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No siempre pierden los perdedores

Manuel Zaguirre | ExSecretario General de la USO | Militante del PSC

Nuevatribuna | 08 de diciembre de 2019

Confieso que le saqué más jugo hace unos días cuando la ví en Barcelona que cuando la ví en Buenos Aires el pasado Agosto. Me refiero a “La odisea de los giles”, la última de Darín, Brandoni y compañía.

Se trata de la enésima metáfora sobre el “corralito”, la mayor agresión y estafa infringida a las clases populares argentinas al inicio de este siglo y que provocó, además del impacto material en pérdidas de trabajo e ingreso, un auténtico colapso emocional y quiebra de la esperanza en sí mismos, y en sus políticos y en su país, de una gran mayoría de la sociedad argentina. También,  el zarpazo del “corralito” sacó a flote lo mejor de mucha gente en forma de miles de iniciativas de resistencia, supervivencia y solidaridad con los más golpeados, que eran millones. Sé de lo que hablo y de lo que hicimos sobre el terreno atormentado.

La película es una metáfora de estos últimos: La Argentina y los argentinos decentes del trabajo, la producción, el cooperativismo incluso, hombres y mujeres, peronistas y radicales –ese es el universo de los giles del filme- frente a la Argentina del delito, el robo a gran escala, la especulación, la codicia, el culto al dólar como única patria. En la confrontación, la razón, el derecho, la fe, el valor, la dignidad, el despelote incluso, de los buenos vence al egoísmo violento de los malos. Por una vez y para que sirva de precedente. Esa es la moraleja de esta historia y sólo por ella hay que verla, porque para eso está el cine, para que ganen siempre los buenos a base de vergüenza y esfuerzo.

La película tuvo mucho de premonitoria de lo que vendría después. Se estrenó en los cines argentinos el pasado 9 de Agosto y el 11 se celebraron las PASO, primarias obligatorias para elegir candidatos a todos los niveles, desde la presidencia de la República hasta el último alcalde. Aquellas primarias las ganó  un auténtico Frente de Todos que, pivotando sobre el peronismo progresista, incluía a prácticamente todo el espectro representativo de los sectores laborales y populares. El Frente, encabezado por el tándem Alberto Fernández y Cristina Fernández para la presidencia y vicepresidencia de la República, derrotaba por más de 15 puntos de diferencia al conglomerado derechista de Mauricio Macri, un multimillonario cuyas políticas ultraliberales provocaron paro, hambre y endeudamiento en la Argentina comparables, sino peores, al del “corralito” casi veinte años antes.

El pasado 27 de Octubre, en elecciones definitivas, la fórmula Alberto/Cristina revalidó la victoria frente al macrismo y por la misma abultada diferencia de las primarias. Y pasado mañana, 10 de Diciembre, tomarán posesión del poder acompañados de unas manifestaciones de apoyo que se prevén multimillonarias en participantes, que afirmarán que el poder son ellos y está al servicio de la apuesta victoriosa por el trabajo, la producción, la erradicación del hambre y la pobreza, la redistribución de la riqueza que se crea en unos de los países más naturalmente ricos de la Tierra.

En fin, me gustaría pensar que “La odisea de los giles” echó una mano al cambio político, social y económico a mejor que la mayoría de la Argentina necesita, merece y exigirá.

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