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La ruptura de la mayoría de la moción de censura

Carlos Martínez García | Politólogo, de la plataforma socialista pro PSF

Nuevatribuna | 14 de Febrero de 2019

Las derechas tienen el asunto catalán cogido como reclamo electoral para que les vote un pueblo empobrecido

Pedro Sánchez no ha sabido ni querido ser el presidente de la mayoría de la moción de censura. Ha actuado como si tuviera mayoría en el Congreso y ha sido tremendamente dubitativo, confuso y temeroso ante las derechas con la cuestión catalana.

Las derechas tienen el asunto catalán cogido como reclamo electoral para que les vote un pueblo empobrecido, atracado por las compañías eléctricas, con contratos precarios y victima del liberalismo cruel que todas las derechas europeas y mundiales le imponen, pero que no es inmune a cantos patrioteros o a soflamas machistas y conservadoras. Lo cual también es responsabilidad de las izquierdas institucionales y los populismos.

El problema no será tan solo quien gana las próximas elecciones, será que si vencen las derechas, lo es el sufrimiento que van a tener que seguir soportando las clases populares y la clase obrera. Siendo todas y todos conscientes de que en estos precisos instantes la alianza ultra-conservadora española puede vencer.

A la derecha había que plantarle cara, además en su última concentración en Colón, pinchó estrepitosamente. Había que tener el valor de resistirla, pero a Pedro Sánchez le han doblado la mano la pinza del ala derechista del PSOE más PP, Cs, VOX, todos ellos con el mismo objetivo, impedir la consolidación de una mayoría de progreso alternativa y de paso seguir reprimiendo en Cataluña ¿Por qué cual es la opción con Cataluña de las derechas unidas? ¿Otro 155 para seguir creando independentistas? ¿Acabar de una vez con el escaso ya, prestigio de la democracia del Reino de España en Europa y el mundo democrático? O tal vez ocupar militarmente Cataluña como he escrito recientemente.

Los independentistas tampoco lo han puesto fácil. Pero la verdad con sus dirigentes en el banquillo, tampoco la cosa estaba para que la razón venciera a la emoción. No obstante si hemos de reclamar que en Cataluña no todo el mundo es independentista y que por tanto hay un problema democrático también en su interior, que tan solo se puede resolver democráticamente y pedagógicamente, unos y otras. No obstante cuando dos días antes de la votación de los presupuestos el Gobierno renuncia a cualquier posible entendimiento con el mundo independentista, las cosas ya comienzan a estar muy difíciles y a pesar de ello la triada aznarista continúa su campaña de oposición a la venezolana contra Pedro Sánchez. Lo cual demuestra que su margen de acción era mucho más amplio (para Sánchez), eso sí en franco enfrentamiento a una derecha echada al monte.

La “nueva política” que se practica a imagen y semejanza de los EE.UU es tremendamente irresponsable, pues la cuestión no es si el equipo Sánchez se mantiene el poder, sino si la clase trabajadora sigue en su cuesta abajo imparable de empobrecimiento, sufrimiento, paro y las mujeres de discriminación, violencia y muerte, encima ante unas poderosas derechas que se burlan de ellas y platean retroceder a 1978.

Los asesores de imagen son una pandilla que jamás nos tienen en cuenta a pensionistas, paradas, precarias y precarios o jóvenes sin futuro. Ya está bien de jugar con vidas ajenas para mantenerse u obtener el poder. Ya está bien de cálculos electoralistas basados en tipos que igual venden un refresco, un político de derechas a uno de izquierda o al menos liberal progresista. La politica es algo más, es mucho más y tiene que ver no solo con ideales, sino con hechos.

El problema catalán es el de la crisis del estado y no se olvide, de la monarquía. Pero las personas siguen sin tener los alquileres a precios asequibles, sufren contratos precarios injustos y vergonzosos, no llegan a fin de mes y se empobrecen cada vez más, las pensiones en su mayoría no alcanzan, las y los jóvenes deben emigrar al igual que sus abuelos… Las políticas también se legitiman trabajando en favor de las clases populares y acometiendo problemas de Estado como la violencia machista, el oligopolio eléctrico y mafioso o la “uberización” de la economía que destruirá el estado del bienestar y los derechos humanos de las y los trabajadores. La democracia no ha entrado en la casa de precarias y precarios ni de las y los trabajadores pobres o desempleadas. Todas y todos esos que se llenan la boca hablando de Constitución, no defienden el fuero, sino el huevo. Es decir su interés y el de las grandes empresas y multinacionales. 

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