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Debate de investidura: algunos momentos para no olvidar

Cándido Marquesán Millán | Profesor de Secundaria. Zaragoza

Cándido Marquesán Millán | 14 de enero de 2020

Aitor Esteban en el debate de investidura.
Aitor Esteban en el debate de investidura.

Trascurridos unos días del debate de investidura quiero fijarme en alguno de sus momentos, que, desde mi punto de vista, no han merecido la atención debida por parte de los medios y que no debemos de olvidar.

No destacan especialmente por sus dotes oratorias nuestros representantes políticos. No obstante existe alguna excepción, como la del portavoz del EAJ-PNV Aitor Esteban, pero teniendo en cuenta la animadversión hacia todo lo que suene a nacionalista por parte de la prensa capitalina, no me sorprende su silencio.

El portavoz del PNV tuvo una intervención muy brillante el día 4 de enero. Se sirvió del mundo del cine para engarzar todo su discurso. Su idea fundamental fue justificar su apoyo al gobierno de coalición, frente a toda la derecha política y mediática que deslegitima(ba) y acusa(ba) de traición a Pedro Sánchez por apoyarse en los nacionalistas. Es una prueba de que nuestra democracia no ha calado en determinadas fuerzas políticas. ¿No pueden apoyar o abstenerse ante la investidura determinadas fuerzas políticas, totalmente democráticas? Como sabemos determinados partidos políticos, e incluso, no pocos españoles que alardean de progresistas, se manifiestan a favor de reformar la ley electoral en pro de la gobernabilidad, elevando el porcentaje de votos al 5% para entrar en el Congreso. Objetivo: eliminar la representación parlamentaria de los partidos nacionalistas o independentistas. De ser así, quedarían fuera sin representantes millones de españoles. Se aduce que los partidos nacionalistas o independentistas, ERC, PxCAt, PNV, BIlDU, están superrepresentados, lo que no es cierto. En las pasadas elecciones generales del 10-N cada diputado al PSOE le costó 56.274 votos; al PP  57.043; a VOX 70.001; a Cs 163.754; a ERC 66.918; a PxCAT 65.921; a PNV 62.903; a BILDU 55.303. Tienen en escaños lo que les corresponde en proporción al número de votos. Los grandes beneficiados han sido y siguen los dos grandes partidos. Y los grandes perjudicados en nuestra democracia han sido: IU, UPyD y Cs. 

 Ahí va lo fundamental de las palabras de Aitor Esteban:

No considero una solución realista, ni en términos democráticos ni en términos políticos, pretender solucionar los problemas amordazando o ninguneando a millones de ciudadanos. Lo que hemos oído estas semanas acerca de un posible Gobierno apoyado por un conjunto multipartito ha sido desde separatistas a golpistas, pasando por irresponsables e incluso delincuentes, un Gobierno Frankenstein. Y hoy hemos oído otros apelativos y alguno más se ha repetido, porque se han dicho más cosas, algunas muy graves si los que las dicen se toman realmente en serio la Constitución: se ha calificado al candidato de traidor y se le ha acusado de vender a España. En definitiva, se trata de descalificar, como si los únicos sensatos fueran ellos y ellas, como si fueran los únicos legitimados para tomar acuerdos de calado que afecten a la ciudadanía, porque, si no, todo Gobierno alternativo es ilegítimo. Y no me estoy refiriendo a lo que se ha vertido en las redes sociales, no; me refiero a lo que se ha dicho por representantes del PP, VOX, Ciudadanos y muchos opinadores mediáticos en tertulias, radios, televisiones y prensa escrita: la legitimidad de representar lo auténtico, lo único admisible, la auténtica España.

