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La Fórmula Mágica

Diego Meca |

Diego Meca | 04 de julio de 2016

He recibido mensajes sugiriendo, exigiendo o imponiendo ‘el trabajo’ como un cuarto elemento a la ‘Fórmula básica’ que planteé el otro día en el artículo “A los estrategas de las campañas electorales”.

Confieso que lo pensé, pero muy a mi pesar, no pude incluirlo, no encajaba. Una fórmula básica ha de ser genérica, valida y aplicable a todos.

En nuestra cultura (no en otras, como en la china, p.e.) el trabajo está marcado con el estigma del castigo: “Ganarás el pan con el sudor de la frente”.

Durante siglos, un caballero podía y debía hacer la guerra, pero nunca jamás: trabajar. (Las cosas han cambiado mucho, sí; pero donde hubo siempre queda, en especial cuando de estigmas se trata).

Desafortunadamente, la mayoría de trabajos no contribuyen a generar el sucedáneo de felicidad que proporciona la ‘Fórmula básica’; al contrario, a veces mata y casi siempre produce estrés, una forma de matar en diferido.

El trabajo está deshumanizado como está deshumanizada la vida en el absurdo de tener y querer tener más. Por desgracia, el valor del trabajo bien hecho no es nada ante el éxito del beneficio conseguido.

Sin embrago, hubo y hay trabajos, trabajadores y empresarios (de los que trabajan) que, aun obligados a jugar según la reglas, disfrutan trabajando. Para ellos el éxito está en hacer bien las cosas, y en el día a día. Algo en lo que hay un paralelismo con quienes tienen la dicha de f. profundamente enamorados.

Sí, existe otra fórmula, la ‘Fórmula Mágica’: la que incluye el elemento ‘trabajo’ y sustituye ‘f.’ por ‘hacer el amor’. Una fórmula específica cuyo resultado es una rara, intangible y quizá verdadera felicidad; no el sucedáneo de la más fácil, simple y tangible que se conoce desde el principio de los tiempos. Una fórmula futurista en proceso de investigación que viene siendo probada en infinidad de voluntarios con resultados tan dispares como hacerles ver el azul de la Luna llena, sonreírle a un mendigo… o llorar sin consuelo flotando en las nubes. Una fórmula caótica, muy recomendable, y quizá indicada para el caosismo que el mundo está empezando a vivir. 

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