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Curiosidades e ironías de la vida

Julio Ruiz Ruiz |

Nuevatribuna | 28 de octubre de 2010

NUEVATRIBUNA.ES - 25.4.2010Ahora, en momentos de dificultades, existe una corriente de pensamiento que pretende crear una opinión contraria al mundo sindical. Una corriente que con el viento a favor se esfuerza en desprestigiar a los sindicatos acusándoles de oponerse a cualquier reforma, curioso, a los sindicatos que son y han sido a lo largo de la historia la mayor fuerza reformadora de la sociedad organizada.
NUEVATRIBUNA.ES - 25.4.2010

Ahora, en momentos de dificultades, existe una corriente de pensamiento que pretende crear una opinión contraria al mundo sindical. Una corriente que con el viento a favor se esfuerza en desprestigiar a los sindicatos acusándoles de oponerse a cualquier reforma, curioso, a los sindicatos que son y han sido a lo largo de la historia la mayor fuerza reformadora de la sociedad organizada.

El sindicalismo es reformista por naturaleza, está en sus genes, la naturaleza del sindicalismo reside en su condición reformista. ¿Cómo se puede pretender hacer aparecer a los sindicatos como los grandes opositores a las reformas? El sindicalismo ha sido siempre y es el abanderado de las reformas, también aquí y ahora. La Europa social es el fruto de la naturaleza y la voluntad reformista y reformadora del movimiento sindical, es en esta naturaleza y actitud del movimiento sindical donde tiene su origen el llamado Estado del Bienestar.

Lo que ocurre es que esa corriente de opinión no está pensando, no está proponiendo reformas que ayuden a combatir y superar la actual situación de crisis que padecemos. Por cierto, crisis que no han provocado ni los sindicatos, ni la política, ni por supuesto los trabajadores/as. Esta es una crisis modélica, no sistémica, de avaricia y de ausencia de la política en los organismos reguladores y supervisores del sistema financiero y monetario.

Estos creadores de opinión están pensando en aprovechar la crisis para, en nombre de la modernidad de las reformas, provocar un recorte en los derechos conquistados por los trabajadores y trabajadoras a lo largo de la historia liderados por sus sindicatos, disfrazándolo de reformas que solo buscan dilapidar esas conquistas en forma de derechos e ir vaciando de contenido el modelo social europeo, que tiene como uno de sus pilares básicos los derechos del trabajo y su protección.

¿O es que es posible pensar este estado social europeo de protección, de seguridad social, de sanidad, de educación, del sistema de pensiones, etc., sin los derechos del trabajo, de los trabajadores/as? No, no es posible imaginar nuestra realidad sin esos derechos, estos dan robustez, solidez a nuestro modelo, único en el mundo y por eso deseado y envidiado en el resto del mundo.

Esa corriente se asienta en un neoliberalismo económico ultra, basando su ofensiva en dos condiciones básicas; una la de recortar derechos conquistados, y para ello nada mejor que desprestigiar a los sindicatos intentando minar su credibilidad y predicamento entre la clase trabajadora, acusándolos de entorpecedores y obstáculos para salir de la crisis, atacándolos y presentándolos ante la opinión pública como antirreformistas, cuando esa es su naturaleza precisamente, ironías de la vida.

La otra condición es siempre la bajada de impuestos, que según ellos facilitará la inversión y la creación de empleo, lo de menos son las condiciones de ese empleo. Yo defiendo que una sociedad sin impuestos es una sociedad para ricos y afortunados, porque estos podrán comprar lo que les dé el mercado, y en el mercado hay de todo, se puede comprar todo, sanidad, educación, seguridad, etc., todo esta en el mercado, solo se necesita ser un afortunado para poderlo comprar, los que no puedan se quedaran en la cuneta.

Otra curiosidad, otra ironía es que quienes abanderan hoy esa campaña para desprestigiar a los sindicatos, son los mismos que en todos estos años de crecimiento y bonanza económica han alabado la actitud de estos mismos sindicatos por su responsabilidad y moderación salarial y en las reivindicaciones legitimas para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora, sí la clase trabajadora, porque seguimos viviendo en una sociedad con clases, por mucho que esa corriente de opinión y línea de pensamiento quiera y se esfuerce en negarla. Ni antes eran tan moderados, ni ahora tan opositores, aunque responsables sí, antes y ahora.

La memoria es importante y esta nos recuerda, por ejemplo, que las mayores y más eficaces reformas llevadas a cabo en nuestro país en la historia mas reciente han llevado el sello y el beneplácito sindical, es más, estas no se hubieran podido realizar, no habrían sido eficaces sin el concurso sindical. Reforma laboral del Estatuto de los Trabajadores y Modalidades de Contratación, o la reforma del Sistema de Pensiones. Las dos ha funcionado y funcionan bien y si alguna carencia hay que achacarles, sobre todo a la de las modalidades de contratación, es el poco uso que el empresariado ha hecho de ella, por ejemplo, del contrato de fomento con una indemnización en caso de despido improcedente no justificado de 33 días por año trabajado en vez de los 45 del contrato ordinario.

No, no es creíble acusar al mundo sindical de resistente a las reformas, y en el caso español es, además, injusto. Los Sindicatos mayoritarios de este país tienen más que acreditada su responsabilidad en el ejercicio de su función principal, que es la de defender intereses de parte, es decir, los intereses de los trabajadores y trabajadoras. Pero no menos acreditada tienen su responsabilidad en defensa de los intereses generales del conjunto de la sociedad, aquí tiene su origen el Diálogo Social, la Concertación Social, que ha terminado por convertirse en una de las políticas mas importante de los gobiernos, tanto central como autonómicos, y una de las aportaciones más serias al desarrollo y al progreso, por eso son estos Sindicatos los mayoritarios y no otros.

Más valdría que estos creadores de opinión se pusieran al servicio del interés general comprometiéndose más con el trabajo, la labor y la conciencia de cómo contribuir a salir de esta maldita crisis que, aunque con rasgos propios, no deja de tener su origen en la avaricia de unos pocos y el desprecio a la participación de la política en el sistema financiero y sus órganos reguladores y supervisores.

Desarrollar campañas de desprestigio de uno de los pilares básicos sobre los que se asienta la democracia, el estado de derecho y nuestro modelo social, como son los sindicatos es atacar a los trabajadores y trabajadoras. Estas organizaciones no son un mal a soportar, como algunos piensan, sino un bien a reforzar y preservar como garantía de libertad, progreso y convivencia. Quienes se empeñan en hacer ver y crear opinión en contra de ellos, sólo lograran desprestigiarse a sí mismo y a las ideas que puedan profesar.

Julio Ruiz Ruiz

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