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La gripe española del año 1918

Edmundo Fayanas Escuer | 06 de abril de 2020

Portadores de la Cruz Roja durante la Gripe Española en Washington
Portadores de la Cruz Roja durante la Gripe Española en Washington

La pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española, tuvo una máxima gravedad y su origen en Estados Unidos. A diferencia de otras epidemias de gripe, que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables, y animales, entre ellos perros y gatos. Lo más desconcertante fue que este virus atacaba principalmente a adultos sanos y fuertes. La gripe española cambió todos los patrones.

Fue una de las primeras pandemias de la que se tienen documentos escritos y fotografías, que nos permiten ver cómo afectó al mundo.

Mató entre los años 1918 y 1920 a más de 50 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de la pandemia y es considerada la más devastadora de la historia

Hacía ya cuatro años que había empezado la I Guerra Mundial y los gobiernos no querían que la gente se asustara todavía más. Así que muchos países decidieron censurar las noticias sobre la gripe y esconder que buena parte de sus soldados estaban muriendo por culpa de la enfermedad.

f15Hospital militar de emergencia durante la epidemia de Gripe Española
Camp Funston Kansas Estados Unidos

La guerra había provocado mucha destrucción y los países no tenían recursos materiales ni económicos para hacer frente a la enfermedad. Por ello, se la considera una de las peores pandemias de la historia.

Mató entre los años 1918 y 1920 a más de 50 millones de personas en todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de la pandemia y es considerada la más devastadora de la historia.

Fue una epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales. Esta cifra de muertos, que incluía una alta mortalidad infantil, se considera uno de los ejemplos de crisis de mortalidad.

Los periódicos españoles fueron los primeros en informar sobre una enfermedad que estaba matando a la población. En el resto de Europa, y a ambos lados de las líneas aliadas, censuraron toda información

Aunque algunos investigadores afirman que empezó en Francia en el año 1916 o en China en el año 1917, muchos estudios sitúan ya los primeros casos en la base militar de Fort Riley en Estados Unidos, con inicio el cuatro de marzo del año 1918.

¿Por qué se llama gripe española?

Tras registrarse los primeros casos en Europa, la gripe pasó a España. Éramos un país neutral en la Iª Guerra Mundial, que no censuró la publicación de los informes sobre el desarrollo de la enfermedad y sus consecuencias, a diferencia de los otros países centrados exclusivamente en el conflicto bélico.

Ser el único país que se hizo eco del problema provocó, que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar de no ser el epicentro, España fue uno de los más afectados con 8 millones de personas infectadas y 300.000 personas fallecidas.

Los periódicos españoles fueron los primeros en informar sobre una enfermedad que estaba matando a la población. En el resto de Europa, y a ambos lados de las líneas aliadas, censuraron toda información para no desmoralizar a las tropas, ni mostrar debilidad ante el enemigo.

Con lo cual, sólo se convirtió en noticia en los países neutrales. En el inicio de la pandemia, los periódicos españoles intentaron darle nombre extranjero y así utilizaron términos como “El soldado de Nápoles” o “la enfermedad de moda”. Tras informar el corresponsal de The Times en Madrid sobre la situación de la epidemia en España ese empezó a llamar “La gripe española”, que se extendería por el resto del mundo a partir del verano de 1918.

España, ofendida por el poco halagador epíteto, acusó a Francia, diciendo que la enfermedad había venido de sus campos de batalla y había volado sobre los Pirineos, llevada por el viento. El nombre erróneo perduró hasta nuestros días.

f14Cartel de la Gripe Española en Alberta

EL SURGIMIENTO DE LA PANDEMÍA

La enfermedad se observó, como hemos visto por primera vez el cuatro de marzo de 1918, en Fort Riley en el Estado de Kansas, aunque ya en el otoño del año 1917 se había producido una primera fase de contaminación en al menos catorce campamentos militares.

El primer caso confirmado de la mutación en Europa se dio el veintidós de agosto de 1918 en Brest, el puerto francés por el que entraba la mitad de las tropas estadounidenses aliadas en la I Guerra Mundial.

Hay investigadores como Santiago Mata en el año 2017, recogen informes y publicaciones donde se afirma que ya se habían detectado brotes muy virulentos de la gripe meses antes y no en Kansas, sino en casi todos, por no decir todos, los campamentos militares habilitados para el envío de soldados a Europa.

