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COVID-19 y la industria textil mundial, graves problemas pendientes e iniciativas esperanzadoras

nuevatribuna.es | 29 de junio de 2020

He dudado si añadir al título una consideración, “pero aún demasiado lentas”. Finalmente he considerado preferible dejar una idea positiva. La pandemia del coronavirus ha hecho ciertamente saltar algunas certitudes y aparentes normalidades, y ha provocado que aflorasen con virulencia problemas históricos que desde nuestra Europa no veíamos o no queríamos ver.

A lo largo de los meses de abril y mayo han empezado a sentirse como más cercanos los problemas de las cadenas de suministros mundiales, es decir de los miles de fábricas, de los millones de trabajadores, que en los sucesivos eslabones de las cadenas de subcontratación posibilitan que las grandes marcas mundiales coloquen sus productos en los mercados del plantea, principalmente en los del “primer mundo” del consumo. La industria del vestido es una expresión de todo ello.

Se trata ahora de que desde todos los ámbitos de organización social, sindical en particular, seamos capaces de coordinar esfuerzos, abordar la nueva normalidad, aprender de los éxitos y fracasos, desde la necesaria movilización de voluntades y de la consiguiente negociación de todos y con todos los actores implicados

El virus y el confinamiento nos han mostrado la precariedad de estas nuestras formas de vida, así como de las relaciones laborales, comerciales e industriales en que se apoyaba. Los cierres de las personas en sus domicilios y el cierre de comercios hicieron temblar unas estructuras que parecían estables. Bangladesh con sus más de 4 millones de trabajadoras y trabajadores en la industria de la confección volvió a ser una referencia, pero también Myanmar, India, Camboya… Imposición de reducciones de precios, impago de pedidos en proceso de producción, cancelación de otros, cierre total o parcial de fábricas, impago de salarios adeudados, despido de sindicalistas, migraciones descoordinadas y en pésimas condiciones…, fueron notas de esta situación sin que resultara fácil orientar y coordinar la respuesta por parte de los gobiernos como primeros responsables o de las organizaciones sociales, sindicales en primer lugar, como necesarios portavoces de los intereses de los diversos colectivos.

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Se plantearon algunas iniciativas, se consiguieron algunos ambiguos compromisos, de los que no hemos comprobado eficacia concreta, y tímidas iniciativas. Pero los problemas subsisten.

Estos días, en la segunda mitad del mes de junio, diversos medios vuelven a alertar que no solamente no se han resuelto problemas anteriormente planteados sin que se han producido nuevas expresiones de la crisis. Desde una encuesta del Business and Human Rigths Resource Center que señala que el 40% de las grandes firmas rehusaron comprometerse a pagar los pedidos curados, o las informaciones del Independent, o del Financial Express entre otros, señalando nuevas cancelaciones de pedidos, cierres de fábricas…, nuevas manifestaciones de problemas, de agresiones a los derechos fundamentales de las personas, agresiones a los derechos fundamentales del trabajo digno, a las que hay que hacer frente.

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Pero hay también noticias esperanzadoras, y sin duda merece la pena subrayarlas, entre otras cosas para que no se olviden, para tirar de ellas.

Por una parte, seguramente es lo esencial, la capacidad de respuesta colectiva de las trabajadoras y trabajadores afectados. Sirvan de referencia estas fotos de concretas movilizaciones de estos días en Bangladesh (la dos primeras), India y Camboya:

También la reciente reunión constitutiva del Comité Sindical Global de Inditex, el primero, y hasta ahora el único, que integra a los sindicatos de la casa matriz y a los de toda la cadena mundial de suministros. Ha sido una reunión virtual con participación desde todo el planeta, en la que se han abordado problemas concretos de esta etapa, algunos positivamente resueltos como ha sido en Myan Mode de Myanmar con la readmisión de los sindicalistas despedidos. Otros planteados y de aún abierta negociación, y de los que se anuncia una próxima y detallada información que puede ser un nuevo hito en la interesante historia de esta experiencia sindical.

Y lo que a medio plazo, esperemos, puede resultar decisivo: la iniciativa de la Confederación Sindical Internacional (CSI) para regular “la debida diligencia en las  cadenas mundiales de suministro”. Supone un planteamiento nuevo para un problema viejo, pero es importante que se plantee como se está haciendo y por parte de quien lo está haciendo, la organización del sindicalismo mundial.

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Desde Europa conviene tomar nota además de que el estímulo que significó la ley francesa de debida diligencia, con algunas otras tímidas iniciativas en el mismo sentido, parece haber llevado a un planteamiento concreto por parte del Subcomité de Derechos Humanos del Parlamento Europeo en el mismo sentido.

Se trata ahora de que desde todos los ámbitos de organización social, sindical en particular, seamos capaces de coordinar esfuerzos, orientarlos, abordar la nueva realidad, la proclamada nueva normalidad, aprender de los éxitos y de los fracasos, que de todo habrá, desde la necesaria movilización de voluntades y de la consiguiente negociación de todos y con todos los actores implicados, para avanzar hacia este “otro mundo posible”. 

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