empleos, dádivas y canonjías.

Los malos resultados para Susana Díaz de los comicios andaluces, que ha sido un rechazo mayoritario del propio electorado socialista, como fue ya notablemente desautorizada por las bases en las primarias, no han supuesto para la hasta ahora presidenta de la junta de Andalucía la necesidad de realizar un análisis autocrítico sino, muy al contrario, Díaz ha manifestado reiteradamente que se mantendrá al frente del PSOE andaluz, en cualquier circunstancia política e institucional, en una renovación de la resistencia en el usufructo de un poder caciquil sustentado en un quietismo político irreal y antinatural. Todo ello trufado de un populismo castizo de trazo grueso, un culto a la personalidad chabacano, un sentido caciquil de la organización partidaria y una egolatría cercana al diván del psicoanalista.

El susanismo es un fariseazo envuelto en todos los complejos y banalidades de su lideresa. Devociones religiosas, autoritarismo de aldea, narcisismo, que no sólo empuja a la impertinencia sino también a la exhibición, y, singularmente, una incapacidad para concebir la política como proceso y el socialismo como instrumento ideológico de emancipación. Todo ello es abolido por una especie de metástasis de las artes pecuniativae encapsulado en un eclecticismo que permite la continuidad de un Gobierno del PP (no hay que olvidar que Mariano Rajoy gobernó gracias a Susana Díaz y su coup de force dado en Ferraz) en contra del propio candidato a la presidencia del ejecutivo o desatender los intereses del propio sujeto histórico si ello contribuye a la satisfacción de los intereses nominales de la oligarquía susanista.

Su atrincheramiento en Andalucía puede ser un remake castizo de la historia de Hiroo Onoda, el soldado japonés que no sabía que Japón se había rendido hacía casi 30 años. Es lo que ocurre en los compartimentos estancos y sus redes clientelares, con sus intereses y objetivos propios, que acaban creando, en lugar de unos liderazgos democráticos cuya existencia no tiene otro fin que dar paso a algo mejor, a actitudes autoritarias, para las cuales el líder es un paradigma y la historia una sucesión de hechos incontrovertibles porque no se permite una argumentación alternativa. Es cuando ciertos gobernantes comienzan a creer que la realidad es tendenciosa, no ellos. Díaz se ha refugiado en esas redes clientelares que han creado una peligrosa impunidad, sobre todo, si el que se atrinchera en ellas convierte al propio Partido Socialista en un juguete para calmar ambiciones personales. Sic transit gloria mundi.

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