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Por sus pactos los conoceréis

Antonio Mora Plaza | Economista

Nuevatribuna | 03 de junio de 2019

La necesidad de formar gobiernos obliga a retratarse sin posibilidad de retoques, sin poder disimular las arrugas, los defectos, los años, los verdaderos deseos

No hay criterio objetivo que permita calificar ideológicamente a los partidos ni a las personas. Sólo aproximadamente se puede decir que quien prioriza –sea persona física o jurídica– lo individual sobre el interés colectivo, quien niega la posibilidad que, desde lo público, se luche contra la desigualdad, quien niega determinados derechos civiles, quien pone en cuestión el Estado de Bienestar a la altura del siglo XXI, es de derechas; en cambio, quien mira por el interés de todos, sea desde lo público o desde lo privado –pienso en las ONGs–, quien lucha contra la desigualdad con el binomio gasto/ingreso público –sin negar el derecho a quien lo hace desde lo privado–, quien coloca en el frontispicio el Estado de Bienestar en el quehacer de la política, es de izquierdas. Pero hay otro criterio que delata al que vocifera su ideología en un sentido y se sospecha que, en realidad, es la contraria de lo que dice, a quien intenta convencernos de que es de día cuando vemos brillar la luna en el cielo, este criterio en la vida de los partidos son los pactos, los acuerdos, sean pre o pos-electorales, sean de investidura, programáticos o de gobierno. Dime con quien andas y te diré quien eres, dime con quien pactas y sabré que mientes, o lo que es peor, que intentas engañarme, incluso, a veces, que intentas engañarte. Celebradas las elecciones del 28 de mayo y del 26 de abril, elecciones generales, comunitarias, locales y europeas, tenemos a cinco partidos de ámbito nacional y algunos otros de ámbito territorial más restringido que tienen que decidir quiénes son en realidad, que tienen que retratarse para ahora y para el futuro. La necesidad de formar gobiernos obliga a retratarse sin posibilidad de retoques, sin poder disimular las arrugas, los defectos, los años, los verdaderos deseos. Ciñéndonos principalmente a los cinco partidos de ámbito nacional, hay dos que ya no tenemos duda de sus posiciones en relación a los otros partidos y, por tanto, de su verdadera ideología, ya no tienen máscaras dos de ellos, pero tres aún la conservan con desiguales esfuerzos por mantenerlas o para quitárselas.

Empezaré por el más sencillo, el que menos tiene que ocultar porque hace un año se le cayó la careta. Me refiero al PP. Hace un año aún conservaba la careta del centro-derecha, ese lugar que no existe en realidad pero al que siempre se remiten los “peperos” como el sangrilá de sus deseos en un mundo donde no fueran lacayos de los poderos económicos. Hace un año que Pablo Casado tomó las riendas del PP y tiró la careta-Rajoy del partido al fango y se vistió y vistió a su organización de lo que nunca dejó de ser: un gigantesco rescoldo del franquismo. Es verdad que Casado, antes de las elecciones del 26 de mayo, ha susurrado que quieren volver al centro o aseverar que nunca se fueron pero, celebradas las elecciones últimas, ya están dispuestos a gobernar compartiendo con VOX cargos concejiles y/o de consejeros. El PP ya no tiene vuelta atrás y, en su supuesto viaje al centro, se han caído del caballo –como San Pablo, otro Pablo– antes la visión espectral de su líder natural, el Sr. Aznar, el tardofranquista al que se le atragantó la democracia desde que en el diario de La Rioja se declaró “falangista independiente”.

El otro partido que no tiene que cambiar, que no tiene careta que lanzar al aire es el PSOE. Hace tiempo, desde la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general, se ha consolidado como un partido socialdemócrata, que está dispuesto a acordar a su próxima izquierda y a su próxima derecha. Es verdad que necesidad obliga, pero otro cariz negociador y de proximidad hubiera tenido si estuviera al frente del partido el otrora todopoderoso Felipe González, desde luego más liberal que socialista. Nos guste o no nos guste el PSOE actual es fiable porque podemos adivinar sus límites, acotar sus deseos, sus adversarios y sus posibles compañeros de viaje. Pedro Sánchez ha consolidado al PSOE como un partido moderadamente de izquierdas, más de izquierdas en el tema de los derechos civiles y menos –no suficiente– en temas económicos, en temas socioeconómicos, donde coquetea con el liberalismo lo mismo que se sumerge en un keynesianismo renacido que se concreta en una defensa del Estado de Bienestar que hay en este país y que, por cierto, ya no es suficiente, repito. Otra cosa es que muestre todo tipo de reticencias para ampliarlo.

