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Preferentes

nuevatribuna.es | Daniel Yates | 01 de agosto de 2020

(Primer trimestre de 2009)

Eran las 17.20 del 6 de marzo. Era viernes y quedaba poca gente en la majestuosa planta del banco donde estaba el despacho del presidente. El presidente estaba solo en su despacho, sentado en la lujosa mesa de nogal. Javier tenía frente a si el portafirmas y miraba fijamente el documento. Se aflojó la corbata negra, disipó cualquier resto de duda que pudiera tener y lo firmó. Por el intercomunicador le dijo a Pilar,su secretaria, que podía pasar a recoger las firmas.El lunes se tenía que repartir en el Consejo de Administración convocado para las 10 de la mañana.En cuanto se fue Pilar, cogió el móvil y llamó a un teléfono de Miami. Fue lacónico: «Hello, is this Johnny García?... Hola, Johnny. Ya está firmado». «Great! Es una buena noticia, la nueva década nos encontrará forrados. Enhorabuena». Javier cortó, no le apetecía seguir hablando. Johnny García era el responsable de un fondo de inversiones. A finales del año anterior, su fondo había adquirido un importante paquete de acciones ordinarias del banco. A Javier le había reportado mucho dinero y mejorado su posición en el Consejo.

Pero había una segunda parte, el Fondo, a cambio, quería que el banco realizara una importante emisión de preferentes que los norteamericanos se encargarían de gestionar indirectamente. Su suegro, entonces presidente del banco, se había opuesto abiertamente a esta parte del trato que había negociado Javier con los de Miami. Don Manuel, su suegro, había fallecido en un extraño accidente cuando regresaban de la finca. También murió el hijo de Javier y su chófer. Fernando tenía doce años, Javier lo adoraba, aún no se había repuesto y pensaba que nunca lo haría. El 1 de febrero sustituyó a su suegro en la presidencia de la entidad.

*

Del otro lado del Atlántico, en el despacho de unas ostentosas oficinas en Downtown Miami, justo frente a la desembocadura del río, Johnny García, durante la conversación con Javier, levantaba el pulgar a su socio que seguía expectante la conversación. Cuando colgó le estiró la mano al otro: «Give me five», y mientras se la chocaba, exclamaba: «Great!». Johnny García le informó: «al fin,ha firmado la emisión por 1500 millones de euros». «¡Mira que nos ha dado trabajo el español! Ahora hay que ponerse manos a la obra, ¿con qué empresa quedamos para gestionar las participaciones?» Johnny García le contestó: «No te preocupes, está todo preparado. Por cierto, ¿cuándo calculas que venderemos las acciones ordinarias que tenemos en el banco?» Sin pararse a pensar le respondió: «Dos años como mucho, no podemos tener más tiempo ese dinero a tan baja rentabilidad».

Cuando terminó la llamada a Johnny García, Javier llamó al vicepresidente y al director de negocios, hombres de su total confianza y promovidos por él.Para hacerlo, tuvo que desplazar a don Francisco, el que había sido vicepresidente desde que asumió la presidencia don Manuel, eran amigos desde el colegio. Javier lo relegó a un puesto meramente decorativo. Debería haber convocado al director comercial también, pero era de la vieja guardia y tampoco era de su confianza. Mientras los esperaba, llamó al ministro de economía para informarle de la operación, ante la insistencia del ministro se comprometió en llamar el lunes al presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Golpearon la puerta y entraron los dos convocados, se quitaron las chaquetas y se sentaron en la mesa de reuniones. Javier preparó tres whiskies generosos y se sentó con ellos. «Acabo de firmar la emisión de deuda en preferentes por 1500 millones de euros y unos 500 en deuda subordinada». Los otros expresaron su satisfacción, también ellos habían participado desde el principio en las negociaciones con el Fondo de Miami. «Hay que ponerse a trabajar», les dijo y miró le reloj: «Son las 5 y media, a ver si cenamos cada uno en su casa».