La gripe llevaba tiempo incrementando sustancialmente su tasa de mortalidad. Así, Mata recoge el dato de 18. 886 muertos por gripe en el año 1916, un 2,6% de mortalidad cuando una gripe estacional arrojaba en Estados Unidos una mortalidad media de un 0,056%.

Esta tasa de mortalidad en el año 1916 suponía ya un incremento del 65% respecto a la del año 1915 y a su vez la mortalidad de ese año fue un 75% más que la del año 1914.

Sin embargo, estas cifras se obtienen de la población en general, cuando la gripe afecta mucho más a niños y sobre todo a personas mayores, hasta un 95 % de los muertos estacionales pertenecen a este colectivo.

f13Una mujer con una máscara respiratoria en febrero del año 1919

Surge un dato sorprendente en Camp Greene, en diciembre del año 1917, cerca de Charlotte, en el estado de Carolina del Norte, se registraron veinte muertos de un total de 565 enfermos de gripe, todos ellos hombres jóvenes. Esta cantidad supone un incremento entre 100 y 200 veces la tasa de mortalidad habitual para la población juvenil.

Por esta razón, se considera que fue en Camp Greene donde apareció el paciente cero infectado por el H1N1. Además, los síntomas descritos se diferencia de los de una gripe estacionaria para ir pareciéndose a los de la gripe pandémica.

Sorprendentemente, en el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado

SINTOMATOLOGIA DE LA ENFERMEDAD

La censura y la falta de recursos evitaron investigar el foco letal del virus. Ahora sabemos, que fue causado por un brote del virus A, del subtipo H1N1. A diferencia de otros virus, que afectan básicamente a niños y ancianos, muchas de sus víctimas fueron jóvenes y adultos saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural.

Ante una situación así, los médicos solo podían aplicar los remedios de la época: desde el sangrado o la administración de oxígeno, hasta recetar aspirinas en grandes cantidades que hoy se considerarían contraproducentes.

Fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales eran los síntomas propios de esta enfermedad. La mayoría de las personas que fallecieron durante la pandemia sucumbieron a una neumonía bacteriana secundaria, ya que no había antibióticos disponibles.

Sin embargo, la gente moría rápidamente después de la aparición de los primeros síntomas, a menudo con hemorragia pulmonar aguda masiva o con edema pulmonar, y con frecuencia en menos de cinco días.

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Tras cientos de autopsias realizadas en el año 1918, los hallazgos patológicos primarios se limitaban al árbol respiratorio, por lo que los resultados se centraban en la insuficiencia respiratoria, sin evidenciar la circulación de un virus.

Al no haber protocolos sanitarios que seguir, los pacientes se agolpaban en espacios reducidos, sin ventilación, los cuerpos en las morgues y los cementerios. Por aquel entonces, se haría popular la máscara de tela y gasa con las que la población se sentía más tranquila, aunque fueran del todo inútiles.

Sorprendentemente, en el verano de 1920 el virus desapareció tal y como había llegado.

Los primeros estudios comenzaron de manera eficaz en 1931 y fue en los años cuarenta cuando el ejército de los Estados Unidos desarrolló las primeras vacunas inactivas aprobadas para la gripe, que se utilizaron en la II Guerra Mundial

Si seguimos las descripciones aportadas por el capitán médico Herman Elwyn sobre los pacientes aparecidos en diciembre de 1917 y meses posteriores, estos síntomas eran:

Cara con color grisáceo. Pupilas moderadamente dilatadas. Fiebre superando los 39 grados. Pulso rápido, superando las 140 pulsaciones por minuto incluso pudiendo llegar a las 160. Respiración superficial y rápida. Agotamiento extremo. Entre cuatro y seis horas tras los primeros síntomas los pulmones del paciente ya comenzaban a segregar exceso de líquido.

Entre las 12 y 18 horas después de aparecer los síntomas anteriores se producía un empeoramiento con más líquido pulmonar, más disnea, aumento en la dilatación pupilar, postración, sudoración profusa, aumento de la fiebre. De no remitir los síntomas la muerte sobrevenía entre las 24 y 48 horas después de producirse el empeoramiento.

