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La labor invisible de las y los docentes

nuevatribuna.es | Diego Molina Collado | 03 de abril de 2020

En estos días de lucha de toda la sociedad contra la pandemia, prácticamente todos los sectores tienen sus héroes plenamente reconocibles y justamente aplaudidos a diario. Destaca el personal sanitario, o las fuerzas de seguridad del Estado, pero también son las cajeras en el comercio, los conductores en el transporte, etc.

En el ámbito socioeducativo también tenemos héroes visibles, cuya labor, hasta ahora poco conocida, ha saltado a los medios de comunicación. Me refiero a los educadores y cuidadores del sector de la discapacidad o de la atención a centros de menores, personal que sigue conviviendo, día a día, con personas en situación de riesgo y que suelen ser los últimos de la larga fila que espera una mejor protección personal.

Con vocación muy mayoritaria de mantener el servicio público del que somos responsables, aunque, como en todo, haya excepciones y existan insuficiencias. En la Enseñanza tampoco había “visionarios” que nos advirtieran y prepararan para saber lo que teníamos qué hacer

Pero hay otros héroes menos visibles, y cuya tarea es fundamental para mantener la cotidianidad en cientos de miles de hogares andaluces; para que más de un millón de niñas, niños y adolescentes sigan teniendo pautas rutinarias; para conservar sus hábitos de trabajo y “normalizar”, dentro de lo posible su vida diaria, y contribuir a que no se produzcan situaciones desbordadas que son fáciles en estas edades. El mantenimiento de la actividad y protección de nuestro país es responsabilidad de los héroes visibles. Colaborar para mantener hábitos, rutinas y cotidianidad en una sociedad confinada es el trabajo actual de un colectivo al que externamente no se le ve, el de las y los docentes.

La función descrita, por si misma, es esencial para que el día a día de todas las casas de Andalucía sea más llevadero. Simplemente por eso creo que merece también el máximo reconocimiento social. Pero, además, con mayor o menor éxito y énfasis según los niveles educativos, se intenta proseguir los procesos de aprendizaje -más personalizados que nunca-, continuar avanzando en la adquisición de nuevos conocimientos y crear actitudes positivas de trabajo en un medio poco explorado para todos, para los docentes y para su alumnado. Hacer una nueva programación y planificación de actividades adaptada a la nueva realidad; preparar, con frecuencia, materiales específicos con los que funcionar colectivamente en la nueva situación; y, junto a ello, habilitar nuevos cauces de participación para las familias y crear redes de colaboración entre ellas; controlar el trabajo que se está desarrollando, etc. Y, de cara a su alumnado, muchas siguen siendo personas plenamente visibles a través de clases colectivas online. Personas que, con frecuencia, siguen “fichando” desde el móvil en su centro de trabajo al comienzo y al final de su jornada habitual.

La mayor dificultad, evidentemente, se encuentra en los niveles inferiores del sistema y en aquellas enseñanzas en las que la formación teórica tiene que ir acompañada de unas prácticas en este momento irrealizables

Y, como ocurre en la propia sociedad española, se hace sin tener experiencia previa para afrontar la situación. Con aciertos y con errores. Con vocación muy mayoritaria de mantener el servicio público del que somos responsables, aunque, como en todo, haya excepciones y existan insuficiencias. En la Enseñanza tampoco había “visionarios” que nos advirtieran y prepararan para saber lo que teníamos qué hacer, aquí también es fácil hacer críticas “a posteriori” (afortunadamente en la mayoría de centros todo el alumnado dispone de su correo particular vinculado al corporativo del colegio o del I.E.S., lo que está facilitando el trabajo). No había un Plan B. Nunca se habían utilizado herramientas de trabajo a distancia, de enseñanza telemática, a nivel general de toda la Enseñanza, ni por parte del profesorado, ni por parte del alumnado. Ni todos los centros tienen la misma infraestructura, ni todas las familias la misma facilidad para conectarse (casi todos los hogares tienen ordenador pero menos tienen impresora), ni todo el profesorado ha tenido la misma formación inicial ni opciones de reciclaje en estas tecnologías y ahora, sobre la marcha, toca formarse y aprender a utilizar distintas herramientas: Google meet, classroom, G-suite, Formularios, Ipassen…., y también su alumnado ha tenido que aprender a hacerlo; ni existe la misma capacidad de aprovechamiento ni hay la misma velocidad de conexión en todos los lugares, ni el sistema general Séneca tenía potencial para atender lo que se le venía encima, etc. Por eso, también como en todo, la eficacia no puede ser homogénea. Pero el esfuerzo general es notable y una parte significativa de la población escolar andaluza -desde el confinamiento- va a seguir razonablemente bien su curso. A veces un esfuerzo tan notable que se está convirtiendo en unos niveles de tareas escolares que casi desborda el horario lectivo habitual, y que, en algunos casos, ha llegado a agobiar a las propias familias, aunque como en todos los colectivos haya que reconocer que también hay excepciones.

Desde la Educación Infantil hasta la Universidad, en todos los niveles del Sistema Educativo andaluz, se está experimentando e intentando normalizar el desarrollo de la actividad diaria. La mayor dificultad, evidentemente, se encuentra en los niveles inferiores del sistema y en aquellas enseñanzas en las que la formación teórica tiene que ir acompañada de unas prácticas en este momento irrealizables. Y desde el punto de vista del alumnado, aunque los resultados escolares puedan ser limitados, el aprendizaje que está teniendo en el manejo de nuevas tecnologías será esencial para el futuro y otro valor a considerar por sí mismo.


Cuando todo haya pasado, tendremos que analizar, reflexionar y mejorar, es decir, aprender de esta experiencia para hacerlo mejor y seguir usando habitualmente lo que se demuestre útil, aunque no haya pandemias. También valorar el esfuerzo realizado en términos de resultados educativos y cumplimiento de los programas escolares, cuando tengamos datos objetivos para hacerlo. Por eso es tan importante que nuestros responsables políticos y educativos en vez de decir lo que piensan, piensen lo que dicen, porque pueden contribuir al desánimo de decenas de miles de enseñantes que se están dejando la piel en hacerlo lo mejor posible.


Diego Molina Collado | Secretario General de la Federación de Enseñanza de CCOO de Andalucía

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