Al comenzar se puso serio: «Quiero confesaros que cuando murió don Manuel y asumí la presidencia me entraron dudas sobre firmar la operación. “El Viejo” –así llama cariñosamente a su suegro–, era un gran banquero. Es verdad que su padre, el fundador, acertó en un momento difícil apoyando y financiando la sublevación de Franco lo que facilitó el crecimiento del banco, pero fue don Manuel quien condujo el banco durante el desarrollismo y la transición, lo que requería una tremenda habilidad para manejarse en arenas tan movedizas.La apertura de la economía supuso que, de forma muy regulada, comenzaran a operar entidades financieras extranjeras muy potentes, había que ser muy competitivo y él lo logró. Luego traspasó las fronteras y se abrió en plazas extranjeras, sobre todo latinoamericanas.Su éxito no lo cuestiona nadie».

**

Se detuvo un instante para ordenar las ideas.«Gracias a que el Viejo era, dentro de lo que cabe, conservador, con los nuevos productos estructurados, el banco tiene las cuentas equilibradas con un nivel de apalancamiento de sus balances aceptable. El paquete de hipotecas basura no es muy relevante, logró que el banco no se sobreexpusiera al ladrillo. El día 15 hará seis meses de la quiebra de Lehman Brothers. Desde entonces todo ha cambiado, la crisis del sistema financiero mundial saltó a la luz pública. El Viejo llevó bien el timón del barco mientras la crisis estaba soterrada, lo que no evitó verse afectado con la repercusión de la quiebra. ¡Ahora es necesario cambiar de estrategia! Todas las entidades comienzan a buscar provisiones para su liquidez y solvencia. Nosotros no podemos quedarnos atrás. Después de meditarlo, le doy la razón a Johnny y su gente, en estos tiempos se acabaron las políticas conservadoras, ¡hay que tirarse a la piscina!»

Tomó la palabra el director de negocios, «la verdad es que la presión de los norteamericanos en estos meses ha sido terrible», los demás asintieron «creo que acertamos sacando la emisión de deuda y por esas cantidades. Ahora bien, tenemos que ser conscientes de que es mucho dinero y que la clave está en colocarlo con rapidez, ante que lo haga la competencia. Por lo tanto, tenemos que colocarlas entre nuestros pequeños inversores y ahorradores. He preparado un dossier al respecto», decía mientras le entregaba una copia a cada uno. «Lo podemos ver el fin de semana».Intervino el vice: «Creo que todos sabemos dónde nos vamos a meter. Las preferentes no son para todo el mundo, ni siquiera para nuestros clientes inversores y ahorradores, Vamos a “venderles” las preferentes ofreciéndoles una alta rentabilidad, ausencia de vencimiento y un grado de liquidez mínimo, pero sabemos que son mucho más y que los riesgos son muy altos. Ellos no me preocupan, me preocupa nuestra gente, que sean capaces de ofrecérselas a clientes con los que llevan muchos años trabajando y que han depositado en ellos toda su confianza. También he preparado un documento con los objetivos, incentivos y obligaciones de cada estructura para la comercialización de las preferentes» y también les entregó una copia.

«Bueno», dijo el presidente, «los estudiamos el sábado y nos reunimos el domingo en el club de golf, quiero que esté todo cerrado antes del Consejo del lunes. Para el domingo también convocaré al director del departamento de marketing». Miró el reloj, eran las siete. «Bien, hemos sido eficientes. El domingo podrían incorporarse nuestras familias al mediodía y comemos todos en el club». A los otros le pareció una buena idea y se despidieron hasta el domingo. Llamó al chófer para decirle que se preparara, ya bajaba. Cinco minutos después, mientras le abría la puerta, le dijo: «a casa, por favor». Una vez dentro del coche llamó a su mujer para decirle que llegaría en media hora.

***

Cuando llegó a la enorme mansión, fue en busca de su mujer. Pese al rumor extendido de que se había casado con ella porque era la hija del presidente del banco y ello le aseguraba un rápido ascenso, como realmente ocurrió, Javier la quería de veras a Beatriz. Todavía seguía enamorado, jamás le había sido infiel. La encontró en uno de los cuartos de estar, junto al comedor de diario. Llevaba un sencillo vestido de una firma famosa y calzaba zapatos de tacón alto. Pese a que se había arreglado y pintado un poco, no podía disimular lo demacrada que estaba desde la muerte de su hijo y de su padre. Él le dio un beso tierno, ella le tendió una copa. «He preparado expresamente este cóctel para ti, es un Cosmopolitan», y volvió a coger la suya, un Negroni. A Javier se le iluminaron los ojos, no pasaba esto desde el accidente. Le dio un sorbo, «¿qué es?, sabe extraño». Ella lo miro y sonrió: «¿no te gusta? Lleva muchas cosas, vodka, cointreau, zumo de lima y zumo de arándanos». «Sí, esta bueno, será el zumo de arándanos lo que encuentro raro». Ella no volvió a hablar. Cuando terminaron los cócteles pasaron al comedor de diario para cenar. Cuando la doncella entró para preguntar si podía servir la cena, ella le dijo que no, que esperara un poco.

