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El Muro o Muralla de Adriano

Edmundo Fayanas Escuer | 05 de febrero de 2020

El reinado de Adriano había comenzado con los peores augurios. A la muerte de Trajano, su predecesor, en agosto del año 117, la situación era crítica para Roma. Se habían sublevado tanto los judíos como los territorios recientemente conquistados por Trajano en su campaña contra los partos, como Mesopotamia y Armenia y había problemas en otros lugares.

De la región de Britania llegaban terribles noticias. Se hablaba de la imposibilidad de seguir dominando la isla y de un gran número de romanos muertos en combate en su lucha contra las tribus britanas.

El fuerte de Birdoswald es uno de los mejor conservados. Construido a partir de la tala de árboles necesaria para la construcción del muro de Adriano. Se mantuvo ocupado durante todo el periodo en que se mantuvo vigente la provincia romana de Britania​

El emperador descubrió que el poder de Roma tenía límites, realidad hasta entonces inconcebible para un romano. Adriano eligió salvar el Imperio y abandonar las últimas provincias conquistadas por Trajano, que tanta resistencia oponían. Roma debería conservar sus fronteras y fortalecerse en su interior.

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El veintiuno de abril del año 121, el emperador Adriano celebró el aniversario de la fundación de Roma. En la tradición romana, la superficie de la ciudad de Roma sólo podía ser acrecentada por quienes hubiesen añadido nuevas provincias al Imperio, lo cual no era el propósito de Adriano, que se limitó a restaurar los límites tradicionales. El mensaje estaba claro: el tiempo de la expansión romana se había terminado.

Pocos días más tarde, el emperador abandonaba Roma para realizar una gira por las provincias occidentales: Galia, Germania, Britania e Hispania. La expedición tenía una clara intención militar. Por una parte, el emperador se esforzó por restaurar la disciplina en los cuarteles. Perdida la expectativa de nuevas conquistas, la vida de los soldados tendía a relajarse y a rodearse de comodidades impropias de la existencia militar, cuya disciplina y dureza el emperador Adriano se empeñó en restaurar.

Es una antigua construcción defensiva de la isla de Britania, que fue construida entre los años 122 y 132 d. C. por orden del emperador romano Adriano para defender el territorio britano sometido, al sur de la muralla, de las belicosas tribus de los pictos que se extendían más al norte del muro, en lo que llegaría a ser más tarde Escocia a tras la invasión de los escotos provenientes de Irlanda.

En su construcción participaron las tres legiones que se encontraban en Britannia, la Legio II Augusta, la Legio VI Victrix y Legio XX Valeria Victrix, junto con destacamentos de la classis Britannica y la flota naval de las islas.

La muralla tenía como función también mantener la estabilidad económica y crear condiciones de paz en la provincia romana de Britannia al sur del muro, así como marcar físicamente la frontera del Imperio Romano.

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Adriano tenía nuevos planes para la provincia de Britania. Consciente de que el deterioro de la guarnición era la causa última de los problemas que la isla había vivido, organizó el traslado de algunos contingentes desde provincias vecinas. Un tal Pontio Sabino fue el oficial encargado de llevar tres mil legionarios de refuerzo. Provenían tanto de Germania como de la legión VII Gemina, acantonada en Hispania. Esta legión es la permanecerá siempre en Hispania.

No fueron éstos los únicos soldados que llegaron de la península Ibérica. Al menos la I Cohorte Hispana, una unidad auxiliar, fue también trasladada a la isla. El emperador se hizo acompañar de la legión VI Victrix, que hasta entonces había tenido su cuartel en Vetera, la actual Xanten, en Alemania.

Pero estos refuerzos no estaban destinados a reiniciar la conquista, sino a reforzar la frontera. En la línea entre el río Tyne y el golfo de Solwey, límite efectivo de la dominación romana, ya se habían levantado algunas infraestructuras fronterizas. La más importante de ellas era la vía militar que la recorría de este a oeste, la Stanegate, la “carretera de piedra”.

A lo largo de esta vía se habían construido algunos fuertes y torres de vigilancia. Este sistema no era nuevo: en Oriente, para vigilar el desierto, se había construido del mismo modo la Vía Trajana.

Los planes de Adriano iban más allá. Al llegar a Newcastle ordenó construir un puente que uniera ambas orillas del río Tyne. Este puente, que recibió en su honor el nombre de Elio, habría de ser el inicio de la más importante obra militar construida bajo su reinado: el muro que uniría las dos orillas del mar.

El sentido político y militar de aquella obra sigue siendo objeto de debate. Deberíamos desterrar la pretensión de comparar el muro de Adriano con las murallas de una ciudad antigua, capaces de resistir un asalto. Ni su altura ni la anchura de su adarve o camino de ronda parecen suficientes para ofrecer una resistencia efectiva. Además, su enorme longitud impediría una distribución eficaz de las fuerzas romanas.

