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Lecciones del Reino Unido

Rafael Simancas | Sistema Digital

Nuevatribuna | 16 de diciembre de 2019

El triunfo arrollador de los tories en el Reino Unido trunca una tendencia sostenida durante los últimos años en favor de gobiernos europeos progresistas

El electorado británico ha otorgado la mayoría absoluta al conservador Boris Johnson. Hemos de respetar la decisión, pero es una mala noticia. Johnson representa un populismo conservador, neo-nacionalista y antieuropeo, que obstaculizará la formación de los grandes consensos precisos a escala internacional para afrontar desafíos trascendentes como la globalización justa y la lucha contra el cambio climático.

El triunfo arrollador de los tories en el Reino Unido trunca una tendencia sostenida durante los últimos años en favor de gobiernos europeos progresistas. Los resultados de las elecciones en España y la formación de ejecutivos de progreso en Portugal, Italia, Suecia, Finlandia y otros países, alentaba la esperanza de un punto de inflexión favorable a la Europa integrada y sensible ante las demandas de justicia social y preservación ambiental.

No obstante, cabe obtener al menos dos lecciones de la victoria de Johnson para el conjunto de las fuerzas progresistas en Europa. Y ambas se deducen claramente de los dos lemas que han presidido la campaña conservadora en Gran Bretaña: “Brexit: ¡hagámoslo ya!” y “Recuperemos el control”.

Johnson ha sabido leer mejor que Corbyn el estado de ánimo del pueblo británico

Primera lección. Resulta evidente que Johnson ha sabido leer mejor que Corbyn el estado de ánimo del pueblo británico. La gran mayoría de los electores estaban hartos de las discusiones eternas y estériles a propósito del brexit y querían una salida clara y rápida al problema. Eso ha sido precisamente lo que ha ofrecido el candidato conservador, mientras el candidato laborista prometía un largo y confuso proceso sin un resultado claro.

No puedes pedir el voto a un país atrapado en una encrucijada gravísima proclamándote neutral en cuanto a las decisiones a adoptar. Johnson aseguraba un final cuestionable, pero su posición era diáfana y drástica. Corbyn solo aseguraba mantener la discusión hasta el infinito. El resultado estaba cantado.

Ahí está la enseñanza. En tiempos de incertidumbre y zozobra, el electorado no quiere discusiones interminables, falta de soluciones y planteamientos ininteligibles por complejos. Desde las posiciones progresistas hay que ofrecer salidas viables, comprensibles para la mayoría y que sean susceptibles de generar amplios acuerdos.

Hay un riesgo. El de la simplificación excesiva en los análisis y en las propuestas. Y el de favorecer liderazgos “fuertes” que acaben rebajando la calidad de nuestras democracias. Ahí está el reto.

Segunda lección. La globalización genera miedos e inseguridades que pueden conducir a las mayorías a apostar por los discursos que llaman a la re-nacionalización, el refuerzo de las identidades territoriales y la vuelta al soberanismo más o menos autárquico.

Si la globalización vigente ocasiona deslocalizaciones de empresas, pérdida y precarización de empleos, elusiones fiscales masivas, migraciones desesperadas, rebaja de derechos y desigualdades crecientes, no es de extrañar que buena parte de la ciudadanía desconfíe de la globalización. Si, además, los centros de decisión sobre esos procesos globalizadores escapan a la decisión democrática de la ciudadanía, tiene lógica que escuche a quienes los combaten.

El discurso de Johnson sobre “recuperar el control” es un discurso tramposo, pero resulta eficaz. El líder tory sabe que la globalización económica es inexorable, pero simula luchar contra lo inevitable. Sabe perfectamente que el único camino para combinar globalización inexorable y protección de los derechos de la mayoría pasa por la regulación multilateral, pero le resulta más rentable combatir dialécticamente a los “burócratas de Bruselas”.

Esa es la enseñanza. Avancemos en una globalización justa, a través de una regulación acordada y con controles democráticos, o dejaremos el campo expedito para el triunfo de populistas y demagogos.

Johnson, como Trump, Bolsonaro y otros, pueden parecernos clowns y ser objeto de mofa por parte de muchos enterados y bien pensantes, pero o espabilamos a la hora de hacer análisis y propuestas, o los clowns acabarán ganando todas las elecciones y llevándonos al desastre.

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