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La casa por el tejado

Héctor Maravall | Abogado

Nuevatribuna | 11 de julio de 2019

Es lógico que Pedro Sánchez quiera un gobierno monocolor. También es lógico que Pablo Iglesias defienda un gobierno de coalición. Y aun es mucho más lógico que la ciudadanía española este más que harta, sin gobierno dos meses y medio después de haberse celebrado las elecciones generales.

Los socialistas españoles tienen una amplia experiencia de gobiernos de coalición con partidos de la izquierda en el ámbito municipal, y por lo general siempre han resultado positivos. En el ámbito autonómico, aunque en menor número, también ha habido gobiernos de coalición de la izquierda con buenos balances. Gobiernos de coalición que en la última legislatura han tenido en algunos territorios como protagonistas a los socialistas y a Podemos o a Unidas Podemos.

Y en la actual legislatura se está reproduciendo ya esta situación tanto en Ayuntamientos como en alguna Comunidad Autónoma.

Es cierto que el PSOE nunca ha compartido gobierno en el ámbito estatal, a diferencia de otros partidos socialistas europeos que tienen una larga tradición tanto con fuerzas de derecha, de centro o de izquierda.

Es evidente que cualitativamente no es lo mismo un gobierno estatal, autonómico o local. Sobre todo, teniendo en cuenta las tareas que tendrán que afrontarse en la próxima legislatura, tanto en materia económica, social o estrictamente política.  

Un gobierno de coalición sin duda es mas incómodo y trabajoso para cualquier presidente de gobierno. Requiere muchas dotes de paciencia y talante negociador. Contar que habrá momentos de desacuerdo, de tensión e incluso de bordear la ruptura. Pero así están las cosas.

Por otra parte, a nadie se le oculta que Unidas Podemos y su grupo parlamentario no es una fuerza política homogénea. Hay posiciones con ciertas diferencias, no ya entre Izquierda Unida y Podemos, sino incluso en el seno de Podemos, por lo que podrían surgir discrepancias en materias importantes como el conflicto con el independentismo catalán o la política económica. Consciente de ello, Pablo Iglesias ha ofrecido un compromiso por escrito de lealtad con lo que sería el gobierno mayoritario de Pedro Sánchez.

En lo que se refiere a Unidas Podemos y más en concreto a las posiciones que está defendiendo Pablo Iglesias, muchos en su lugar harían lo mismo. Los resultados electorales no han sido nada buenos, se han abierto tensiones internas e incluso cuestionamientos de la actual dirección. La entrada en el gobierno sería una indudable compensación ante esos resultados y reforzaría interna y externamente a Pablo Iglesias. Es de cajón.

Parece de sentido común que Unidas Podemos, con nada menos que 41 diputadas y diputados, haga valer su peso parlamentario en la investidura del presidente del gobierno

Pero más allá de esas razones, parece de sentido común que Unidas Podemos, con nada menos que 41 diputadas y diputados, haga valer su peso parlamentario en la investidura del presidente del gobierno. No se trata de “redondear” una mayoría de 176 votos, como podría ser el caso de Compromis o del PNV, sino de aportar casi el 25% de los votos necesarios. Es verdad que el PSOE tiene el triple de parlamentarios que Unidas Podemos y por esa razón Pablo Iglesias ha hablado de una presencia en el Consejo de Ministros reducida y acorde con las notables diferencias entre uno y otro grupo parlamentario.

Por su parte, Pedro Sánchez ha ofrecido una vía intermedia, no desdeñable, como la presencia en segundos niveles de la Administración, que en todo caso se deberían concretar. Porque no es lo mismo, por ejemplo, ser secretario de Estado de la Seguridad Social o secretario de Estado de Presupuestos, que secretario general de Deportes o de Administraciones Públicas.

También debería ser una vía a explorar el ofrecimiento de incluir en el gobierno a personas independientes, de la órbita de Unidas Podemos y que gocen de la confianza de Pablo Iglesias y su equipo. Lo que también requeriría concretar más, ya que no sería igual el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, o el de Fomento, que el Ministerio de Cultura o el de Justicia.

Otra posibilidad que se podría barajar sería empezar con las dos fórmulas señaladas (segundos niveles e independientes) y dar la entrada en el gobierno una vez que hubiera transcurrido un año o año y medio de legislatura, una vez “engrasado” y comprobado el funcionamiento normal del pacto de legislatura.

El problema es que todo esto aparece todavía como “muy verde”, como si estuviéramos en el mero preámbulo de la negociación. Y es ahora cuando Pedro Sánchez constata algo que todos sabemos, como que hay importantes diferencias políticas y con ello justifica la imposibilidad de un gobierno de coalición que estaría sumido en una indeseable inestabilidad.

Las diferencias de hoy entre Unidas Podemos y el PSOE siendo importantes, lo son mucho menos que hace 5 años

¡¡¡Claro que hay profundas diferencias!!! ¡¡¡Son dos partidos distintos!!! Pero nadie puede negar que el Podemos de hoy, el Pablo Iglesias de hoy, han evolucionado, a mejor, desde hace cinco años a esta parte. La experiencia parlamentaria, autonómica y local ha sido decisiva para su maduración y asentamiento. Las diferencias de hoy entre Unidas Podemos y el PSOE siendo importantes, lo son mucho menos que hace 5 años.

Por ello resulta imprescindible hacer lo que los sindicalistas llevan haciendo toda la vida, sea con la patronal, con los gobiernos o con ambos. Crear equipos de negociación, sentarse en una mesa de trabajo, formular propuestas en papel e ir discutiendo, acordando y cerrando las más sencillas y dejando aparcadas provisionalmente las más complicadas.

Lo malo es que ese proceso, el abc de una negociación entre distintos, debería haber empezado la primera semana de mayo. Y a estas alturas podríamos ya saber de qué estamos hablando realmente. Personalmente me sorprende bastante que Pablo Iglesias no se haya aferrado a esta metodología negociadora y se haya enzarzado en la fórmula de gobierno, lo que en mi opinión es empezar la casa por el tejado.

Es obvio que un acuerdo programático, “con substancia”, tendría un buen respaldo entre las bases de Unidas Podemos y ayudaría a despejar las enormes reticencias que en la dirección del PSOE hay ante un acuerdo con Unidas Podemos.

En todo caso, la única vía inaceptable es que no haya acuerdo. La repetición de las elecciones sería un desastre mayúsculo para la izquierda. Pablo Iglesias debe asumir que un segundo fiasco (tras lo que sucedió en febrero del 2016) tendría consecuencias demoledoras para él y para Unidas Podemos. Pedro Sánchez tiene que asumir que unas nuevas elecciones, que generarían fuerte abstención en la izquierda, a lo mejor le daban mas diputados (lo que está por ver) pero sería a costa de Unidas Podemos, por lo que el PSOE seguiría sin sumar una mayoría de gobierno progresista y en ese caso a ver qué hace Pedro Sánchez (y mejor no pensar en otras posibles combinaciones).

Hay tiempo, muy poco, pero hay, aunque tienen que cambiar a fondo la dinámica negociadora.  

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