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Evidentemente, un grupo organizado de bárbaros podría asaltar el muro por algún punto determinado sin que las legiones fueran capaces de frenarlo. La derrota de estos posibles invasores debería realizarse ya sobre suelo romano.

Por eso, al sur del muro se mantuvieron los grandes fuertes para las legiones y las unidades auxiliares, que debían proporcionar la necesaria defensa en profundidad. Por otra parte, no debe olvidarse que el muro estaba sembrado de puertas.

A lo largo de cada milla romana (unos 1.480 metros) se había construido una puerta, con lo que la estructura presentaba numerosos puntos débiles. Sólo una fuente antigua habla explícitamente del muro. La biografía de Adriano en la Historia Augusta informa del propósito imperial: “Fue el primero que trazó un muro, de ochenta mil pasos, para separar a los bárbaros de los romanos”.

Este pasaje proporciona la clave para entenderlo. Aunque construido por las legiones y vigilado por tropas auxiliares, el valor del muro estaba en su capacidad de regular los límites de la vida civilizada, de canalizar los intercambios entre el suelo romano y el bárbaro. Cuando las gentes del norte quisieran comerciar en tierras romanas, las puertas del muro se abrirían tras los necesarios controles de seguridad y tras haber pagado los portoria, los impuestos a la importación, aspecto este muy importante, para poder hacer frente a los gastos de tan ingente fuerza militar.

Otro tanto ocurría con los mercaderes romanos, que quisieran vender sus productos en territorios no ocupados. Además, las patrullas romanas que continuaron recorriendo las tierras al norte del muro tenían en él el soporte logístico y operativo para realizar sus tareas con seguridad.

El muro se convirtió en una frontera abierta, pero bien controlada, que habría de permitir no sólo la consolidación de la vida civilizada en las tierras del sur, sino una relación pacífica y ordenada con los bárbaros del norte.

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Hoy día todavía se conservan importantes tramos de la muralla, mientras que otras zonas de estas han desaparecido, al haber sido reutilizadas sus piedras en construcciones vecinas durante siglos.

Este limes fortificado se extendía durante 117 km desde el golfo de Solway, en el oeste, hasta el estuario del río Tyne en el este, entre las poblaciones Newcastle Wigton. La muralla en sí estaba construida en su totalidad con sillares de piedra, tenía un grosor de 2,4 a 3 m y una altura de entre 3,6 y 4,8 m. Entre cada par de milecastle se situaban dos torres de vigilancia.

Contaba con 14 fuertes principales y 80 fortines que albergaban guarniciones en puntos clave de vigilancia, así como un foso en su parte septentrional de 10 m y un camino militar que la recorría por su lado meridional. Más al sur del camino militar construyeron otro foso con dos terraplenes de tierra para proteger la muralla de ataques desde el sur.

Su nombre se usa en ocasiones como sinónimo de la frontera entre Escocia e Inglaterra, aunque el muro sigue una línea más al sur que la frontera moderna.

Su función defensiva fue asumida posteriormente por la muralla de Antonino Pío, que ya hemos visto, levantada más al norte y abandonada tras un breve período ante la hostilidad de las tribus caledonias, volviendo la muralla de Adriano a ser el límite septentrional del territorio romano de Britania.

Los pictos atravesaron la muralla en tres ocasiones, en los años 197, 296 y 367. Fue reparada y ampliada en el año 209, durante el reinado de Septimio Severo, y definitivamente abandonada en el año 383. Después de su abandono, los habitantes de la región reutilizaron muchas piedras de la muralla para construir granjas, iglesias y otros edificios.

En los siglos III y IV d. C, el muro de Adriano y sus construcciones fueron objeto de diversas reformas y remodelaciones, siendo la más significativa la realizada por el emperador Septimio Severo.

f5El fortín de Cawfields

La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad en el año 1987.

Principales fuertes y fortines del muro de Adriano

El área mejor conservada del muro de Adriano en su tramo central, al noroeste de Hexham. En esta zona se encuentran los fuertes más interesantes, como son los de Housesteads y Chesters, y elfuerte y vicus de Vindolanda, cuyo museo cuenta con una importante colección de objetos,entre lso que debemos destacar las famosas “Cartas de Vindolanda”.

Estos eran unos fragmentos de madera con inscripciones en latín, donde los que vivían en el fuerte y su vicus (el pueblo) dejaron constancia de su día a día y de sus costumbres. Se conserva, por ejemplo, una tablilla con una invitación de cumpleaños de una dama a otra. Por ejemplo hay una tablilla donde un militar de alto rango le pide al líder del fuerte que les mande más provisiones de cerveza.

