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El paisaje crepuscular del poder: Región de Murcia

Francisco Saura Pérez | Coordinador de Administración Autonómica de FSC-CCOO Región de Murcia

Francisco Saura Pérez | 18 de enero de 2018

Se podría pensar que el PP era un partido neoliberal, que recelaba de la intervención pública en la economía y que concebía la gobernanza como una asociación civil sin intervención alguna en la regulación del mercado y sin la búsqueda de ningún fin práctico o teórico

Se inauguraba la IV Legislatura en la Asamblea Regional de Murcia con el Primer Gobierno del PP presidido por Ramón Luis Valcárcel. Transcurría el año 1995 y los diarios regionales se estrenaron con la noticia de que se iba a hacer un cribado en la Administración Pública Regional a la busca, y no sabemos si captura, de “funcionarios ociosos”. La inspección por pasillos, rincones y apartados despachos de los edificios públicos acabó en una frustante constatación: no solo no había funcionarios ociosos sino que algunos servicios adolecían de los mismos para su funcionamiento normal. Se podría pensar que el PP era un partido neoliberal, que recelaba de la intervención pública en la economía y que concebía la gobernanza como una asociación civil sin intervención alguna en la regulación del mercado y sin la búsqueda de ningún fin práctico o teórico. Sin embargo todo eso vendrá después y posiblemente no será de la mano de ningún gobierno con presencia del PP. Por entonces, hablamos de los últimos y felices años del Siglo XX, el Primer Gobierno del PP hizo pocos cambios radicales en la Administración Regional. Los vientos eran propicios (en 1996, Aznar fue nombrado presidente en Madrid), la economía mantenía su crecimiento después de la crisis de 1993, se atrevían a dilapidar el dinero con el peaje en sombra de la Autovía del Noroeste, que ciertamente dinamizó aquellas tierras frías, hermosas y que habían sufrido un fenómeno migratorio muy intenso, y decidieron hacer algunos regalos, como la gestión privada de las ITV en 1997.

No recordamos si fue por aquella época cuando por las consejerías comenzaron a aparecer las asesorías técnicas que utilizaban sin recato los recursos públicos en detrimento de la contratación de funcionarios seleccionados mediante procesos selectivos competitivos de conformidad con la Constitución y el pronunciamiento del Tribunal Constitucional. Todo aquello fue creciendo hasta al menos 2011, queremos decir la creación de una administración paralela sin ningún control público. Y llegado a este punto, podríamos dar un salto al futuro sin red y presentarnos en la sede del PP para escuchar (el diario La Opinión nos las transcribe) las palabras del Concejal de Fomento del Ayuntamiento de Murcia, Roque Ortiz: “hay mucha gente que está donde está gracias a vosotros y gracias al Partido Popular (…) que no se le olvide a la gente que trabaja en las concesionarias, que no se le olvide a la gente a la que hemos conseguido un trabajo. Todo esto que no se olvide (…) el que no se acuerda de las cosas es un marrano y puede ser que cuando vengan otros, que puede pasar , que puede pasar, que los pongan en la calle”. Desconocemos lo que ha ocurrido en el Ayuntamiento de Murcia, o lo que puede ocurrir, e incluso lo que pudo pensar el alcalde de Murcia cuando escuchó a su Concejal de Fomento, que, para más abundamiento, insinuó que se iba a gastar dinero público obviando la Ley de Contratos del Estado. Hay gente que decide ser esclavo de sus palabras, pero con toda certeza, esto no ocurría antes. Lo de las diatribas y lo de evitar la simulación para definir prácticas que forman parte de combates inmorales. No al menos en el Partido Popular.

Lo cierto es que parecemos asistir a un paisaje crepuscular en el interno de un partido que ha gobernado más de 20 años en la Región de Murcia. Por ahora nada comparable al aquelarre que vivió el PSRM en los primeros años noventa del Siglo XX. No sabemos si de aquí a mayo de 2019 se podrán escribir relatos que pongan los pelos de punta, relatos que hablen de gente del PP devorando a gente del PP, de cruda supervivencia en la clásica escena de un transatlántico hundiéndose en las frías aguas de la costa de Escocia. Todo es creíble.

Como ya hemos dicho, el Primer Gobierno Valcárcel decidió que no había funcionarios ociosos en 1995. Se debería añadir que tampoco los hay en 2017 y que la media de edad de los mismos supera los cincuenta años. La mayoría de ellos proviene de las transferencias de los primeros ochenta y de la asunción de los servicios sociales acordados en 1995. Desde 1995 hasta 2012, las oposiciones para seleccionar personal público fueron la excepción y la mayoría de las necesidades fueron satisfechas mediante privatización de servicios y las asesorías técnicas, figura que siempre ha provocado el rechazado de los funcionarios que accedieron al empleo público mediante procesos selectivos competitivos, o que trabajan en la Administración Regional en función de su mejor derecho en bolsas de trabajo constituidas por los opositores que no accedieron a la fijeza en las pruebas selectivas. A partir de 2012 se produjo una destrucción intensa de empleo público y la figura de la asesoría técnica fue paulatinamente desapareciendo de las consejerías y edificios públicos. Lo que no quiere decir, en el caso de la segunda, que se hayan recuperado servicios anteriormente privatizados y entregados a las concesionarias de las que habla y de las que no habla el concejal de fomento del Ayuntamiento de Murcia. En realidad, los momentos crepusculares de los partidos políticos hacen que las lenguas se afilen y que se recurra al crudo idioma de la supervivencia de las organizaciones. Es un lenguaje que habla de traiciones, de grabaciones no consentidas, de creación de facciones, de la búsqueda de la salvación sobre los cadáveres de los antiguos compañeros. Pero también es un tiempo de proveer alimento para el invierno que se acerca, de hacer perdurables fidelidades. En definitiva, de dejar el terreno sembrado para el futuro retorno.

Se ha escrito que la edad de oro de los expresidentes es la de su retirada de la política. Algo debe haber de cierto si miramos a la villa y corte de Madrid y a la llamadas puertas giratorias entre política y empresa. Son muchos los motivos que se arguyen para explicarlo. Seguramente el tipo de gobernanza que se ejerce es uno de los fundamentales, también confundir el interés general con el interés particular, o el regalar dinero a espuertas o convertir en perpetua una concesión pública, o regalar recursos públicos, o soslayar los principios de igualdad, mérito y capacidad para acceder a un empleo público, o inventarse un arca (de Noé) a los pocos meses del desalojo del poder.

Vivimos meses terminales para algunas formas de concebir y ejercitar el poder. En esos momentos hay que contemplar el paisaje en toda su extensión, no sea que del mismo desaparezcan elementos esenciales sin los que no podríamos vivir la vida como la queremos. En eso estamos.

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