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El mundo de las democracias sobrevolado por buitres

Ernesto Ruiz Ureta |

Nuevatribuna | 23 de julio de 2015

La soberanía del pueblo es un concepto que está quedando vacío y anticuado como la libertad de prensa y la justicia imparcial.

La democracia es la forma política de vida en sociedad menos mala, pero en los tiempos en que vivimos está ya muy debilitada y es poco querida por algunos. El capitalismo mediante la globalización económica actual y especialmente a través de la financiarización de la economía ha conseguido que cada vez sea más normal que los bancos, las grandes fortunas y especialmente los especuladores financieros puedan poner en peligro a países en democracia teórica y, como consecuencia, a sus ciudadanos que ya detentan, como es lógico, escaso poder político. La soberanía del pueblo es un concepto que está quedando vacío y anticuado como la libertad de prensa y la justicia imparcial.

La globalización económica que tenemos ha supuesto un gran escollo para la democracia. Dani Rodrik en su obra La paradoja de la globalización plantea su famosa idea del trilema político provocado por la globalización. “Según este trilema, las sociedades no pueden disfrutar simultáneamente de a) mercados completamente integrados internacionalmente; b) un Gobierno democrático, entendido de forma minimalista como que las decisiones políticas relevantes han de gozar de un apoyo social mayoritario, y c) que estas decisiones se tomen en el marco de una estructura política nacional (el “Estado-nación”). La lógica del argumento es relativamente sencilla: la integración en los mercados internacionales en algún momento generará demandas al sistema político nacional (desregulación, cambios en fiscalidad, etc.) que entrarán en conflicto con las preferencias mayoritarias de la ciudadanía. La única forma de hacer que sean manejables las exigencias mayoritarias de los mercados y las demandas mayoritarias de la ciudadanía es haciendo que estas dos fuerzas operen en el mismo nivel: bien en el nacional (lo cual obligaría a renunciar a la integración plena de la economía en los mercados internacionales), o bien en el internacional (lo cual requeriría la transformación de los sistemas democráticos actuales y la creación de formas de articulación de la democracia a nivel supranacional) (1). Parece que esta idea es muy consistente con las situaciones que algunos países están pasando en Europa.

Los fondos llamados “fondos buitres” son otro escollo para la democracia ya que se han especializado en luchar en un mundo globalizado desregularizado; en el que el respeto por los distintos países cae en picado y donde el neoliberalismo hace imperar el darwinismo social internacional; buscan debilidades en aquellos países más pobres que se han visto arrastrados a un mundo de deudas internacionales y atacan a rivales moribundos a los que la globalización neoliberal, competitiva e individualista, sin tanques y sin armamento nuclear, ha dejado tirados en la lona de la indiferencia. Así “los inversores financieros sin escrúpulos [...] lejos de acudir con capitales para generar riqueza y empleo en países en desarrollo [o con dificultades], acudían a los mercados secundarios de deuda externa devaluada por la crisis, para especular incluso planteando costosos litigios internacionales a fin de lograr unos beneficios inalcanzables con transacciones comerciales (2)”.

Se podía leer en el Financial Times mediante la pluma del destacado economista Wolfang Münchau que “No hay nada polémico en la afirmación de que si la deuda es insostenible necesita ser reestructurada”. Parece obvio que si alguien no puede pagar y cualquiera que sepa las fórmulas del interés compuesto sabrá que la bola de nieve de la deuda puede ser un programa muy eficaz para conseguir impagos (default). Pues bien, los fondos buitre han conseguido aprovecharse de este programa injusto y utilizar la técnica del acreedor disconforme o discrepante. Los fondos buitre con esta técnica se niegan a cualquier acuerdo sobre la reestructuración de deuda, entrando en litigios con los países empobrecidos y muy endeudados, litigios que igualmente salen muy caros a las naciones deudoras y muy suculentos para los fondos buitre.

Según una reciente investigación sobre litigios efectuados contra la deuda soberana, el caso de Argentina ha sido el de mayor coste con un total de 3.700 millones de dólares, seguido por el de Brasil con un importe de 1400 millones de dólares. Si en el siglo pasado había pocos casos de litigio contra los Estados y los que había se iniciaban por las entidades bancarias. En el siglo actual en el 90 % de los litigios los que inician las demandas son los fondos buitre con intereses particulares y con una fuerte inclinación a iniciar disputas legales con los países pobres muy endeudados, por lo que son los países africanos con 80 litigios y los de América Latina con 23 los que absorben la mayor parte de las demandas. ¡Esta es la economía libre que tenemos!

El caso de Argentina es paradigmático en el conocimiento de cómo los fondos buitre pueden destrozar a sus víctimas amparadas en la legislación vigente, sin apenas riesgos y sacando pingües beneficios. El fondo buitre NML Capital Ltd., mediante sentencia del juez federal Griesa de Nueva York consiguió obligar a Argentina a que se le pagase toda la deuda soberana que había adquirido por unos centavos de dólar en el mercado secundario, lo que supuso unas ganancias de un 1.600 %. ¡Esto no puede compararse con la economía real! ¡Es mucho mejor! ¡Dónde va a parar! Esto es una muestra de cómo funciona la globalización actual que saca de nosotros los peores instintos y jugosos beneficios.

El temor de los países de la Eurozona a estas reestructuraciones desordenadas que son muy bien manejadas por los fondos buitre junto con una pretensión de aguantar hasta que pueda haber una mayoría más social en Europa, posiblemente puede haber influido en la decisión de Tsipras de aceptar un tercer rescate y la defensa que Podemos ha hecho de esta decisión. En los fondos buitres como en el mundo de los buitres reales la compasión no es un elemento a tener en cuenta. Cómo los buitres, estos fondos se lanzan a por su víctima ante el menor atisbo de debilidad e indefensión sin dejar rastros de vida. Los estados en este mundo desregularizado financieramente ya no son inmunes a los impagos de la deuda soberana y, por tanto, les puede salir muy caro a sus ciudadanos, especialmente a los más pobres.

Como dice el Papa Francisco “Tenemos que corregir un sistema económico estructuralmente perverso, en el que los ricos explotan a los pobres”. Y yo diría más, el dinero manejado por los peores, aquellos que sacan su lado más egoísta, más avaricioso y más insolidarios, logra explotar y destruir a gran parte de la humanidad. Así la liberación financiera, llevada a cabo por los neoliberales a finales de los años 70 del anterior siglo, ha abierto la caja de los truenos y ha permitido un enriquecimiento ilegítimo sin precedentes. El capitalismo financiero ha llenado el mundo de dinero ficticio que termina en manos de unos pocos “elegidos” y se apropia de los bienes y servicios producidos por los distintos pueblos. Así los que están en la cúspide económica marcan leyes injustas e interesadas y obligan a su cumplimiento, lo que supone los cilicios de este Dios cruel que hemos dejado instalar en nuestras vidas.


(1) Fernández-Albertos, José (2012:78).

(2)Hernández Vigueras, Juan (2015:79). Los fondos buitre, capitalismo depredador. Clave Intelectual, S.L. Libro del que se han sacado algunos de los datos expresados en este artículo.

 
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