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O mayoría absoluta o ‘trifachito’

Antonio Mora Plaza | Economista

Nuevatribuna | 12 de agosto de 2019

En esta canícula estival, más bien juliana, donde se han batido registros de calor, hemos asistido a dos culebrones: la finalización del culebrón de Ciudadanos, intentado hacer creer a sus votantes y posibles votantes que son liberales y que nunca pactarán con los fascistas de VOX y, sin embargo, dando los cargos más importantes –alcaldías y presidencias autonómicas- al PP con el voto activo –nada de abstención- de estos neofranquistas. El segundo culebrón, más mediático que real, es el de la fallida investidura de Pedro Sánchez debido a la abstención de Unidas Podemos. Pero más allá de la trivialización periodística de los periodistas de derechas –la inmensa mayoría- sobre la investidura, ocurría algo mucho más de fondo que debería formar parte de la teoría política o análisis política. En esta investidura se enfrentaban dos lógicas políticas que tienen su estatus. Por un lado estaba la necesidad de que todo gobierno debe tener una coherencia interna, tanto ideológica como operativa, donde el jefe –en este caso, de Gobierno- decide en última instancia las discrepancias y tiene la iniciativa de qué hacer. Por otro lado tenemos a Unidas Podemos con sus 3.700.000 votos en las últimas legislativas, intentando hacer valer esos votos y dando satisfacción a sus votantes. Son dos lógicas que están fuera de cualquier solución de equilibrio aunque viniera el mismísimo John Nash a desatascarlo. Una de las dos lógicas tiene que doblar la mano si se quiere formar Gobierno. Todo lo demás son intentos de las derechas políticas y mediáticas de desacreditar a la izquierda y, en general, a la política porque, en ese desprestigio de la democracia, las derechas encuentran mejor su caladero de votos. Para entender a la derecha hay que pensar que la democracia, para ella, es un mero sistema electoral y el Estado de Bienestar –imprescindible para la democracia del siglo XXI- un objetivo a destruir. Pues bien, lo que ha ocurrido es que la solución del enfrentamiento de las dos lógicas se ha aplazado, simplemente, a septiembre, y el culebrón mediático de las izquierdas, dándose de palos como en el cuadro de Goya, se ha impuesto al más terrible culebrón –visionando el futuro de las derechas de este país- de las tres derechas, donde los neofranquistas van imponiendo sus tesis fascistoides contra los derechos civiles por mera aritmética parlamentaria derivada de las elecciones de abril y mayo pasados.

No se entiende desde la lógica política ese empeño de ocupar cargos ministeriales en lugar de negociar directamente con el actual Gobierno un programa

En este culebrón, el comportamiento del partido podemita -con Pablo Iglesias a la cabeza- ha dado un mensaje terrible a sus electores presentes y futuros. Les ha dicho: “tranquilos, que un voto a Unidas Podemos asegura que solo gobernará Pedro Sánchez si al menos tiene mayoría relativa el PSOE en el Congreso junto con el PNV y algún minoritario más. Unidas Podemos asegura que, de no cumplirse esta condición, gobernará el PP con apoyo de Ciudadanos y los neofranquistas de VOX”. Ya lo dijo Iglesias, que si no hay gobierno de coalición con Podemos, Pedro Sánchez nunca será Presidente de Gobierno. Porque Gobierno tarde o temprano habrá y si no gobierna el partido más votado, gobernará el llamado “trifachito”. Pablo Iglesias, en su margen de maniobra que concede la lógica política a los individuos, se asienta como el tonto útil de la derecha, de ahí los elogios de los Ansón y de los Marhuenda, prebostes académicos y mediáticos del franquismo sociológico. No se entiende desde la lógica política ese empeño de ocupar cargos ministeriales en lugar de negociar directamente con el actual Gobierno un programa –el famoso programa, programa, programa de Julio Anguita-, facilitando la investidura y pasando, a continuación, a la oposición de izquierdas en el Congreso. Este es el papel que creo más inteligente del partido podemita: presionar al PSOE y al Gobierno desde la izquierda pero no permitir ni por activa ni por pasiva que gobierne el “trifachito” en el próximo futuro fruto de unas posibles elecciones. Ahí la izquierda no tiene nada que ganar y sí mucho que perder por el grado de exigencia ética de los electores de izquierdas, muy distinto del grado de exigencia de los votantes de derechas.

