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Las nuevas caras de la pobreza o la vuelta al capitalismo del siglo XIX

Carlos Martínez García | Politólogo, de la plataforma socialista pro PSF

Nuevatribuna | 30 de Marzo de 2019

La pobreza inducida que sufrimos se ha dado a base de recortes salariales, salarios de miseria, millones de falsos autónomos, destrucción del pequeño comercio, de la agricultura familiar, cierre de empresas medianas y traslados masivos de grandes factorías

El mayor reto de la politica en nuestros días, si quiere ser útil de las personas es acabar con la pobreza. La pobreza inducida. El empobrecimiento que sufrimos las clases populares ha sido provocado al igual que la brecha salarial entre mujeres y hombres, lo es. Se nos dice que la causa es la crisis. No estamos ante una simple crisis capitalista (Ha habido docenas y estamos ahora entrando en otra, tal y como la ciencia marxista ha demostrado y demuestra) y para superar esas crisis desde 2008, se imponen recetas más o menos liberales o más o menos ultra-conservadoras. No. Estamos ante una nueva fase de la lucha de clases en la que los capitalistas en Occidente, en Europa UE, al objeto de resituarse en el nuevo mundo globalizado y con competidores sin derechos ni libertades, necesitan empobrecer y laminar derechos sociales de las poblaciones al objeto de seguir amasando grandes fortunas y seguir dominando, sin importarles el clima o la tierra. Para conseguirlo les sobra además la democracia. Llegamos en nuestros días al trumpismo. Cualquier neoliberal, liberal o socioliberal que lea estas líneas me llamará demagogo. Bueno pues veamos.

En primer lugar y desde la contra-revolución conservadora de Reagan y Thatcher en la última década del siglo XX, los salarios, las pensiones, las condiciones de trabajo, no han hecho sino empeorar. La globalización ha transformado el capitalismo en financiero, ha destruido millones de empleos y ha perseguido con saña al estado del bienestar y las conquistas sindicales de la clase obrera. Lo que es peor, ha conseguido hacer de la simple explotación, ciencia económica.

Ha encontrado el capitalismo globalizado aliados como la tercera vía socioliberal o a sindicatos domesticados tras duras derrotas. Ha hecho creer que pagamos demasiados impuestos con el objetivo real de que ricos, grandes fortunas y multinacionales, sencillamente paguen menos o no los paguen. Han creado una competición internacional al objeto de ver en qué país o estado se pagan peores sueldos, no hay derechos laborales o sociales y no pagan nada, ellos, por hacer negocio. A eso le llaman competitividad, lo que quiere decir en cristiano, precariedad, uberización económica y pobreza.

Los capitalistas además están imponiendo el hacer de lo público negocio y para ello con el consentimiento de muchos políticos y políticas nacionales, regionales o locales privatizan el agua, la luz, las basuras, los transportes públicos o los servicios sociales y culturales. Todo esto implica aumentos de precios, menos calidad en el empleo y nulo control democrático.

La pobreza inducida que sufrimos se ha dado a base de recortes salariales, salarios de miseria, millones de falsos autónomos, destrucción del pequeño comercio, de la agricultura familiar, cierre de empresas medianas y traslados masivos de grandes factorías. En su lugar empresas como Amazón o Uber imponen un nuevo modelo laboral y de explotación que raya en la esclavitud, negando relaciones laborales con plenos derechos. Esto hay que frenarlo y ya. Sería bueno saber ante las elecciones tanto generales como municipales, quienes están por defender el modelo social y la democracia, pero de verdad y sin miedos y quienes están por ceder a las presiones de las energéticas, del capital y las nuevas empresas o mejor dicho capitalismo colaborativo, en realidad puro capitalismo decimonónico, solo que con aplicaciones de internet.

Lo peor no es eso solo, es que el capitalismo, nos ha convertido a las sociedades occidentales en cómplices de su nuevo modelo. No vamos al comercio de proximidad. Alquilamos “apartamentos turísticos” que provocan desahucios y expulsan a poblaciones autóctonas. Consentimos que se privatice la ciudad, sus aceras y hacemos de las plazas inmensas tabernas, en lugar de lugares de paseo. Buscamos lo más barato sin pensar que muchas veces los productos y alimentos que compramos están manchados de sangre y sufrimiento humano por ahorrarnos un euro como mucho.

Pero hay otras formas de inducir la pobreza y es por ejemplo en el reino de España, abusando de las tarifas eléctricas a base de extorsionar a una población cautiva de grandes oligopolios eléctricos, con precios de luz abusivos y que les cuesta pagar. Cuando esto, todo esto tiene solución y en este caso concreto pasa por nacionalizar la producción y comercialización de las eléctricas. No hay otra.

Finalmente la corrupción. La corrupción institucional es pobreza inducida. Para que haya políticos y jefes de estado corruptos, deben haber capitalistas y multinacionales corruptoras. Grandes chanchullos que encarecen los servicios públicos para que grandes empresas ganan más a costa de las clases populares. Reformas laborales y reducción de derechos al objeto de que las personas tengan peores salarios y miedo a perder su empleo, también eso es corromper las instituciones en favor de las grandes fortunas. Por eso somos más pobres y hay más pobreza, “es el capitalismo, estúpido”.

Ante esto, la politica vuelve a ser clave al objeto de conquistar la dignidad, la libertad y la democracia. Pero esto siempre va a encontrar la oposición de los poderes y por tanto harán falta partidos que se opongan no solo al poder ilimitado de los poderosos y controlarlos, sino a cambiar la sociedad. El socialismo es una forma diferente, diferente al capitalismo, de organización social, económica y democrática, por eso hacen tanto daño aquellas y aquellos que utilizan su nombre en vano.

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