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Estos primeros síntomas fueron empeorando según avanzaba la enfermedad. Posteriormente al cuadro anterior será necesario añadir en varios casos el dolor abdominal, hasta el punto de confundirse con una apendicitis, las pulsaciones aumentaban aún más en los casos de la segunda oleada, su color era todavía más pálido y el aspecto se asemejaba al de los enfermos por fiebres tifoideas. Esto podía empeorar aún más la situación al ir pasando los pacientes de una sección especializada a otra.

Los científicos ahora saben que esta pandemia fue causada por el virus H1N1, que continuó circulando como un virus estacional en todo el mundo durante los 38 años siguientes.

Las autopsias mostraban pulmones endurecidos, rojos y llenos de líquido. Al observarlo al microscopio, el tejido de un pulmón enfermo revelaba que los alvéolos, las células de los pulmones que usualmente están llenas de aire, se hallaban tan saturadas de líquido que las víctimas morían ahogadas. La asfixia lenta empezaba cuando los pacientes presentaban un síntoma singular: manchas de color caoba en los pómulos.

Después de algunas horas tenían un color negro azulado, que indicaba cianosis o falta de oxígeno. Cuando se hacía el triaje de cientos de pacientes, las enfermeras solían verles los pies antes que nada. Los que ya tenían los pies negros se consideraban desahuciados y eran apartados para dejarlos morir.

La población mundial está inmunizada para cepas de la gripe que son habituales pero ante mutaciones o nuevas cepas muy agresivas puede estar muy indefensa. No existían vacunas en el año 1918.

f10Portada de 'El Sol' durante la pandemia de la gripe española

En 1918 los científicos todavía no habían descubierto los virus, por lo tanto no había pruebas de laboratorio para diagnosticar, detectar o caracterizar los virus de la influenza. Los métodos para prevenir y tratar la enfermedad tenían limitaciones. No había vacunas para protegerse contra la infección por el virus de la pandemia, medicamentos antivirales para tratar la enfermedad, ni antibióticos para tratar las infecciones bacterianas secundarias como la neumonía.

Los esfuerzos para prevenir la propagación de la enfermedad estaban limitados a intervenciones no farmacéuticas, como la promoción de una buena higiene personal, la implementación del aislamiento, la cuarentena y el cierre de lugares públicos como las escuelas y los teatros. En algunas ciudades se impusieron ordenanzas que exigían el uso de mascarillas en público. En la ciudad de Nueva York incluso había una ordenanza por la que se multaba o encarcelaba a las personas que no se cubrieran al toser.

Los primeros estudios comenzaron de manera eficaz en 1931 y fue en los años cuarenta cuando el ejército de los Estados Unidos desarrolló las primeras vacunas inactivas aprobadas para la gripe, que se utilizaron en la II Guerra Mundial.

Ante la pandemia mundial del año 1918 aparecieron y se publicitaron miles de remedios milagrosos. Los médicos también utilizaron todos los recursos a su alcance, desde el antiguo arte de sangrar a los pacientes, administrarles oxígeno, hasta suministrar cantidades enormes de aspirinas.

Se trataron de desarrollar nuevas vacunas y sueros, principalmente contra varios tipos de neumococos y lo que ahora llamamos Haemophilus influenzae. Solamente una medida terapéutica mostró algún éxito y fue la transfusión de sangre de pacientes recuperados a nuevas víctimas.

f9Un grupo de enfermeras de la Cruz Roja en Sant Louis con mascarillas, durante la gripe de 1918

Expansión de la epidemia

En diciembre del año 1917, 14 de los 16 campamentos militares existentes tenían afectados por la gripe, incluso en Camp Pick ya se habían constatado doce muertos en octubre de 1917, en Camp Beauregart, cincuenta muertos en noviembre y en Camp Bowie 172 muertos también en noviembre de 1917. Es la llamada Oleada heraldo.

En la primavera del año 1918, surgen distintos brotes epidémicos, y se los considera que fue una primera ola de la pandemia. Los casos de enfermedad fueron limitados y mucho más leves que los que se observarían durante las dos olas siguientes.

El presidente estadounidense Woodrow Wilson consultó con el general Peyton C. March, jefe del estado mayor de las tropas norteamericanas, si deberían suspender los envíos de tropas a Europa para no propagar la epidemia. El general March le contestó que NO, porque una noticia así, podía perjudicar mucho la marcha en el frente militar.