Entonces, Beatriz se levantó, fue al aparador, cogió una carpeta y la tiró sobre la mesa, justo delante de Javier. Extrañado le preguntó que era. Beatriz, apenas conteniendo la rabia, le dijo: «lo sabes bien, lo has firmado esta tarde». El cayó en la cuenta, era la orden de sacar la emisión de preferentes, seguro que se lo había mandado Pilar, durante muchos años había sido la secretaria de don Manuel y estaba claro donde estaban sus fidelidades ¡cómo no cayó en ello! Tratando de trasmitir aplomo le contestó: «sí, vamos a sacar una emisión de preferentes, necesitamos asegurar la solvencia del banco por lo que pueda venir. La tormenta desatada por la quiebra de Lehman Brothers puede transformarse en un huracán que nos barra a todos».

Ella apoyó las dos manos en la mesa, se inclinó hacia él y con la furia desatada, cogió el documento y agitándoselo en la cara le dijo: «¡Por esta mierda mataste a mi padre y a mi hijo!»Él aterrado porque en sus ojos veía un odio que creía que no podía existir en el mundo, le pudo contestar: «¿cómo puedes pensar eso? ¡También era mi hijo!, y sabes bien que a tu padre lo quería y admiraba!»«Pero mi padre era un obstáculo para tu ambición, él jamás hubiera permitido esta operación. ¡eres un asesino!» Desesperado, la angustia que sentía apenas le permitió decirle: «¡Estás equivocada! En la cena de navidad me dijo que en julio se iba a jubilar y que me iba a proponer como presidente, ¡qué necesidad tenía de matarlo!» Ella se inclinó aún más, a pocos centímetros de su cara le espetó: «¡Mientes! Eres una rata y como una rata vas a morir. Tenías razón, no era el zumo de arándanos lo que sabía raro, era el veneno para ratas que he puesto en tu cóctel, cabrón».

Trató de incorporarse pero un fortísimo dolor en el vientre lo devolvió a la silla. «Asesinaste a mi hijo y a mi padre, y tú vas a morir también pero lenta y dolorosamente». Creyó percibir satisfacción en sus palabras. «¡No, no! Te equivocas!» Lo cortó una nueva ola de dolor,esta vez por todo el cuerpo, que lo hizo caer de la silla. Desde el suelo, vio avanzar sus zapatos con pasos tranquilos hasta situarse a su lado. Beatriz, impasible, desde arriba lo miraba retorcerse. Javier sentía el veneno avanzar, ya no podía hablar. Cerró los ojos tratando de convencerse de que esto no era real, que no le podía estar pasando. Hizo un enorme esfuerzo para hablar, necesitaba decirle que él no fue, pedirle perdón por la parte de culpa que le pudiera tocar, pero fue en vano. Cuando estuvo segura de que había dejado de respirar, Beatriz cogió el teléfono y llamo a don Francisco, Paco para ella.

II

(Tercer trimestre 2020)

Beatriz iba cómodamente sentada en el Mercedes Maybach berlina, mientras Óscar, su chófer conducía concentrado, seguro como siempre, por la A-5, camino a la sierra de Gredos, comarca de La Vera. Habían pasado más de diez años desde aquellos horribles días en los que perdió primero a su hijo y a su padre y después a su marido. Javier murió oficialmente de una enfermedad intestinal, encefalopatía hepática, si se cometieron irregularidades o se pasaron por alto varios detalles en la autopsia, nadie dijo nada. Después de que Beatriz lo llamara don Francisco, Paco para ella, se había encargado de todo, desde llamar a urgencias, atender a la policía, el reconocimiento, el seguimiento con la autopsia incluida hasta la comunicación del fallecimiento a familiares y amigos. Beatriz quedó al margen como una desconsolada viuda que en poco tiempo había perdido a toda su familia. Por eso, a muchos le resultó extraño que a la semana fuera nombrada presidenta del banco, de lo que también se había encargado don Francisco apremiado para evitar un vacío de poder en un momento tan delicado para las entidades financieras en general y para su banco en particular. Los retos que tenía por delante no eran fáciles. Beatriz tomó con firmeza y decisión el timón con don Francisco, Paco para ella, a su lado.

