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El programa municipal socialista del XIX

nuevatribuna.es | 01 de Diciembre de 2018

Pablo Iglesias Posse en un mitin.
Pablo Iglesias Posse en un mitin.

La entrada de republicanos y socialistas en el consistorio de la capital de España marcó un punto de inflexión en la historia municipal.

El trabajo municipal suponía para el PSOE una parte sustancial de la lucha para mejorar la vida de los obreros y de terminar con el sistema capitalista

@Montagut5 | El socialismo español siempre desarrolló a lo largo de su dilatada Historia un interés prioritario por la política municipal. En este artículo vamos a aludir al programa municipal que se aprobó en el III Congreso del PSOE, celebrado en Valencia en agosto de 1892.

El programa puede ser calificado de ambicioso, planteando un modelo de Ayuntamiento con un interés claro por la justicia social, y no como un simple gestor de servicios públicos, aunque también, pero, especialmente en lo referido a los trabajadores y trabajadoras. El trabajo municipal suponía una parte sustancial de la lucha para mejorar la vida de los obreros y humildes, en el objetivo final, y a largo plazo, de terminar con el sistema capitalista, por lo que era muy consecuente con el programa general del Partido.

En primer lugar, los socialistas pretendían la abolición de los impuestos perjudiciales para la clase obrera. Aunque no se citaba explícitamente, en la mente socialista estaban los consumos, impuestos indirectos que gravaban productos de primera necesidad, y contra los que lucharon siempre hasta su abolición, ya entrado el siglo XX.

El segundo punto tenía que ver con la fijación de un salario mínimo para los empleados del Ayuntamiento, con ajustes anuales en negociación con las Sociedades Obreras. Esos empleados u obreros municipales, por otra parte, disfrutarían de una jornada de ocho horas. Era importante en materia salarial que se fijaran las retribuciones de las funciones municipales con arreglo al salario máximo que percibían los trabajadores para que los concejales obreros pudieran desempeñar sus funciones. No olvidemos la ausencia de retribuciones para los representantes políticos en la época de la Restauración.

Cada Ayuntamiento debía crear comedores escolares (“cantinas escolares”) para los hijos de los trabajadores. Esos niños tendrían derecho a una entrega de ropa y calzado en verano e invierno. En este sentido, había que crear, además,”casas de maternidad” para los hijos de las trabajadoras, ya fuera en horario diurno, ya en el nocturno.

El Municipio crearía un servicio de asistencia sanitaria y farmacéutica gratuitos. Se debían abrir asilos para ancianos e inválidos, así como “asilos de noche” con distribución de víveres para viandantes y personas que buscasen trabajo sin domicilio fijo.

Había que establecer, por su parte, casas de baños y lavaderos públicos gratuitos.

El Municipio tenía que crear espacios para que las Sociedades Obreras pudieran tener sus sedes sociales.

Se debían suprimir las subvenciones de tipo religioso, muy comunes en los presupuestos municipales españoles.

Por fin, los Ayuntamientos tendrían que velar por el exacto cumplimiento de las Ordenanzas municipales en materia de higiene o salubridad de las viviendas, análisis de los alimentos en venta, derribo de casas denunciadas y andamiaje de las obras, cuestiones que tenían mucho que ver con las clases humildes de las ciudades y pueblos españoles.

Podemos consultar el programa en el número 340 de El Socialista, del mes de septiembre de 1892.

Sobre la vocación municipal socialista es imprescindible la consulta del libro de Manuel Corpa Rumayor que, en 2006, publicó la Fundación Pablo Iglesias, titulado, Los pioneros. La política socialista en los ayuntamientos, entre 1891 y 1905, así como, el más reciente, y muy renovador trabajo de Santiago de Miguel Salanova, Republicanos y Socialistas. El nacimiento de la acción política municipal en Madrid, (1891-1909), publicado en Madrid en el año 2017. El interés de este estudio parte de la idea de que la entrada de republicanos y socialistas en el consistorio de la capital de España marcó un punto de inflexión en la historia municipal, ya que ambos introdujeron las preocupaciones sociales en el poder municipal principal del país, algo que no había sido prioridad de los ediles madrileños pertenecientes a los partidos dinásticos, además de luchar contra el nepotismo, la corrupción, la mala gestión de los servicios públicos, los problemas del abastecimiento, el fraude alimentario a gran escala, y la creciente distancia social entre los barrios de un Madrid que comenzaba a crecer de forma evidente.

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