Por esta razón el presidente Wilson no detuvo los envíos de tropas, pese a llegarle informes de que sus ciudadanos estaban enfermando e incluso muriendo en los barcos al declararse la gripe a bordo. En agosto de 1918 ya eran cerca de un millón y medio de soldados estadounidenses los desplazados a Europa, muchos enfermos de gripe.

f8Gráfica de mortalidad de la gripe española en América y Europa

En septiembre del año 1918, la segunda ola de la pandemia surgió en Camp Devens, un campo de entrenamiento del ejército en las afueras de Boston y en una instalación naval en esa ciudad. Esta ola fue devastadora llegó a su punto máximo en los Estados Unidos entre septiembre y noviembre. Más de 100.000 personas murieron en este país, solamente en octubre.

La tercera y última ola comenzó en los inicios del año 1919, duró toda la primavera. Causó muchos más casos de contagio y de muerte. Si bien fue grave, esta ola no fue tan mortal como la segunda. La pandemia disminuyó en el verano de 1919 en Norteamérica después de dejar familias y comunidades diezmadas.

Jeffrey Taubenberger, jefe de Patología Celular y Genética en el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas norteamericanas, que era reconocido mundialmente como líder en la investigación sobre la gripe española, calcula que aproximadamente una tercera parte de la población de Estados Unidos se infectó con el virus. Decía que “Había una escasez enorme de atención médica de todo tipo”.

Los servicios médicos de muchas ciudades ya estaban sobrecargados por la guerra. Así, una tercera parte de los médicos de Nashville estaba fuera del país atendiendo a militares cuando llegó la gripe española. Las enfermeras se convirtieron en un recurso invalorable, ya que los médicos que quedaban estaban abrumados y en muchos casos caían enfermos.

Las enfermeras a domicilio a veces se encontraban con escenas parecidas a las de los años de la peste, del siglo XIV. Una enfermera, por ejemplo, se encontró al esposo muerto en la misma habitación donde yacía su esposa con mellizos recién nacidos. Habían transcurrido 24 horas desde la muerte y los nacimientos, y la esposa no había comido nada, excepto una manzana que por casualidad estaba al alcance de su mano.

Tras registrarse los primeros casos en Europa, al parecer, como ya hemos visto, en Francia. La gripe pasó al Reino Unido, después a Italia, más adelante cruzó a Alemania y por último a España. En la oleada de mayo del año 1918 se cree, que más de la mitad de los madrileños habían contraído la enfermedad.

f7Página del diario 'ABC'

Los hospitales estaban colapsados, los hospitales militares también tenían todas las plazas ocupadas. En el frente, la ofensiva del año 1918 se suspendió por el ejército alemán, porque tenía a un millón de soldados enfermos en el mes de mayo.

El 75% de las muertes se cree que acontecieron en la segunda oleada del año 1918

Esta pandemia resultó un duro golpe para la población europea, pero también para la moral porque, con los adelantos conseguidos en la higiene y la sanidad, las autoridades consideraban orgullosamente haber desarrollado servicios sanitarios capaces de dejar en el olvido a pasadas epidemias de cólera y otras.

Aunque ciudades como Madrid habían pasado lo peor, la segunda oleada del año 1918 afectó tanto a las ciudades como a pequeños municipios del mundo rural. El 75% de las muertes se cree que acontecieron en la segunda oleada del año 1918, porque aunque esta epidemia comenzó siendo una gripe relativamente benigna, su mortalidad fue aumentando progresivamente.

La enfermedad ya fue mucho menos virulenta en el año 1919, por estar la mayoría de los organismos adaptados al virus. Finalmente en el año 1920 aún se detectó un último repunte, pero no hubo más. Sin embargo, los efectos negativos sobre la población siguieron produciéndose en forma de mortalidad infantil al perder los niños a uno de los dos progenitores y en algunos casos a los dos.

La gran epidemia de la gripe del año 1918 desapareció de una forma muy parecida a como había empezado, entre otras razones por estar la mayoría de los supervivientes inmunizados, inmunidad que se cree ha seguido en los genes de la especie humana hasta nuestros días. Así el virus del año 2009, que pertenece a la misma familia del H1N1 resultó mucho menos letal.