Su primer objetivo fue restructurar la entidad financiera propiciando un giro para recuperar las referencias del sistema clásico que había desarrollado su padre. Lo primero que hizo fue cambiar ala cúpula, consejeros y directores que en su momento habían apoyado, aunque fuera mínimamente, a Javier. Después realizó una reducción de la red de agencias y de personal. Por otraparte, su política se centró en elevar la solvencia mejorando las ratios de recursos propios y la rentabilidad centrándose en la ratio de eficiencia. También apostó de manera firme por la tecnología y la digitalización del banco y se empeñó en recuperar la imagen y la reputación social de la entidad, dañada por la operación de Javier con el fondo norteamericano. Sin asumir excesivos riesgos, fomentó la responsabilidad social corporativa como seña de identidad del banco aumentando la actividad social para ocupar el espacio que habían dejado las cajas de ahorro. Beatriz sabía que todas las medidas adoptadas con éxito y que permitían al banco navegar nuevamente, habían sido posibles gracias a los enormes recursos que le había inyectado Europa y el Estado español, pero era reacia a reconocerlo en público.Recursos importantes, no le cabía duda, pero era consciente que, sin el dolor por la pérdida de su hijo y de su padre y por el odio a Javier, hubiera sido imposible.

*

Óscar dejó la autovía para coger la carretera N-502, dirección Ávila-Talavera de la Reina. Con algo más de 50 años, Beatriz seguía estando de muy buen ver, viuda, con un enorme poder y aunque también era seria, introspectiva, casi antisocial, no era óbice para ser objetivo de la prensa, sobretodo la del corazón. Por mucho que especulaban, jamás le descubrieron ninguna relación amorosa.

Beatriz amaba locamente a Javier, por eso, cuando se dio cuenta de lo que había hecho, el dolor la desgarró, un dolor que pronto se convirtió en una ira feroz y profunda. Ella había perdido toda posibilidad de volver a tener una relación con un hombre.

Pero también los medios económicos seguían su trayectoria y cada tanto publicaban reportajes y largas entrevistas. Debido a su éxito en la gestión del banco que presidia y dirigía con mano firme sus opiniones se habían convertido en una referencia. A su pesar, había pasado a ser una persona pública, con sus admiradores y detractores, que coincidían en reconocer su inteligencia, voluntad y decisión.

Lo que ninguno de ellos sabía, tampoco los de su entorno más cercano, era que toda su existencia, todo lo que sentía y hacía, todo lo que la alimentaba y proyectaba, era el amor a su hijo y a su padre y el desgarro que le provocaba su ausencia y el odio, profundo, visceral que sentía por Javier al que hacía responsable de sus asesinatos. Sentimientos que lejos de evitarlos, intentar superarlos, Beatriz alimentaba día a día. Desde entonces Beatriz se dedicaba de lleno a presidir el banco y a la Iglesia.

Media hora después,Óscar apagó el motor, se bajó y le abrió la puerta a Beatriz que se dirigió a la recepción mientras él sacaba la bolsa de viaje del maletero y se la llevaba. Beatriz estaba anhelante, llevaba tres meses sin venir porque los retiros se habían suspendido por el confinamiento. Se despidieron quedando en que la recogería en una semana. Era el quinto año que asistía a los retiros espirituales en la finca «Las praderas», en Poyales del Hoyo. Esa semana era su momento de relax, de descanso real. Durante esos días de total aislamiento del mundo, no leía periódicos, ni escuchaba la radio, ni veía la televisión, no abría el ordenador, ni entraba en internet, hasta apagaba durante todo ese tiempo el móvil. Don Francisco, Paco para ella, se dedicaría a resolver cualquier asunto del Banco y los personales,que casi no tenía.El domingo, Beatriz, sola, en la terraza del comedor tomaba un té mientras disfrutaba de una hermosa puesta de sol sobre la sierra del Guadalquivir y los montes de Toledo. El retiro llegaba a su fin, lo había vivido intensamente, se sentía relajada, a gusto. Sabía que era una tregua, mañana volvería a la vorágine del mundo real, de su mundo.