Como he comentado antes, Aitor Esteban engarzó su discurso recurriendo al cine. ¡Qué símil tan bien elegido! Prosigue:

“Recordarán que en la película El buen pastor hay una escena en la que el jefe de contrainteligencia de la CIA, interpretado por Matt Damon, un auténtico wasp —ya saben, el estereotipo americano blanco, anglosajón y protestante—, se reúne con un anciano italoamericano. El anciano, en un momento determinado, le dice: Los italianos tenemos la familia y la Iglesia, los irlandeses tienen su patria, los judíos, su tradición, incluso los negros tienen su música, pero su gente, señor Carlson, ¿qué tiene? La respuesta del jefe de la CIA es fría y rotunda: Los Estados Unidos de América, ustedes solo están de visita. Su idea de Estado es la única válida, todas las demás no son aceptables ni constitucionales. Los marginales, por mayoritarios que sean en sus respectivos territorios, son gentes a silenciar, bien sea cambiando la Ley electoral —porque muchos de ustedes nos quieren expulsar de este hemiciclo—, bien excluyéndonos de toda participación en el Gobierno, porque al parecer cualquier cosa que se acuerde con nosotros —vascos, catalanes, rojos separatistas— les viene como anillo al dedo para su agitprop y la mentira. Con nosotros no se debe ni se puede discutir una ley, al parecer, ni el sistema de pensiones ni la estructura territorial, nada. Porque claro, los Estados Unidos de América —léase en este caso España— son suyos. De hecho, van incluso más allá de lo que dice el jefe de la CIA en la película porque ni siquiera nos permiten votar a ver si queremos dejar de estar de visita... Para ustedes millones de personas son perfectamente prescindibles...

Tres días después fue todavía más brillante Aitor Esteban.

“Señoras diputadas, señores diputados, señor candidato, creo que muchos salimos abochornados por el espectáculo que se organizó en el hemiciclo el sábado y el domingo pasados, y hoy va camino de que pueda pasar algo parecido. Viendo lo sucedido, yo creo que solo los más ilusos pueden pensar que fuera algo espontáneo. En este hemiciclo todos hemos tenido que escuchar cosas que no nos han gustado, que no nos han gustado nada, cosas muy desagradables, algunas ad hominem, como también pasó el fin de semana, pero nadie está legitimado para interrumpir continuamente y obstaculizar el Pleno. La presidenta fue muy generosa. Por cierto, en este Congreso acerca del rey se han dicho muchas cosas y mucho más desfavorables que las que se pudieron verter antes de ayer, y así debe poder seguir siendo, porque la Jefatura del Estado no es sino una institución más sometida a crítica. Es fácil adivinar que a partir de mañana —no a partir de mañana, ¡ya lo han hecho hoy!—, viendo que la investidura puede salir adelante, Partido Popular, VOX y Ciudadanos comiencen a expandir la idea de que este será un Gobierno ilegítimo, un Gobierno que no responde a los parámetros constitucionales. Antes de ayer —también hoy lo han hecho ustedes— le han hecho un flaco favor al rey y a su neutralidad constitucional. Intuyo que no estarán muy contentos en Zarzuela, porque lo que han hecho con su torpe defensa y sus reproches fue identificar al jefe del Estado con su postura. En definitiva, lo que buscan es confrontar la Jefatura del Estado con la jefatura del Ejecutivo: El rey, salvador de España y que estaría con ustedes y lo que representan, frente al presidente del Gobierno —un Gobierno ilegítimo— que conspira contra las bases del Estado. Y, además, dando la sensación de una suerte de jerarquía del jefe del Estado que jurídicamente no existe. Pero es curioso que si hoy estamos todas y todos votando aquí la candidatura del señor Sánchez es porque el rey lo ha querido así, porque en la ronda de consultas con las fuerzas parlamentarias en Zarzuela ya era conocido el acuerdo entre los señores Sánchez e Iglesias, y para no poner en seguro peligro a España —para no venderla, como dicen ustedes— el rey podría perfectamente haber optado por proponer al señor Casado, al señor Abascal o a la señora Arrimadas, y resulta que ha propuesto al supuesto felón Pedro Sánchez. Según su lógica, ¡que irresponsabilidad la del monarca!