COMO AFECTÓ A LA DEMOGRAFíA

Se estima que alrededor de 500 millones de personas, o un tercio de la población mundial, se infectaron con este virus, y el número de muertes en todo el mundo se estimó en al menos 50 millones, de las cuales unas 675.000 ocurrieron en los Estados Unidos.

La pandemia fue tan grave que, entre los años 1917 y 1918, la expectativa de vida en los Estados Unidos disminuyó en alrededor de 12 años, a 36.6 años para los hombres y 42.2 años para las mujeres. Hubo tasas de muerte altas entre personas que anteriormente habían sido sanas, incluidas aquellas de entre 20 y 40 años de edad, lo que fue poco común, porque la epidemia generalmente afecta a los muy pequeños y a los muy ancianos.

Se desconoce la tasa de mortalidad de la pandemia de entre los años1918-1920, pero autores como Juan Carlos Losada en sus estudios del año 2012, estiman que murieron del 10% al 20% de los infectados.

Su tasa de mortalidad pudo llegar hasta la mitad de la población mundial, pero otras fuentes la elevan hasta dos tercios, esta tasa de mortalidad significa que entre un 3% y 6% de la población mundial murió, pero varía muchos con las poblaciones, pues pueblos indígenas del Pacífico o el Ártico llegaron a perder hasta el 90% de su población.

f6Pirámide de la población Alemana en 1936 donde puede verse claramente la bajada de la población a causa de la Primera Guerra Mundial y de la gripe de 1918

La gripe pudo haber matado a 25 millones de personas en las primeras 25 semanas. Estimaciones más antiguas indicaban que murieron entre 40 y 50 millones de personas. Sin embargo, gran cantidad de países no disponían de un servicio sanitario capaz de recoger datos fidedignos y muchos de los muertos no fueron contabilizados, por esta razón estimaciones actuales mencionan entre 50 y 100 millones de víctimas.

Es difícil, sin embargo, compararla con otras importantes pandemias de gripe del pasado de las que ahora es imposible extraer alguna información, como la de 1520.

España fue uno de los países europeos más afectados con cerca de 8 millones de personas infectadas en mayo de 1918 y más de 300. 000 muertes.

Se estima que en China murieron 30 millones de personas, alcanzando una mortalidad del 40 % de la población en algunas zonas. El ejército de China sufrió al menos el 35% de los soldados que enfermaron murieron.

En Estados Unidos, cerca del 28 % de la población padeció la enfermedad y murieron entre 500. 000 y 675 .000 personas. La ciudad de Nueva York enterró a 33.000 víctimas. Filadelfia perdió casi 13.000 personas en cuestión de semanas. En muchas ciudades, abrumadas por el número de cadáveres, se agotaron los ataúdes y algunos tuvieron que convertir los tranvías en coches fúnebres para satisfacer la demanda.

Reino Unido murieron 250.000 habitantes. Francia 400.000 y en Italia una cifra similar. ​

Fallecieron de 10​ a 17 millones en la India Británica. Las estimaciones sobre el África subsahariana hablan de 1,5 a 2 millones de víctimas.

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En el estado de Alaska en el pueblo inuit de Fairbanks de los 80 habitantes que tenía el pueblo, 78 murieron en sólo una semana. Las tribus de Alaska, sufrieron enormemente. La gripe acabó con los habitantes de algunos pueblos de Alaska, mientras que otros perdieron la mayor parte de su población adulta.

En Sudáfrica, murieron comunidades enteras. Australia tuvo unas 80 000 personas muertas y en las islas Fiyi murió el 30 % de la población en sólo dos semanas, mientras que en Samoa Occidental el 40 %.

En el caso del Perú, se documentaron tres olas de gripe, la primera en Lima entre julio y septiembre de 1918. La segunda fue entre noviembre de 1918 y febrero de 1919, la misma que se extendió a Trujillo e Iquitos, en el río Amazonas. La tercera ola se registró entre enero y marzo de 1920 en Lima y de julio a octubre en Ica. No se cuenta con datos precisos sobre la mortalidad que causó el virus.

Autores como Qureshi sostienen que la Iª Guerra Mundial no causó la gripe, pero sí contribuyó decisivamente a su propagación. En primer lugar, fue un factor en la transmisión de la enfermedad debido a la gran movilidad de los combatientes. La modernización de los sistemas de transporte posibilitó que los navegantes propagaran más rápidamente la pandemia sobre todos los continentes.

