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Dragó, Arévalo, VOX y las flores del mal

Pedro Luis Angosto |

Nuevatribuna | 09 de Enero de 2019

¿Qué importa que cada año un puñado de trogloditas asesinen a mujeres indefensas usando procedimientos que dejan en mantillas a los usados en La Matanza de Texas?

Si de algo estoy seguro respecto a este señor, es que es un verdadero coñazo, un plasta capaz de aburrir a los muertos con su verborrea repetitiva y una egolatría tal vez sólo superada por las de Rodrigo Rato, Jordi Pujol y Luis Miguel Dominguín, personajes pertenecientes a la misma España del pasado en la que él milita. Confieso que pese a algún intento durante mi juventud -creo que fueron dos- jamás he logrado leer más de diez páginas de ninguno de sus soporíficos e inconsistentes libros, perfectamente asequibles para cualquier masoquista interesado en librerías de viejo a precio de saldo. 

Admirador de la espiritualidad de las culturas orientales y opuesto a muchos de los logros de la civilización europea posteriores a los conseguidos por los presocráticos, el intrépido Dragó demostró su pasión por Buda, Confucio y Lao-Tse al confesar a Albert Boadella que había estado follando en Japón con dos niñas que le hicieron maravillas mientras él pensaba en las tribulaciones de Siddharta Gautama, sintiéndose muy feliz por la coyunda pero al mismo tiempo utilizado por aquellas dos chiquillas que abusaron de su generosidad y lo manejaron como a un trapo. Eso sí, la confesión la hizo cuando el delito había prescrito. Respecto a Europa, su rabia fue tal cuando España entró en la Unión Europea que en un acto heroico sin precedentes desde la resistencia de Guzmán el Bueno, pidió el estatuto de apátrida porque consideraba ese hecho como una traición insuperable, no por las políticas ultraconservadoras impuestas por la Comisión, sino porque ese nuevo ente atentaba contra las esencias patrias de la mano de un contubernio malicioso empeñado en imponer el multiculturalismo y el relativismo, modos que en breve nos llevarán a celebrar el año de la rata, el dragón, la serpiente o el tigre, de la misma manera que ya disfrutamos de Jalogüin en lugar del día de los muertos que tan arraigado estaba en nuestra tristeza secular.

Empeñado en llamar la atención con declaraciones extremas para seguir en el candelero que le prestan las televisiones del poder, este individuo afirmó hace unas semanas que ni la Sanidad ni la Educación pública tenían razón de ser, que cada persona debía buscarse alivio con sus propios medios, vamos como si nada hubiese avanzado desde que el hombre comenzó a andar sobre dos patas, como si el ser humano no fuese capaz de crear una sociedad diferente a la de las hienas, los chacales o los banqueros. Eso sí, desde 1979 este señor ha cobrado casi ininterrumpidamente de las televisiones públicas estatales y autonómicas, llegando al cénit de su carrera cuando la Televisión Valenciana del Partido Popular le hizo un contrato de doce mil euros por programa entre 1999 y 2004. Como fueron 212 programas con una audiencia media del 1% ya saben ustedes como sacar las cuentas de lo que este hombre ejemplar se llevó de una televisión pública que cerró con una deuda de 1200 millones de euros. Y no es que al hijo de Sánchez Monreal se lo rifasen la BBC, la RAI, la Fox o Netflix, ni que las leyes del mercado subiesen su cotización hasta esos montos descomunales, ni tampoco que fuese el Messi de los informativos y divulgativos mundiales, no, ni mucho menos, los programas de  Dragó no le interesaban ni a él, pero sus padrinos -Zaplana, Aguirre, Rajoy, Gallardón...- estaban empeñados en que el chaval no pasase necesidad y viviese con la holgura suficiente para seguir escribiendo una colección de obras maestras de la literatura universal que no se puede comparar con la de ningún otro escritor vivo. Génova paga con largueza a sus buenos hijos.

Las mujeres -que son de usar y tirar- han matado -según sus propias palabras en un periódico madrileño- a cerca de setenta niños. Los hombres -según otra “información”- se suicidan por cientos debido al acoso a que son sometidos por hembras pérfidas, vivimos la era del supremacismo femenino, los hombres están sojuzgados y sometidos a la dictadura de quienes nos inocularon el pecado original al coger la manzana equivocada. ¿Qué importa que cada año un puñado de trogloditas asesinen a mujeres indefensas usando procedimientos que dejan en mantillas a los usados en La Matanza de Texas? ¿Qué el acoso y la cosificación de la mujer como si fuese un ser inferior obligado a someterse a los machos alfas de las manadas? Nada, aquí los perseguidos son los hombres, somos nosotros los que sufrimos a diario la violencia física y psíquica de esos seres despreciables que secularmente han cuidado de todos y hoy piden tener -¡qué atrevimiento!- los mismos derechos, los mismos sueldos, el mismo respeto que la otra mitad, provocando con su actitud la decadencia de Occidente y la adulteración de las costumbres y la tradición.

¿Por qué ha de existir la Educación Pública si yo puedo llevar a mis hijos al colegio marianista del Pilar para que se relacionen con la gente de bien y el día de mañana puedan tener protectores del poder que les garanticen un futuro material maravilloso? ¿Si yo puedo acudir a la clínica Ruber para que traten mis dolencias y allí ver las patologías que afectan a los que son como yo, para qué necesitamos la Sanidad Pública? ¿Por qué tengo yo que acudir a un hospital público -que pago sin tener que hacerlo- y mezclarme allí con la chusma, gitanos, rumanos, bulgaros, ecuatorianos y pobres de mierda? ¿Es que un pobre pensionista de 500 euros o un trabajador de a 600 tiene los mismos derechos que yo? ¿Pero es que nos hemos vuelto todos locos? Para los pobres, para los que no han sabido buscarse la vida como Dios o Buda mandan, para los excluidos, los marginados, los discapacitados, los enfermos crónicos no hay más tratamiento que el policial, dotar a la policía de todos los recursos necesarios para que los que no contaron con padrinos, nacieron enfermos o son explotados sepan que esa es y será su condición y la de sus hijos, como durante el feudalismo o el franquismo, periodos de felicidad absoluta donde cada cosa estaba en el lugar que le correspondía.

Al igual que Abascal, que durante mucho tiempo y gracias al Partido Popular cobró más que el Presidente del Gobierno sin que se sepa por qué ni para qué, Dragó y los intelectuales de Vox como Espada, Morante de la Puebla, Carmen Lomana o Arévalo, son la más pura representanción del primitivismo hispánico. Nada de orientalismos ni de gaitas, puro y duro nacional-catolicismo contra el Estado Social y Democrático de Derecho, el logro más grande conquistado hasta la fecha por la Humanidad. Su defensa nos corresponde a todos los amantes de la libertad, la igualdad, la fraternidad, a los que vemos el darwinismo social como un engendro, a quienes tenemos la obligación de combatir el fascismo que nos quieren imponer, por nosotros, por nuestros hijos y por el porvenir. Esconderse o callar en esta lucha, es un crimen que pagaremos todos de manera dramática.

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