Vaya repaso que les hizo Aitor Esteban a los Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo, Santiago Abascal e Inés Arrimadas. Les ridiculizó en ese intento de patrimonializar la Monarquía. Mientras hablaba Aitor Esteban, yo observaba los rostros de los Casado, Cayetana, Abascal e Inés Arrimadas. Les recomiendo que visualicen tal momento. Sus rostros parecían una mezcla de ridículo y estupor. Eran todo un poema. Trasmitían el mensaje de “trágame tierra”. Construir todo un discurso contra la investidura de Pedro Sánchez, recurriendo al Rey, y que alguien lo eche por tierra y lo deslegitime en 5 minutos, es como para que pase a los historia del parlamentarismo español. De verdad, las derechas españolas además de perversas son torpes. Insisto, vean este momento glorioso. Estoy seguro que nuestros ínclitos líderes de la derecha tardarán mucho tiempo en olvidarlo. Ni que decir tiene que para los grandes medios este momento les pareció irrelevante.

Pasemos a otros momentos inolvidables.

Pablo Iglesias el 4 de enero acabó su alocución: Permítame acabar con una reflexión que Antonio Machado ponía en boca de Juan de Mairena: «La patria es en España un sentimiento sencillamente popular del cual suelen jactarse los señoritos. En los trances más duros, los señoritos la invocan y la venden; el pueblo la compra con su sangre, y no la mienta siquiera»

Recurrir a Antonio Machado siempre es de agradecer. Palabras que siguen siendo actuales, tanto en Cataluña, como en el resto de España. Se recurre a la patria con fines espurios, para ocultar problemas diversos: corrupciones, destrozos del Estado de bienestar, paro, desahucios, pobreza energética… Y por supuesto, por réditos electorales. Tampoco es una novedad. Los pueblos han sido engañados con el señuelo de la patria por los señoritos, o lo que es lo mismo, unas élites económicas y políticas.

Otro momento que, por supuesto, pasó desapercibido para los grandes medios fue la intervención de repulsa a la bochornosa actuación parlamentaria de las derechas en el debate de investidura el 7 de enero por parte de Joan Baldoví de Més Compromís: “Señor Abascal, perdone que insista, a la vista de los gritos. Cuando cobraba 83 000 euros de un chiringuito por no hacer nada, ¿lo hacía por Dios, por España, por el rey? ¿Por quién lo hacía? Señores, me equivoqué con la tila, lo confieso. Ustedes no necesitan tila, ustedes necesitan una cosa que se da en las escuelas: ¡educación! ¡educación! Soy maestro de escuela y si hubiera tenido que explicar lo que es la mala educación y la intolerancia, hubiera puesto un vídeo de lo que pasó aquí el domingo por la mañana. Soy profesor de Educación Física y enseño a los niños y a las niñas a ganar, pero sobre todo, a perder”.

Prosigamos con otros momentos.

En su discurso del día 4 de enero Pablo Casado dijo: “Señor Sánchez, seguimos en el centenario de Galdós. Decía otra cosa sobre usted, voy a decir, cien años después. Decía que un hombre sin ideal es como el mendigo cojo que está en el medio del camino pidiendo limosna a quien sea sin saber quién es. Eso es lo que hace usted, le da igual pedir la abstención al Partido Popular que a Ciudadanos que a los de Bildu que a los de Esquerra que a los de Junts per Cat que a los de Podemos. Le da igual, porque solo le importa usted, y España, señor Sánchez, no se merece un presidente como usted, pero tendrá una oposición como merece, firme e inflexible frente al atropello que usted pretende votar aquí”.

Que la derecha recurra a la figura de Benito Pérez Galdós, teniendo en cuenta su trayectoria vital, literaria y política es otra prueba de su torpeza. Le pusieron fácil la réplica a las izquierdas.

Pablo Iglesias: “Señores de la derecha, de la ultraderecha y de la ultraultraderecha, he escuchado sus intervenciones con mucha atención. Querría rescatar algo positivo de su intervención, señor Casado, y creo que lo voy a conseguir. Ha citado usted a Benito Pérez Galdós. No solamente es uno de los escritores más importante de los últimos doscientos años, era también un republicano que acabó siendo socialista. Si me permite un consejo: más Pérez Galdós y menos Pérez Reverte, señor Casado…”

 Y Jaume Asens hizo lo mismo: El señor Casado hablaba de Galdós, le citaba, aunque estaría bien que lo leyera además de citarlo. Yo quiero citar a Albert Camus, escritor y filósofo que murió hace 60 años. Camus decía —y está bien recordarlo hoy, precisamente en su aniversario— que la democracia, si es consecuente, no puede beneficiarse de las ventajas de la venganza