En segundo lugar, por el movimiento de tropas y la mayor propagación que permitía más mutaciones aún. Además los soldados estaban debilitados por la tensión del combate, la mala salubridad, los ataques químicos y por poseer un sistema inmunitario joven con capacidad para sobre reaccionar contra el virus.

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ESTUDIOS RECIENTES

El veintiséis de febrero del año 2001 en la publicación científica PNAS se reconstruyó por primera vez un virus de gripe con la secuencia del segmento NS del virus del año 1918 y con la secuencia de un virus adaptado en ratones. Los investigadores reconstruyeron ese virus y evaluaron su virulencia.

El artículo arroja luz sobre la devastadora pandemia de 1918 y sugiere que los tipos de virus de la gripe a los que las personas fueron expuestas durante la infancia pueden predecir cómo de susceptibles son las futuras cepas, lo que podría dar lugar a estrategias de vacunación, prevención y preparación para la pandemia.

Un equipo multidisciplinario, capitaneado por el burgalés Adolfo García-Sastre, uno de los padres de la genética reversa del virus de la gripe, se propuso en el año 2003 la titánica tarea de encontrar las causas que propiciaron la pandemia de virus de la gripe de 1918. Los investigadores que participaron en este proyecto pretendían encontrar esas causas analizando las características moleculares distintivas de este virus pandémico.

El 6 de febrero de 2004 se publicó en la revista Science un artículo realizado por dos equipos de investigadores, uno dirigido por Sir John Skehel, director del Instituto Nacional de Investigación Médica de Londres, y otro por el profesor Ian Wilson del Scripps Research Institute de San Diego, California. Ambos habían obtenido la síntesis de la proteína hemaglutinina responsable de la epidemia de 1918 de gripe española juntando ADN procedente del pulmón de una mujer inuit encontrada en la tundra de Alaska y de muestras preservadas de soldados estadounidenses de la I Guerra Mundial.

El cinco de octubre del año 2005, también en Science, se publicó por primera vez en la historia la reconstrucción de un virus totalmente extinto, el virus de la gripe del año 1918. El virus fue totalmente reconstruido in vitro a partir de las secuencias obtenidas del análisis de muestras históricas de tejidos realizados por el grupo de Jeffrey Taubenberger.

Según el informe, después de varias décadas los científicos lograron recrear el virus con ayuda de técnicas de genética reversa, para volverlo a la vida en un laboratorio de bioseguridad, de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades en Atlanta.

Sus efectos fueron estudiados en ratones, embriones de pollo y células pulmonares humanas, empleando para ello diversas versiones fabricadas con genes de otros virus gripales, y así efectuar comparaciones y descubrir los elementos que lo hicieron tan mortífero. Al igual que el original, el virus reconstituido mató en pocos días a los ratones, y se comprobó que también mataba a los embriones de pollo, del mismo modo que el virus aviario H5N1.

Worobey, profesor en el Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de UA analiza: “el porqué de la gran pandemia de gripe de 1918, ha sido un misterio de dónde vino ese virus, por qué era tan grave y, en particular, por qué mató a adultos jóvenes en la flor de la vida”, y añade “Una gran pregunta ha sido cuáles fueron los ingredientes de esa calamidad y si debemos esperar a que suceda lo mismo en un futuro o si hubo algo especial en esa situación”.

f3Worobey y sus colegas desarrollaron un enfoque con un reloj molecular preciso sin precedentes y lo utilizaron para reconstruir los orígenes de la pandemia del virus de la influenza A H1N1 de 1918 (IAV), el virus H1N1 de la gripe porcina clásica y el linaje de H1N1 estacional postpandémica que circuló desde el año 1918 hasta 1957.

Con el fin de estudiar la pandemia de gripe, los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus. Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad de escape accidental o liberación intencionada de la cuarentena, hay cierta controversia respecto a las bondades de estas investigaciones.

Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el perfil poco común de edad de las víctimas.

LA GRIPE ESPAÑOLA Y LOS LITERATOS DE NUESTRO PAÍS

El gran escritor catalán, Josep Pla en su “Cuaderno negro” dedica extensos pensamientos sobre la gripe española y nada más iniciar el libro dice lo siguiente: “Como hay tanta gripe han tenido que clausurar la universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos”.