Este culebrón además se ha facilitado por la necesidad del PSOE de desmontar el relato de las derechas y de los periodistas de derechas de que el partido de Pedro Sánchez tiene como socios naturales a populistas (Podemos), separatistas y filoetarras (Bildu). Ello demuestra lo acertado que estuvo Goebbels, ministro de Propaganda nazi, con lo de la mentira repetida mil veces. Eso unido a un periodismo de derechas cada vez más lamentable tanto ideológicamente como profesionalmente. Solo hay que leer las portadas de periódicos como el ABC, El Mundo o La Razón, donde no se dan noticias sino valoraciones sobre noticias directamente, aunque luego estos mismos periódicos desmientan con sus informaciones sus propias valoraciones. Pero para eso hay que leer el periódico y no solo las portadas y encabezamientos de las noticias. Es posible que la estrategia del PSOE de desmontaje de estas “fake news” se haya conseguido pero al precio del desprestigio de la política y de la democracia, lo cual supone el desprestigio de la izquierda, porque la izquierda está sola en España y en el mundo en la necesidad de la defensa del Estado de Derecho, del Estado de Bienestar y de la democracia. Para las derechas europeas –al menos las continentales- la democracia es algo cada vez más insoportable.

El comportamiento de Ciudadanos y Podemos le marca la estrategia al PSOE: o gobierno monocolor o nuevas elecciones hasta conseguir la mayoría absoluta para poder gobernar

Ciudadanos sigue por su parte con la estrategia suicida para el partido de preferir dar los cargos relevantes a su partido rival en la derecha, es decir, al PP, con el apoyo explícito –no con la mera abstención- de los neofranquistas, en lugar de negociar a dos bandas, una de las cuales sería el PSOE. Apenas ya tiene plaquetas el partido para parar la hemorragia de deserciones, pero Albert Rivera sigue empeñado en el despeñe. Jamás he visto un político más tonto que el actual supuesto líder de Ciudadanos. No caben en la derecha tres partidos de ámbito nacional cuando en la izquierda hay dos y cuando PP y el partido de Rivera no se diferencian en nada desde que han emprendido esa carrera desaforada por ver quién llega antes a la cópula política con el partido de Abascal.

El comportamiento de estos dos partidos –Ciudadanos y Podemos- le marca la estrategia al PSOE: o gobierno monocolor o nuevas elecciones hasta conseguir la mayoría absoluta para poder gobernar. En caso contrario llegarán al Gobierno los enemigos del Estado de Bienestar, poniendo en peligro los derechos civiles conquistados y las propias libertades democráticas. Y puede ocurrir porque Ciudadanos ha dejado el hueco liberal en la política, sitio ideal para Pedro Sánchez, a la vez que Podemos abandona su teórico papel de izquierdas precisamente por su mero radicalismo verbal de izquierdas. Por su obras les conoceréis y no por sus palabras. Es posible que Pedro Sánchez, ante la estupidez de Pablo Iglesias, acabe cediendo a un gobierno de coalición con Podemos, pero eso dejaría atado al partido podemita de cualquier crítica a las leyes que fuera sacando el Gobierno coaligado. Lo curioso del caso es que los españoles, que dieron la oportunidad a la política de acabar con el bipartidismo, gracias a la tontura política de los dirigentes de los dos partidos, que debieran poner el ataúd a esta forma de gobernar –turno pacífico de dos partidos, al igual que en la Restauración con Cánovas y Sagasta-, va a significar su tumba, tanto la de sus dirigentes como la de sus partidos. Lamentable.

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