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Golpes de pecho 2021

Carlos Sotos |

Carlos Sotos | 13 de enero de 2021

Para algunos parece que ahora es el momento de darse golpes de pecho republicanos capitalizables desde la izquierda, como si la forma republicana de estado pudiese imponerse en España desde un solo hemisferio de la ideología política.

Hay un viejo chiste de la revolución Mexicana en la que el comandante de una partida de caballería, después de cabalgar a galope muchos kilómetros daba orden de parada y gritaba ¡Qué viva Zapata! El suceso se repetía muchas veces, hasta que la tropa agotada le respondió: ¡Que viva cuate, pero que no viva tan lejos! Para algunos parece que ahora es el momento de darse golpes de pecho republicanos capitalizables desde la izquierda, como si la forma republicana de estado pudiese imponerse en España desde un solo hemisferio de la ideología política. Se aduce para ello que se puede vivir una especie de esquizofrenia en la que uno puede ser gobierno y oposición a la vez sin volverse loco. Misión imposible, muchas veces intentada, con un final frenopático políticamente asegurado.

Hay otras soluciones, que la política si permite, para mantener equidistancias. Se puede firmar entre varios un programa común de izquierda (En Portugal parece que funciona estupendamente y nadie pierde su propio espacio) pero te quedas fuera del gobierno para mantener tus propias convicciones. Pierdes los galones del poder pero puedes darte todos los golpes de pecho que quieras. Sin embargo pretender que convivan ese tipo de contradicciones con las consecuencias económicas, políticas y sociales de una pandemia de larga duración (como era más que anunciada y prevista por los científicos) y una heladera como la tormenta Filomena es ahora suicida.

«Un paso adelante y dos pasos atrás » es un librito de pura táctica leninista que algunos neocomunistas no parecen haber aprendido. Para ser comunista hay también que estudiar. Es muy aconsejable el recién publicado por Enric Juliana que se titula « Aquí no hemos venido a estudiar» que refleja muy bien los déficits estratégicos de la izquierda desde tiempos remotos que no parecen superarse. No creo ser de los tenga que justificar su republicanismo, pero no estoy en absoluto por la labor de enfangarme en asuntos que solo le dan armas a la derecha autodenominada constitucionalista. Hay que estar muy lejos de la realidad española para pensar, por ejemplo, que los debates familiares en la Nochebuena iban a versar entre monarquía y república. Agarrarse a clavos ardiendo (para intentar parar malos augurios de las encuestas) puede resultar frágil y suicida.

España es una república imperfecta en la que la Jefatura del Estado la ostenta una figura del antiguo régimen, pero el estado español no es una monarquía

A la institución monárquica ni se le ataca ni se le combate así. España es una república imperfecta en la que la Jefatura del Estado la ostenta una figura del antiguo régimen, pero el estado español no es una monarquía. Porque en una monarquía “estricto sensu” no cabe una constitución en que la soberanía nacional reside en el pueblo. El viejo monarca está ya socialmente desprestigiado y descartado en la vida política española por mucho que sus leales se empeñen en recuperarlo o revestirlo de victimismo. La monarquía tiene un problema grave, pero su titular actual no se encuentra concernido por el uso de tarjetas opacas al fisco, al menos hasta donde se sabe, y mientras no se obtengan pruebas de diferentes a eso una comisión parlamentaria al respecto no ofrecerá otra cosa que espectáculo bronquista. Y no está el horno para el circo mediático. Un lugar en que la derecha alcanza su paroxismo identitario actual, muy lejos de la acción de gobierno, y la ultraderecha neofascista de VOX encuentra su encaje. Dios, Patria, Rey. Lo de toda la vida el nacionalismo español. Que sigan.

Para gestionar estos tiempos de crisis, al gobierno de izquierda presidido por Pedro Sánchez interesa más que a nadie afianzar el espacio de la izquierda moderada, que es imprescindible para la estabilidad social durante la misma y que será un periodo largo. ¿O alguien piensa que PANDEMIA+FILOMENA no va a tener consecuencia económica adiciónales a la crisis subyacente? ¿En que week-end político creen que estamos? El izquierdismo apostó por hacer la revolución en 1936 cuando la prioridad era ganar la guerra y consolidar la república democrática. Después, en la larga noche del franquismo, siguió con esas dinámicas (también minoritarias) cuando lo esencial era ha reconciliación nacional y recuperar la democracia. Costó años de prisión, muerte y exilio llegar a eso que cristalizó en 1978, con todas sus imperfecciones. Ahora la tendencia populista de izquierda confunde independentismo con república (leáse Catalunya) y cree que un cambio de régimen de esa magnitud (que implica un acuerdo nacional con sectores moderados de la derecha si no quiere fracasar de nuevo) puede sustentarse en una dinámica de confrontación institucional que no va más allá de la carrera de San Jerónimo. Que es Justo lo que a la derecha actual (VOX+PP) le encanta y promueve diariamente.

Acción-Reacción o Estrategias de Estado. Esa es la disyuntiva para la izquierda española si quiere mantener un proyecto transformador. Y eso pasa prioritariamente por consolidar la economía y estabilizar el país. Es lo que da las grandes mayorías que permiten hacer cambios estructurales, no las confrontaciones en terrenos pantanosos. No es por prudencia del “no es el momento” el evitar discusiones de fango, es que ese debate sería un error y ese error “sería peor que un crimen, Sire”, que se le advirtió al rey Sol antes de que la revolución le cortara el pescuezo. De manera que en efecto “aquí hemos venido a estudiar”. Y por ello para conseguir una nueva, pacífica y distinta República Democrática Española tendremos que conseguir y consensuar otro gran acuerdo nacional sin el resultado de una sociedad crispada y dividida. Pasa hoy en USA. Pasa hoy en España. Es mala táctica confrontar la división con elementos que no la disuelven. Biden en América tiene un trabajo titánico. Sánchez en España otro. Y dicho todo esto ¡Viva la República! Pero, por favor, que no viva tan lejos… de la realidad.

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