El siguiente partido que debe definirse aún es Podemos. Su líder supremo y ya único, Pablo Iglesias, lo mismo dice un día que sin participar en ministerios no es posible una política de izquierdas como que no son necesarios. La caída de votos de su partido ha arruinado sus exigencias ministeriales, pero parece como si no hubieran interiorizado su situación actual tras las enormes pérdidas de votos cosechadas consecutivamente el 28M y el 26A. Si no se vuelven irrelevantes es gracias a la estupidez de Ciudadanos y de su líder supremo, el Sr. Rivera, que el muy cretino ha puesto un cordón sanitario al PSOE –el moderado partido de izquierdas que está en su próxima su izquierda– y no lo ha hecho con VOX, el partido neofranquista. Mil gracias le tiene que dar Pablo a Albert porque, con un celemín de inteligencia en el partido naranja, hoy el socio preferente del PSOE sería Ciudadanos. Pero esto no le va a servir siempre y puede que Podemos no llegue vivo a otro Vista Alegre. Los vaivenes de Pablo Iglesias pueden arruinar al partido. Podemos debería definir su posición entre estas dos orillas: la orilla que empuja al PSOE a posiciones de izquierdas y la otra, la de no permitir que ni por activa ni por pasiva, que sea cual sea el resultado de las negociaciones con el PSOE, no va a permitir que gobierne la derecha, sea cual sea el maridaje gubernamental de ésta. Lo ha dicho Junqueras desde la cárcel para ERC.

Seguimos y el siguiente más apurado es VOX, y no tanto por su ideología del –que no se tiene duda– sino por sus pactos y apoyos. VOX ha perdido la mitad de los votos en las elecciones europeas respecto a las generales del 28A. Cabe pensar –y así lo piensan en el partido por lo que dicen– que la causa de esa pérdida es el cheque en blanco que dieron en Andalucía al PP y Ciudadanos. Fue un error para ellos y, si repiten la jugada, corren el riego de desaparecer o de convertirse en testimoniales, parcos herederos de un franquismo que volvería a refugiarse vergonzosamente –con razón– en el PP. Y me refiero también a sus votantes y no solo a los militantes de ambos partidos. Ganaron en el 36 del siglo XX con las armas y tomaron Madrid, pero hoy Madrid puede ser su tumba política.

Ciudadanos es el que más difícil lo tiene. Intentaron el sorpasso, se envalentonaron con un supuesto sorpasso al PP merced al cordón sanitario al PSOE, merced a sus mentiras sobre supuestos pactos de Pedro Sánchez con los independentistas –desmentidas por la no aprobación de los supuestos y el voto en contra para Iceta para la presidencia del Senado–, y vinieron al mundo de la política de ámbito nacional con la careta de la regeneración democrática frente a la corrupción del PP y del resto y, a las primeras de cambio, cuando su voto era decisivo y no testimonial, dieron la Comunidad andaluza al PP, al partido que dicen intentar regenerar y sorpasar. Entonces VOX les regaló sus votos y, por tanto, el de sus votantes, pero ahora se muestran renuentes. Digo renuentes porque decir convencidos me parece ingenuo. No obstante, algunos de sus cargos y líderes –o supuestos líderes, que nada es seguro– ya se han pronunciado contra cualquier negociación con VOX; menos aún, claro, con lo de negociar cargos cosejiles o municipales. Ciudadanos está en su momento crucial, deben definirse definiendo sus pactos, sus acuerdos gubernamentales, momento donde ya no valen declaraciones de principios, planteamientos supuestamente ideológicos, porque sus actos los definirán, sus acuerdos con VOX, sus apoyos con VOX para sí o para el PP –el colmo de la estupidez– los definirán de aquí a la eternidad. Luego ya no podrán rectificar porque entonces sus palabras serán sonidos que nada significarán, graznidos en el desierto, porque las palabras se las lleva el viento, pero los cargos -propios y ajenos- y cómo fueron obtenidos quedarán: se habrán casado con VOX hasta que la muerte les separe.

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