En este fuerte se ha localizado la mayor colección de objetos de cuero romanos de todo el Imperio. Más de tres mil zapatos, algunos en perfecto estado de conservación, bolsos, cubos y hasta restos de tiendas de campaña. Todo esto se puede ver en el fascinante museo que hay en este fuerte romano. Justo al lado hay una reconstrucción de un templo, en un enclave precioso a orillas del río.

Parece ser que el emperador Adriano permaneció en dicho fuerte debido a su rica construcción con incluso pinturas murales. También se hallaron más de 1300 tablillas en Vindolandia, acabadas en madera y que fueron utilizadas como correspondencia

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Las exposiciones y películas interactivas que se proyectan en 3D, te permitirán descubrir cómo era la vida de un soldado romano en el límite del imperio: cómo se distribuía el ejército, qué tipos de trabajos hacían, cómo era su día a día y mucho más.

También debemos destacar los fuertes de South Shields situado en el este y el de Birdoswald en la parte oeste.

El fuerte de Birdoswald es uno de los mejor conservados. Construido a partir de la tala de árboles necesaria para la construcción del muro de Adriano. Se mantuvo ocupado durante todo el periodo en que se mantuvo vigente la provincia romana de Britania.

Se trata de la planta básica de construcción de fuertes romanos, su puerta norte quedó totalmente adosada al muro. Precisamente era una de las seis con las que contaba el fuerte, cada una de ellas contaba con dos torretas defensiva.

Dentro de las murallas de unos dos metros de altura, se construyeron los habituales barracones, edificios administrativos, e incluso dos graneros, que hoy día se observan perfectamente.

El fuerte de Vercovicium, en Housesteads, se erigió hacia 124 d.C., poco después de la construcción del muro de Adriano. Fue abandonado en el siglo V. Los restos del granero se cuentan entre los mejor conservados del fuerte de Vercovicium. La imagen muestra los pilares que sostenían el pavimento de madera.

Conocido en tiempos del Imperio como “Vercovicium”. Su misión a parte de la evidente defensa del muro de Adriano, fue la de acoger una cohorte de 800 legionarios de la tribu de los Tungrians, originarios del norte de las Galias, lo que hoy correspondería a Bélgica.

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Su planta rectangular es la habitual en este tipo de construcciones, tiene 4 puertas aunque dos de ellas quedaron inutilizadas. En su interior encontramos los restos de varios edificios entre ellos, la casa del comandante, un granero que a simple vista puede parece unas termas por la elevación de suelo, letrinas o los edificios destinados al alojamiento de los legionarios.

Fuera del mismo podemos observar los restos de un pequeño poblado extramuros, además de un tramo del muro de Adriano con un buen estado de conservación.

El fuerte de Corbridge nos presenta los restos más antiguos que serían del año 85, es decir cuatro décadas antes de la construcción del muro, durante la fase de conquistas del gobernador Agrícola. Desde ese momento se sucedieron las construcciones y destrucciones, de diferentes fuertes romanos hasta la construcción del muro.

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Está situada unos cuatro kilómetros al sur del muro en las cercanías del rio Tyne. Su crecimiento correspondió especialmente entre los años 140-160, es decir el periodo donde la frontera se expandió 150 kilómetros al norte con la protección del muro de Antonino. El motivo fue que se convirtió en el centro de suministros de la conquista de los territorios de los Pictos. Gracias a esto la ciudad creció alrededor del fuerte romano.

f9El fuerte de Birdoswald

A la altura del fortín 39 del muro de Adriano, llamado Castle Nick, en Northumberland, el recorrido de esta imponente muralla se eleva hacia un risco a cuyos pies yace un lago interior, Cragh Lough. Al parecer, el fortín estuvo ocupado hasta finales del siglo IV.

Pequeños fortines situados a intervalos regulares jalonaban el muro de Adriano, como el de Cawfields, que vemos reconstruido en la reconstrucción anterior. También debemos destacar como en algunos de estos lugares se conservan sus espacios termales como el apodyterium o vestuario de las termas de Cilumun.

Otro de los aspectos más llamativos del muro de Adriano es la conocida como Roca de Gelt donde podemos contemplar el dibujo de un pene y la caricatura de un comandante romano, así como nombres, rangos y unidades de otros legionarios.

Según ha explicado Rob Collins, arqueólogo de la Universidad de Newcastle, estos dibujos eran algo habitual en la época y ha llegado a catalogar otros 57 ejemplos. Según Rob Collins “Era un símbolo que se utilizaba para evitar las desgracias y, en general, todos los malos augurios, lo sabemos tanto por la forma en que los romanos han escrito sobre el falo en relación con los rituales y la religión, como por la forma en que los arqueólogos han hallado estos símbolos”.

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