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Más dióxido de carbono en la atmósfera que nunca

nuevatribuna.es | 16 de mayo de 2019

En abril, el observatorio de Mauna Loa, en Hawai, registró la mayor concentración de CO2 de la historia.

Dos años y medio después del encuentro de París sobre el clima, las emisiones de dióxido de carbono y la concentración en la atmósfera de gases de efecto invernadero son muy elevadas, peligrosamente elevadas

El pasado mes de abril, el observatorio de Mauna Loa en Hawai registró la mayor concentración de CO2 de la historia, superando las 415 partes por millón (ppm), cuando el límite aceptable por seguridad es de 350 ppm. Probablemente ésa sea la mayor concentración de CO2 en cualquier mes de los últimos tres millones de años. Según la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la concentración de dióxido de carbono ha aumentado sin cesar en los últimos años y confirma que tres de los cuatro mayores aumentos han sido en los últimos cuatro años.

Sabemos lo que supone el calentamiento global porque cientos de científicos bajo los auspicios de la ONU nos han explicado sus letales consecuencias. Actualmente, la concentración de CO2, el principal gas de efecto invernadero, crece unas 3 ppm por año a causa de la actividad humana. Sin embargo, parece que el calentamiento global no vaya con nosotros, pero aún es mucho más preocupante  que se sigan buscando nuevas reservas de combustibles fósiles, cuando el acuerdo de París urgía con diáfana claridad a mantener enterrado en el subsuelo la mayor parte de combustibles fósiles.

Dos años y medio después del encuentro de París sobre el clima, las emisiones de dióxido de carbono y la concentración en la atmósfera de gases de efecto invernadero son muy elevadas, peligrosamente elevadas. Porque si hay algo innegable es que el cambio climático es el mayor reto actual y aún podemos hacer algo para frenarlo, aunque para hacer frente al cambio climático, se requiere  una voluntad política firme y contundente que por ahora brilla por su ausencia. No queda mucho tiempo.

Para acelerar el desarrollo del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha convocado el próximo septiembre de 2019 una Cumbre del Clima. Si esa Cumbre no funciona, si no se empiezan a conseguir resultados contra el calentamiento global, el futuro del planeta penderá de un hilo.

Dejar enterrados los combustibles fósiles

El secretario general de la ONU ha advertido que solo quedan dos años para actuar contra el cambio climático, si se quiere evitar el desastre. Guterres ha asegurado que, de no cambiar el rumbo desde hoy a 2020, acaso crucemos un umbral donde ya no se pueda evitar un cambio climático incontrolable con consecuencias desastrosas para los seres humanos y los sistemas naturales.

Las empresas del sector energético no van a dejar carbón, petróleo y gas enterrados. Y, aún peor si cabe, ningún Estado (o muy pocos) va a obligarlas a que no hagan nada, que es el objetivo

Contra un futuro climático dramático, cuando no trágico, jóvenes de todo el mundo recién se han auto-convocado y movilizado. El movimiento Fridays for future ha llamado a los y las jóvenes de 1.600 ciudades en 105 países a huelgas estudiantiles y manifestaciones para denunciar que apenas se hace algo contra el cambio climático. Buena muestra es que no se han tomado las medidas para hacer realidad un acuerdo fundamental del encuentro en París técnicamente fácil: dejar enterrado más del 80% de reservas conocidas de combustibles fósiles. Pero más demencial es que se sigue explorando para descubrir más reservas de esos combustibles, para perforar nuevos campos petrolíferos, aunque ya se disponga de mucho más petróleo del que podemos quemar de forma segura.

Por desgracia, las empresas del sector energético no van a dejar carbón, petróleo y gas enterrados. Y, aún peor si cabe, ningún Estado (o muy pocos) va a obligarlas a que no hagan nada, que es el objetivo. Pues de eso se trata. Según los acuerdos de París hay que dejar enterrados el petróleo, el carbón y el gas y olvidarse. Justo al contrario de lo que sucede, porque la gran mayoría de gobiernos apoya a las grandes empresas petroleras en su suicida empeño de abrir más yacimientos y perforar más. En Canadá, el gobierno de Trudeau apoya la expansión y explotación de arenas bituminosas de las que extraer petróleo. En Australia, el gobierno de Turnbull respalda abrir una enorme nueva mina de carbón. En EEUU el gobierno federal actúa como una empresa productora de combustibles fósiles...

Pero no todo es negativo. El Parlamento de Nueva Zelanda aprobó una ley para eliminar en 2050 la emisión de gases de efecto invernadero. Jacinda Ardem, primera ministra de Nueva Zelanda, explicó que la concentración de dióxido de carbono es uno de los problemas más graves a abordar y por eso su gobierno se impuso el objetivo carbono cero. Por su parte, el Gobierno español prohibirá la venta de coches diésel y gasolina desde 2040 y Holanda prohibirá todos los vehículos de combustión desde 2030, porque, pese al universal uso de la bicicleta, la contaminación del aire en Holanda es superior a los índices máximos aceptados por la Unión Europea. Holanda se propone sustituir en diez años como máximo todos los motores de combustión por otros de cero emisiones; coches eléctricos o de hidrógeno.

Sin embargo, tan pocas medidas y tan insuficientes dan la razón al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien advirtió que en tanto empeora el cambio climático, parece desvanecerse la voluntad de afrontarlo. En todas partes se comprueba que no se hace lo necesario para lograr los objetivos definidos en el acuerdo de París. El mundo ha de ir con urgencia hacia una economía sin combustibles fósiles para detener al cambio climático, para darle la vuelta a esa tendencia dramática. La humanidad no puede permitirse un cambio climático trágico o desaparecerá. Y no es hipérbole.

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