**

El lunes, Beatriz, como siempre que venía de los retiros espirituales, llegó tarde, sobre las 9.30, al banco. Se dirigió a su despacho, y como siempre que venía de los retiros espirituales, fue saludando a los empleados que se cruzaba, incluso con algunos se entretenía interesándose por su vida personal. Se entretuvo con Pilar que, aunque no hacía falta, le confirmo la reunión del consejo a las 10.00 con la asistencia de todos los miembros y le indicó que sobre la mesa tenía todos los informes. Cuando entró en el despacho, nada más sentarse, lo primero que hizo fue apartar los resúmenes de prensa, tal vez después de la reunión consultara algo puntualmente. Con delicadeza golpearon la puerta. «Adelante», dijo y entró Belén, una de las secretarias del equipo de Pilar, con un café. Se lo tomó despacio, degustándolo y se fue al ventanal a fumarse uno de los pocos cigarrillos que fumaba al día, mientras miraba a la gente caminar por la calle. Miró el reloj, las 9:58, respiró profundamente y se dirigió a la sala de reuniones.

La reunión comenzó puntual. Dirigida hábilmente por el secretario del consejo, la reunión transcurrió con normalidad. Después de tratar los temas formales del orden del día, se abordó uno de los dos puntos importantes de la reunión, la coyuntura. Uno a uno los directores informaron de lo que había pasado en la semana. La situación internacional, nacional, la marcha de la economía, del sector financiero, del banco. Después de un receso se trató sobre las previsiones a largo, medio y corto plazo. Desde hacía un mes se había incorporado un nuevo punto tanto en el informe de situación como en las perspectivas, la pandemia del coronavirus. El director de Recursos Humanos informó de las medidas tomadas y de algunos casos de Covid-19 que se habían dado entre el personal. Se acordó de que el Departamento de Estudios del banco elaborara un informe sobre «el mundo después de la pandemia». La reunión terminó sobre la una y media. Se quedaron hablando de varios temas de manera informal, el más comentado, como venía siendo habitual últimamente, fue el caso del banco vasco implicado en un turbio caso de un comisario corrupto que había sido contratado por su presidente, Florencio González, para obtener información de una empresa rival. El morbo de los comentarios radicaba en que la pieza del proceso que imputaba a la entidad como persona jurídica permanecía secreta.

Beatriz se despidió de todos, tenía una comida. Por la tarde, ya en casa, como todos los días, antes de cenar fue a la habitación habilitada como gimnasio con todo el equipamiento necesario y se subió a la elíptica. Como siempre, durante esa hora, se dedicó a cultivar el odio por Javier. Terminó con la piel empapada de sudor y por dentro con la adrenalina enardecida. Cuando terminaba, con esa mezcla de sensaciones en el cuerpo, Beatriz se decía: «esto es mucho mejor que hacer el amor».

***

El viernes, quinto día después de los retiros espirituales, a primera hora de la tarde recibió la llamada de don Francisco, Paco para ella. Tenía que verla urgente, ella le dijo que en media hora se pasara por su despacho. Cuando entró Paco, Beatriz se alarmó al ver la cara que traía su protector. «¿Pasa algo malo?», le preguntó. Paco no le contestó, se sentó frente a ella. Se hizo un expectante silencio, parecía que don Francisco buscaba la mejor manera de darle la información que traía. Al final se decidió. «Esta mañana me llamó Juan, el director del periódico». Beatriz hizo una mueca, no le inspiraba ninguna simpatía ese director. Paco no se inmutó y continuó: «Me preguntó si podíamos quedar a comer, y mejor si era hoy. Le dije que sí y al final conseguí un reservado en Ramses. Voy al grano, me dijo que tenía una noticia que afectaba a nuestro banco. Sabes que ellos están tirando de forma dosificada de la información de las grabaciones que tienen del comisario corrupto». Beatriz lo cortó: «Ese Juan se presta al chantaje del comisario, es su cómplice».Paco, ignorándola, continuó: «Entre los muchos casos que tienen uno afecta al banco vasco». Nuevamente intervino Beatriz: «ese banco no es competencia nuestra, somos mucho más pequeños». Molesto por las interrupciones, la miró serio y continuó: «Juan me ha contado que, entre la información que contienen las cintas, hay una conversación entre el comisario y Florencio González que, si bien no afecta al proceso que lleva el juez, sinos afecta a nosotros». Beatriz se inclinó hacia delante, mostrando por primera vez interés en lo que le contaba. «Ocurrió hace tiempo en la sobremesa después de una comida entre los dos. Por deferencia a ti me dio una copia en este sobre. Dijo que era un regalo, pero seguro que en algún momento nos pasará factura. Mejor ábrelo cuando estés en casa». Le dejó el sobre en la mesa y se despidió con un discreto beso, lo que era muy excepcional, mientras Beatriz seguía sentada con el sobre frente a ella. Cuando se quedó sola seguía mirando el sobre como hipnotizada, esforzándose por no caer en la tentación de abrirlo. Pero ella siempre le había hecho caso a Paco y esta vez también.