Las izquierdas podrían y deberían haber sido más contundentes. Tal como señala José María Pérez-Muelas Alcázar en un artículo Si Galdós fuera francés:

 “Solía decirnos don Miguel d'Ors en sus clases de literatura en Granada que si Galdós hubiese sido francés habrían tenido que inventar un nuevo premio para él, porque el Nobel se le hubiese quedado pequeño. En efecto, Galdós no se llevó el Nobel cuando estuvo nominado, ni en 1912 ni en 1913. Después llegó la Primera Guerra Mundial y tras ella su muerte. No es que el premio me merezca ningún respeto. Al menos este año ha recaído en un escritor y eso no siempre ocurre. Pero el motivo de no darle el premio a Galdós nació de una fuerte campaña en contra por sus ideas liberales y anticlericales. Y partió de la propia España. Al tejado de nuestra patria ya no le caben más piedras”.

En definitiva, los sectores conservadores fueron a por él, demorando injustamente dos décadas su entrada en la Real Academia o boicoteando —los jesuitas especialmente— su candidatura al Premio Nobel de Literatura, defendida por gente como Ramón y Cajal, Pérez de Ayala, Jacinto Benavente, Echegaray… Su compromiso político le pasó factura. Promovió la emancipación de la mujer, la democracia y el laicismo. Casi nada.  Y hace más de 100 años. Nada nuevo bajo el sol en esta España nuestra. Lo que es evidente que ha sido uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Nadie como él hizo una mejor descripción de la sociedad española de tiempos de la Restauración borbónica, la del sistema canovista. Se puede conocer mucho mejor la historia de aquella época a través de sus novelas, cualquiera de ellas, además de los Episodios Nacionales, que en los libros de historia escritos por conspicuos u egregios catedráticos, que son auténticos tochos.

No puedo desaprovechar la ocasión para citar que en mis tiempos de estudiante en el Instituto, disfruté con la lectura de sus novelas, Fortunata y Jacinta, Marianela, La familia de León Roch… Las devoraba. Y especialmente me impresionó una novela poco conocida, titulada La desheredada. Gracias a Benito Pérez Galdós, además de Pío Baroja, adquirí el gusto por la lectura. Por eso le estoy profundamente agradecido.

Quiero terminar con algunos fragmentos de una obra poética extraordinaria Díptico Español de Luis Cernuda. Lo hago por dos razones. Porque sigue tristemente siendo actual, como acabamos de ver en el Congreso de los Diputados y porque al final hace unas referencias bellísimas a Galdós, que seguro Pablo Casado las desconoce, ya que si las hubiera conocido, es probable, mejor seguro, que no hubiera recurrido a Benito Pérez Galdós.

“Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
En creer que la razón de soberbia adolece
Y ante el cual se grita impune:
Muera la inteligencia, predestinado estaba
A acabar adorando las cadenas
Y que ese culto obsceno le trajese
Adonde hoy le vemos: en cadenas,
Sin alegría, libertad ni pensamiento.

Si yo soy español, lo soy
A la manera de aquellos que no pueden
Ser otra cosa: y entre todas las cargas
Que, al nacer yo, el destino pusiera
Sobre mí, ha sido ésa la más dura.
No he cambiado de tierra,
Porque no es posible a quien su lengua une,
Hasta la muerte, al menester de poesía…

Hoy, cuando a tu tierra ya no necesitas,
Aún en estos libros te es querida y necesaria,
Más real y entresoñada que la otra:
No ésa, mas aquélla es hoy tu tierra.
La que Galdós a conocer te diese,
Como él tolerante de lealtad contraria
,
Según la tradición generosa de Cervantes,
Heroica viviendo, heroica luchando
Por el futuro que era el suyo,
No el siniestro pasado donde a la otra han vuelto.

La real para ti no es esa España obscena y deprimente
En la que regentea hoy la canalla,
Sino esta España viva y siempre noble
Que Galdós en sus libros ha creado.
De aquélla nos consuela y cura ésta.

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