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La huelga es la piedra de toque

Paco Rodríguez de Lecea | Escritor

Nuevatribuna | 04 de febrero de 2015

"¡Claro que hay lucha de clases!», exclamó un día un representante conspicuo del Dinero. "Y la estamos ganando"...

«¡Claro que hay lucha de clases!», exclamó un día un representante conspicuo del Dinero. «Y la estamos ganando.» Fuerza es aplaudir su sinceridad, cuando tantos Nicodemos nos predican el fin de la historia y del trabajo, el pensamiento único, el evangelio de la prosperidad a nuestro alcance, el new age de la concordia social, y otras bobadas más propias de manuales de autoayuda.

Ahora el Dinero apunta con sus poderosas baterías artilleras al derecho de huelga. Lean lo que dice al respecto Antonio Baylos en sus «Reflexiones sobre el derecho de huelga» (1). Comienza así: «El derecho de huelga está bajo presión. A nivel internacional, en un ataque sin precedentes de clara finalidad antisindical…» Sigan leyendo hasta el final. Pocos minutos dedicados a la lectura habrán estado mejor aprovechados.

La huelga es la piedra de toque que evidencia la falsedad de una concepción ideológica para la cual el Mérito es el motor de la economía, el trabajo es mera mercancía indiferenciada, y el movimiento de los trabajadores – lo que en tiempos de nuestros abuelos fundadores se llamó la clase obrera – es un factor irrelevante en la gran apuesta que representa la construcción de la Modernidad.

Bien, pero ahí está el derecho de huelga, el principal instrumento de autodefensa de los trabajadores. Se trata de una baza que fue esgrimida con orgullo por el Estado social y el capitalismo con rostro humano cuando el enemigo a batir en la lucha de clases internacional eran los países del socialismo real. Entonces se aclamó la huelga como un bastión de la libertad, una bandera del mundo libre. Ahora que aquella batalla concluyó y el enemigo derrotado está en fuga, ha llegado el momento de recoger velas. ¿Por qué dar a los trabajadores más derechos de los estrictamente indispensables? ¿Por qué, apurando el argumento, darles ni siquiera los estrictamente indispensables? En la lógica del Dinero, tal cosa es un despilfarro.
Pero subsiste todavía el derecho de huelga, si bien sometido a limitaciones y a sanciones legales severas. Se proclama el derecho sagrado al esquirolaje, y los piquetes de extensión de la huelga tropiezan con barreras policiales cada vez más agresivas. La policía, pagada por todos los ciudadanos, vela por salvaguardar los derechos del Dinero, pero no los del trabajo. Y siendo todo eso así, sin embargo no basta. Por esa razón se está montando toda una ingeniería jurídica global, o transnacional, dedicada a ponerle puertas al campo.

También en España la huelga es piedra de toque. El errático dirigente socialista Pedro Sánchez acaba de firmar un pacto antiterrorista con el gobierno que supone la modificación del artículo 573 del Código Penal. Quizá no se ha leído bien el detalle de los delitos que pasan a ser conceptuados como terrorismo. Este es el redactado en cuestión: «Se considerará delito de terrorismo la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad, la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio, los recursos naturales o el medio ambiente, la salud pública, de riesgo catastrófico, incendio, contra la Corona, atentado, desórdenes públicos, tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones y explosivos, y el apoderamiento de aeronaves, buques u otros medios de transporte o de mercancías, cuando se llevara a cabo con cualquiera de las siguientes finalidades: subvertir el orden constitucional, suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas, de las estructuras económicas y sociales del Estado u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse. Alterar gravemente la paz social (...)».

Si se espiga esa gavilla profusa de conductas delictivas, aparece que los «desórdenes públicos» que «alteren gravemente la paz social» serán considerados delitos de terrorismo. Todo huelguista pasará a ser un yihadista en potencia. Son las maravillas que propicia el redactado confuso de leyes concebidas como un cajón de sastre, y cuya interpretación se deja luego a tribunales expertos en la práctica de la ley del embudo. Es sabido desde siempre que todos somos iguales ante la ley, pero unos somos más iguales que otros.

El próximo día 18 de febrero tendrá lugar una jornada de acción mundial en defensa del derecho de huelga, convocada por la CSI. José Luis López Bulla ha publicado algunas reflexiones útiles sobre la jornada y su significación (2). Él me ahorra encarecer la importancia de esta iniciativa.

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