Beatriz se fue temprano del banco, carcomida por la curiosidad que le provocaba el sobre. Cuando llegó a su casa fue directamente a su despacho. Le pidió a Nuria que no le molestara nadie. Se sirvió un whisky, prendió el tercer cigarrillo del día y rasgó el sobre. Era solo un folio. En la primera línea ponía: conversación entre Florencio González presidente del banco vasco. En la siguiente la fecha: 14 abril de 2016. Y después transcribía lo grabado durante la sobremesa conversando de forma distendida sobre las malas y violentas prácticas en el mundo de las finanzas. Florencio González me cuenta que: «un fondo de inversión norteamericano ha intentado negociar con don Manuel presidente del banco una operación muy importante de emisión de preferentes. Como don Manuel se opuso radicalmente, intentaron comprar a su yerno que era el vicepresidente del banco, pero él también se opuso. Fue tajante, no traicionaría a don Manuel. ¿Qué hicieron los norteamericanos? Pues contrataron a unos sicarios para matar al presidente. Sabes cómo son los colombianos, mataron a don Manuel, a su nieto y al chófer ¡una carnicería! Ahora su yerno no tendría nadie a quien traicionar y en todo caso, quedaba la mujer para amenazarlo, ya le habían demostrado que hablaban en serio. Estaban seguros de que cedería, pero Javier murió en extrañas circunstancias pocos días después. ¡Se les jodió la operación! (risas)» Grabado a las 15:35 (audio 147).

Después de leerlo, Beatriz volvió a leerlo despacio, tratando de asimilar lo que estaba leyendo. La frase «Fue tajante, no traicionaría a don Manuel» le martillaba una y otra vez la cabeza. Le parecía que estaba a punto de estallarle. Dio vuelta el folio y lo apartó de su vista y permaneció mirando sin ver la biblioteca que tenía enfrente. Entonces Beatriz se quedó como anestesiada un tiempo impreciso hasta que de pronto sintió en su interior como una implosión. Era tal la angustia que la dominaba que ni lloró. Así, sin moverse, desgarrada por el dolor, estuvo horas. Poco antes del amanecer reaccionó, cogió un folio con el membrete del banco, desenroscó la estilográfica y se puso a escribir con trazo firme. Dobló la hoja y la puso en un sobre. Luego escribió varias cartas más. A las siete de la mañana llamó a Nuria para que un mensajero llevara las cartas al banco. Cuando se fue Nuria, se levantó del sillón con esfuerzo, tenía el cuerpo entumecido después de estar tantas horas sentada. Cabizbaja se dirigió al dormitorio.

****

Don Francisco llegó temprano a su despacho. Al poco rato su secretaria le llevó una carta a su nombre que había traído un mensajero. Mientras leía la carta, a don Francisco se le desorbitaron los ojos, la boca desencajada, y sus manos comenzaban a temblar. Cogió el teléfono y llamó a Beatriz. Saltó el contestador. Volvió a marcar una y otra vez. Nada. Mientras lo intentaba releía la carta. En ella Beatriz renunciaba a la presidencia del banco, le informaba que había escrito otras a los consejeros y directivos a los que le proponía que él la sustituyera en la presidencia del banco y se despedía para siempre. Desesperado siguió tratando comunicarse con ella toda la mañana, fue en vano. Hasta el día de hoy, nadie, jamás, supo de Beatriz. Todos coincidían que se la había tragado la tierra … o su pasado.

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