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Cuidar la tierra. Un cambio de visión y de estilo de vida

nuevatribuna.es | 01 de noviembre de 2019

Begoña Iñarra | Todos los seres de la Tierra y del cosmos son interdependientes. Los seres humanos tenemos una doble dependencia: la primera de la Tierra que nos da lo necesario para vivir

Ante la destrucción de los ecosistemas de la Tierra provocada por el ser humano, que pone en riesgo el futuro de la humanidad, cada persona es responsable del cambio climático, cuyas consecuencias vivimos ya.

El cambio climático, además de ser una amenaza real, nos lleva a la necesidad de abrirnos a otra forma de pensar, vivir y actuar para cuidar de la Tierra y de todo lo que contiene. Nuestra responsabilidad como seres humanos con mayor conciencia que otros seres del Planeta es cuidar la Tierra para que la vida crezca y se desarrolle, como lo ha hecho siempre en su evolución.

Abrirnos a la nueva cultura ecológica significa cambiar nuestra relación a la naturaleza y a los otros seres del planeta. La visión ecológica es holística, de inspiración ética y espiritual

En la situación de "urgencia" o “emergencia” climática actual, no solo los gobiernos, las instituciones, las empresas y la sociedad tienen que cambiar, sino que cada uno de nosotros hemos de transformarnos para disminuir nuestro impacto en el cambio climático. Cambiar yo mismo para instar a los gobiernos a cambiar.

Este cambio es un proceso que lleva tiempo. Pero lo vivimos con muchos otros y felizmente, hoy también con muchos jóvenes luchando por un mundo mejor para todos. Unidos podemos transformar el sistema y el mundo.

Una nueva relación con la Tierra y el Cosmos

El proceso de transformación pasa por un cambio de mentalidad que nos permitirá entrar en la nueva cultura en la que el cuidado de la Tierra y de los seres que la habitan estará en el centro. Este proceso no puede esperar. Tenemos que empezar YA.

Presento algunas perspectivas que pueden ayudar a cambiar nuestras actitudes hacia el Planeta y los seres que lo habitan.

Todos los seres de la Tierra y del cosmos son interdependientes. Los seres humanos tenemos una doble dependencia: la primera de la Tierra que nos da lo necesario para vivir. La segunda dependencia es de otros seres humanos. Para sobrevivir y crecer necesitamos cuidados, de pequeños y en la ancianidad sobre todo. Además, sin vínculos un ser humano muere.

Todos los seres del Planeta somos miembros de la misma familia, es decir “somos parientes”. Por siglos los seres humanos se han considerado “el centro” de la Tierra y del universo y por tanto “aparte”,  separados de la Tierra, en posición de superioridad y de control de los otros seres. De ahí que “los utilizáramos” a nuestro servicio. La realidad es que somos parte de la Tierra. Formamos una comunidad de vida con todos los seres del cosmos. Por eso debemos respetarlos. Estar interconectados hace que el bienestar o el dolor del otro,  ser humano, animal o planta, nos afecte a todos.

Estamos emparentados a los arboles que crean el oxigeno, a los elementos del aire que respiramos… Necesitamos a los arboles para vivir, pero ellos han existido miles de siglos sin el ser humano. Nuestra existencia y nuestra supervivencia están profundamente vinculadas a la existencia y a la supervivencia de toda forma de vida en la Tierra. Cada ser y cada vida tiene valor en sí misma, pero los seres vivos nos necesitamos unos y otros.

La interdependencia de todos los sistemas de la Tierra, demostrada científicamente, nos ayuda a adoptar una perspectiva holística que considera todos los factores presentes en un fenómeno  dependientes entre sí y ve la correlación de todos los componentes de un sistema.

La responsabilidad del ser humano hacia la Madre Tierra nos lleva a la solidaridad universal. La mayor conciencia de los seres humanos, les hace responsables de la vida de la Tierra y de todos los seres que la habitan, para proteger la vida y crear condiciones para que prospere. De esta responsabilidad fluye la solidaridad hacia todos los seres, y en especial hacia los seres humanos, indispensable para que todas las criaturas vivan con dignidad.

Manejar paradigmas más allá del mero crecimiento económico supone una forma alternativa de sociedad y de economía que mira por el bienestar de todos y del Planeta. Al reducir la producción y el consumo, para preservar el medio ambiente, el decrecimiento apoya la vida y los vínculos que hacen una vida “buena”. Algunos de sus valores son: el cuidado, la solidaridad universal y la cooperación.

Para lograr el bienestar de todos, los que usan demasiados recursos deberán reducir su uso, para que así los que no pueden satisfacer sus necesidades básicas, logren aumentar su nivel de consumo. Vivamos más sencillamente, para que otros puedan sencillamente vivir.

Abrirnos a la nueva cultura ecológica significa cambiar nuestra relación a la naturaleza y a los otros seres del planeta. La visión ecológica es holística, de inspiración ética y espiritual.

La espiritualidad ecológica es la actitud que pone la vida en el centro, la defiende y la promueve contra todos los mecanismos de estancamiento y de muerte[1]. En la visión holística y unificada del ser humano, lo espiritual y lo corporal están unidos en cada ser que se va haciendo... (transformando), como todo lo que existe en el proceso de la vida y en la evolución del mundo...

Cambio de sistema y cambio personal para cuidar del Planeta

Mirando al mundo percibimos la situación catastrófica del planeta: la degradación ambiental, la sobre-explotación de los recursos de la Tierra, los fenómenos del cambio climático, las extremas desigualdades entre riqueza y pobreza, la explotación, las injusticias.... Pero también vemos las muchas transformaciones realizados para mejorar la vida del Planeta y de los seres que lo pueblan. Desde ciertas políticas, comportamientos, acciones, evolución de las mentalidades hacia más interés y atención al cuidado de “la Casa común”; mayor interés y compromiso por un mundo para todos...

Para resolver esta crisis, se necesita un cambio estructural que tienen que dirigir quienes toman las decisiones, pero que ha de estar influido por todos los que quieran contribuir. Favorecer ese cambio significa participar en movimientos sociales, lanzar y vivir proyectos alternativos, sensibilizar a las personas sobre las causas de la situación actual, incidir a todos los niveles para lograr un cambio de políticas que han de estar al servicio de los ciudadanos y no de las grandes corporaciones empresariales multinacionales, la Banca y las Entidades Financieras... Y todo ello para exigir a los gobiernos e instituciones que tomen medidas para reducir los gases de efecto invernadero y que sus decisiones conduzcan a un cambio sistémico para detener el cambio climático e ir hacia un mundo mejor para todos. Pero el compromiso por un cambio estructural debe ir acompañado de un cambio personal: de visión, de estilo de vida más sencillo... que afecte todas los aspectos de la vida: comida, transporte, casa, relaciones, organizaciones en las que nos comprometemos y aliados vitales con quienes caminamos, bancos, comercios, negocios que hacemos... Todo ello tiene un efecto mayor o menor en el cambio climático y en la sociedad que configuramos.

Nuestra visión guiará los cambios necesarios en nuestras vidas para pasar de ser consumidor a ser un cuidador que mejora la vida para todos.

[1] Leonardo Boff.

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