A mediados de octubre de 1918, comentaba esto del desarrollo de la gripe española:

“La gripe hace estragosLa familia se ha tenido que dividir para ir a los entierros. En La Bisbal ha habido el de María Linares. En Palafrugell, el de una hija de dieciocho años. He ido a La Bisbal.

Desde la calle se oían llantos. Llantos en la casa y en la escalera del piso. Espectáculo impresionante que contrasta con el aire de compostura de la gente (un aire que, al oír los llantos, se encoge automáticamente, se vuelve marchito y hundido). Estas manifestaciones de dolor lo transforman todo y hasta el paisaje parece diferente”.

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Posteriormente, dice:

“…la gripe continúa matando implacablemente a la gente. En estos últimos días he tenido que asistir a diversos entierros. Esto, sin duda, hace que empiece a sentir una mengua de emoción ante la muerte (que sentimientos reales y auténticos se me transformen en una especie de rutina administrativa). Nuestros sentimientos están siempre afectados por lo poco o mucho (son de una movilidad indecente). Aunque sólo fuese por esta razón que este escándalo de la patología tuviese un fin (que la gripe no matase a nadie más)”.

Josep Pla contrae la gripe española el veinticuatro de febrero del 1919 y así lo relata:

“He pasado todo el día de ayer y una parte de hoy en la cama, con gripe. He sudado como un caballo. Treinta y seis horas seguidas. Me levanté pálido y deshecho. Por un lado, me parece que me hubiera podido morir y que me he librado por los pelos. Cuando constato que, a pesar de la fatiga, me puedo levantar, pienso que quizá ha sido una gripe benigna...

Las esquelas son numerosísimas. Pone la carne de gallina, la gente dice que la infección microbiana ataca, sobre todo, a los organismos fuertes y de complexión robusta”.

El conocido escritor y periodista, Miguel Delibes, en su obra “Mi idolatrado hijo Sisí”, nos relata como sucedió la gripe española en Valladolid y así lo relata:

“¡Ah, la gripe! –dijo Cecilio Rubes-. ¿Desde cuándo la gripe es una enfermedad importante?

Pensaba en Cecilio Alejandro y creía que con sus gritos restaba gravedad a la situación; quizás, hasta podría ahuyentar la gripe; todo dependía del vigor y la convicción que imprimiera a sus palabras.

f1Dijo Valentín.

Esta de ahora no es cosa de broma, señor Rubes. Es una gripe que no se pasa con dos días de cama y un sello de aspirina.

Méndez levantó su rostro granujiento. Siempre se ruborizaba para hablar; con un rubor que lo incendiaba todo, frente, las orejas y los párpados:

Ayer murieron dos mujeres de mi barrio, dijo:

Mi barrio -dijo Valentín- ¿No me había dicho a mí el párroco que no dan abasto los curas para administrar la Extremaunción?.

La ciudad entera se sentía atenazada por el invisible fantasma de la gripe. Se dictaron una serie de medidas preventivas: se cerraron las escuelas y los teatros; se suprimieron los paseos dominicales; las empresas funerarias montaron un servicio nocturno permanente para atender el exceso de enterramientos; a los niños nuevos se les imponía el nombre de “Roque” para preservarles de la peste. Las fondas y hospedajes cerraban por falta de clientes; los alumnos de la Facultad de Medicina recibieron una autorización especial para tratar casos de urgencias; los médicos no descansaban ni de día ni de noche… y Cecilio Rubes decía: ¡Ah, la gripe! ¿Desde cuándo la gripe es una enfermedad importante?...

La gripe alcanzó su cenit en la ciudad y lentamente comenzó a decrecer. Los datos de las autoridades sanitarias invitaban al optimismo… La tensión de Cecilio Rubes comenzó a decrecer también. Seguía el luto ahincado en la ciudad, pero era un luto sosegado y pacífico. Poco a poco la gente iba asomando a la calle; iniciaba tímidamente los paseos dominicales, un teatro abría las puertas, otro anunciaba la próxima apertura con la reaparición de una compañía de cómicos muy renombrados, y, de este modo, la ciudad iba retomando a su antiguo ritmo, encontrándose a sí misma, olvidándose del paso funesto de la peste como de un mal sueño”.


La pandemia de la viruela del año 1520

La peste negra

La plaga de Justiniano

Cuando la peste Antonina asoló el Imperio Romano


BIBLIOGRAFIA

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