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El nuevo orden global será la dictadura digital

Pedro Luis Angosto |

Pedro Luis Angosto | 13 de febrero de 2020

Que estamos ante la revolución tecnológica más importante de la historia creo que ya nadie lo pone en duda. Las dos anteriores causaron un enorme impacto en el modo de producción, en el traspaso masivo de personas del campo a la ciudad, en la acumulación de capitales y en el reparto del mundo entre de cuatro grandes potencias. Sin embargo ésta, la tercera, tiene dos características que la diferencian con nitidez de sus antecesoras: Es la primera vez en la historia de la Humanidad que un grupo pequeño de hombres pueden dominar el mundo entero sin moverse de un despacho pasándose por el forro las decisiones de gobiernos y parlamentos estatales; al mismo tiempo, también es la primera vez que un cambio de la envergadura del que estamos viviendo con afectaciones muy graves para la vida de las personas y la naturaleza no suscita la más mínima protesta sino que parece ser aceptada -pese a los infinitos daños que causa- con absoluto regocijo por la ciudadanía, tanto de lo países ricos como de los países pobres: Tener un móvil compensa todas las humillaciones, sacrificios y penalidades, incluso justifica la existencia. Hasta ese extremo inaudito nos ha lleva esta revolución en ciernes, a la lobotomización masiva de miles de millones de individuos que ya no sueñan con un mundo mejor sino con la nueva ap o el próximo dispositivo.

Hace unos días supimos que varias empresas tecnológicas nacidas en el Valle del Silicio tienen un producto bruto próximo, igual o superior al de España, es decir que una sola esas empresas, monopolizando el mercado, produce tanto como el conjunto de todas las empresas españolas sin pagar impuestos, con pocos trabajadores y destruyendo empleo en todo el mundo. Son Google, Facebook, Apple, Amazon y Cisco, empresas a las que siguen otras tantas que en breve nos harán ver que el trabajo es cosa del pasado y la democracia también.

Las nuevas tecnologías serán buenas para todos cuando hayan sido domesticadas y puestas al servicio de la Humanidad, reglamentado las nuevas realidades laborales, disminuyendo la jornada laboral, haciendo cotizar a las máquinas que sustituyen a personas y sometiéndolas al interés general y a la leyes emanadas de los Parlamentos

Desde el silencio de los valles californianos, desde talleres en principio familiares, desde la soledad del algoritmo, con los Beach Boys de fondo, nacieron una serie de proyectos que ni siquiera sus precursores sabían dónde acabarían, y mucho menos que terminarían por estar por encima de gobiernos, parlamentos y jueces de todo el planeta. Tengo que afirmar que, sin caer en teorías conspiranoicas porque no están de moda, me resulta extraña la facilidad con la que se han extendido esas empresas de manipulación del conocimiento y del pensamiento que hasta la fecha -la tecnología si es dominada por el ser humano y en provecho de todos siempre es buena, de momento no es así, todo lo contrario- no han aportado nada bueno para el bienestar, la libertad y el progreso del Hombre.

Google es el mayor y más frecuentado buscador de información de internet, pero no es sólo eso. A esa empresa particular con vínculos muy claros con determinadas agencias de seguridad, se le ha permitido fotografiar por cielo, tierra y agua hasta el último rincón del planeta, puerta por puerta, terraza por terraza, bancal por bancal, monte por monte, no hay ni un rincón del mundo que no esté fotografiado por esa multinacional en principio nacida para facilitar la búsqueda de información diversas en la red. ¿Cómo es posible que Estados soberanos hayan consentido que una empresa, en principio particular, haya fotografiado todo su territorio posibilitándole tener más información sobre el mismo de la dispones el propio Estado? ¿A nadie se le ocurrió que esa información a escala planetaria es valiosísima y pone al servicio de la potencia dominante un instrumento estratégico de primer orden para someter a países y personas?

Facebook, otra de las grandes joyas de la corona yanqui, nació con una red social de intercambio de opiniones, información, bobadas y chascarrillos. Sin embargo, no es eso, es algo más, evidentemente es una red porque tiene un poder de adicción enorme y porque mucha gente ya no busca información fuera de ella. Como peces en un acuario, creemos que más allá de los cristales no hay nada, y que si lo hubiese no sería interesante. Facebook y similares han dado voz a muchas personas que hasta ahora eran sólo oyentes, pueden colocar sus fotografías, dónde han ido, que han comido o cuando cumple años su niñito precioso. Empero, el algoritmo de facebook selecciona las personas con las que no se relaciona y la información que recibe, permite la publicación de bulos, infundios y enredos, y vía publicidad o vía noticias perfectamente colocadas, es un perfecto sistema de manipulación, aborregamiento y embrutecimiento del personal: Casi imposible distinguir lo cierto de lo falso, lo conveniente de lo inconveniente, lo razonable de lo vituperable. Aún así, seguimos considerando a esa y otras redes similares como medios que han democratizado la expresión y permiten actuar contra lo injusto. Nada más lejos de la realidad. Comparto una denuncia, una convocatoria, una protesta, de las mil personas que me siguen la verán veinticinco que además recibirán otras muchísimas informaciones disuasorias. Eso sí, no tendrás problema alguno en colocar cada vez que te parezca tu nueva foto de perfil o la del rosario de tu madre.

Apple, la empresa de ese hombre que al principio perdió la batalla con Bill Gates y que al final parece que, después de muerto, la está ganando. Es, de momento, hasta que China supere los virus de todo tipo a que será sometida en los próximos años, la reina de los móviles, que es tanto como decir del mundo. Quién lo iba a decir, poder tener en un aparato más pequeño que un transistor películas, fútbol, teléfono infinito, cámara fotográfica, vídeos, música, linterna, toda la pintura del mundo, los vinos según Parker y el color de las mariposas. ¿Para qué quieres vivir, soñar, protestar, crecer, discutir, leer, escuchar al que de verdad sabe, admirar si todo y mucho más de lo que puedas imaginar te lo proporciona ese aparatico desarrollado por Steve Jobs, aquel a quien llamaron “visionario”? 

Qué decir, para concluir, de Amazon, esa empresa que trata de convencerte de que salir a la calle es malo, que Jeff Bezos es el genio de tu lámpara maravillosa, de una lámpara que se pondrá en movimiento con tan solo pasar tu tarjeta de crédito por su lomo. En veinticuatro horas, sin moverte del sofá, tras un merecido descanso tras las dos horas en el gimnasio, recibirás lo que hayas pedido sin tener que deambular por las calles de tu ciudad viendo a negros, gitanos, hindúes; sin tener que conversar con el dependiente que te ofrece ayuda. Y si después echas de menos la cañita y la tapa, tampoco hay problema, basta con llamar a una empresa de esclavos en bicicleta y todo solucionado.

Las nuevas tecnologías serán buenas para todos cuando hayan sido domesticadas y puestas al servicio de la Humanidad, reglamentado las nuevas realidades laborales, disminuyendo la jornada laboral, haciendo cotizar a las máquinas que sustituyen a personas y sometiéndolas al interés general y a la leyes emanadas de los Parlamentos. Entre tanto, y a día de hoy, por el volumen económico que han alcanzado, por la capacidad que tienen para manipular y vigilar a la población, por sus estrechos vínculos con la potencia hegemónica  y por que se mueven al margen de las leyes del país en el que actúan, son una amenaza gravísima para la democracia. El nuevo fascismo está llegando por ahí.

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