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El COVID-19 y nuestra dependencia con el Gigante asiático, ¿Nos hace vulnerables?

nuevatribuna.es | 05 de abril de 2020

Isabel Santander Melgarejo

El COVID-19 y nuestra dependencia con el Gigante asiático, ¿Nos hace vulnerables?

Al igual que una empresa no puede depender de un único proveedor o de un único cliente, el mundo no puede depender de un sólo fabricante.

Deténgase un momento y observe todo lo que hay a su alrededor, probablemente el 90% de las cosas que le rodean son producidas (productos terminados) o son productos que para ser ensamblados necesitan piezas fabricadas (productos intermedios)en China.

En un mundo globalizado, las grandes compañías de los países occidentales llevan décadas deslocalizando su producción hacia países asiáticos, mayoritariamente China.

En este contexto de crisis, los “países del primer mundo” se han dado cuenta de que tienen una gran dependencia del gigante asiático, lo que los hace tremendamente vulnerables a la hora de afrontar elvirus.

Teóricamente en tiempos de auge, la oferta y la demanda determinan los precios y las cantidades producidas en el mercado, sin embargo, nadie se ha parado a pensar qué pasaría si existiese un desajuste en ese mercado casi perfecto.

La dependencia de la economía mundial para elaborar cualquier producto y no poder ser autosuficientes nos ha llevado a algunos a pensar que todo lo que está pasando también se podía haber amortiguado si no se concentrara toda la producción en un solo país como China.

Da la casualidad de que el brote del virus se originó en un país donde se centra el comercio mundial, por tanto, toda la producción estimada de productos sanitarios para abastecer al resto del mundo se destina para abastecer a los locales, lo que a su vez provoca la rotura del mercado, se dejan de producir y exportar productos no necesarios, mientras el mundo entero demanda mascarillas, respiradores, ropa de protección, etc. y comienza el mercadeo, incluso a pie de pista.

Mientras en gran parte del mundo la sanidad se encuentra desbordada porque no existe un medicamento para la cura del COVID-19 y los materiales sanitarios son estrictamente necesarios para que el profesional realice su labor, las grandes economías negocian ese producto tan preciado porque no son capaces de producirlos en su territorio.

¿Es un fallo de mercado centralizar la producción mundial en un solo país por abaratar costes?¿Viola el principio de la competencia perfecta de un libre mercado?Todos sabemos la respuesta para este caso en concreto, y es que nos hemos visto desnudos ante la impotencia de querer salvar vidas y no poder, porque nosotros mismos hemos alimentado esta estrategia de mercado.

Quizá toda esta crisis nos sirva como punto de inflexión para la creación de un nuevo modelo económico, no tanto ya basado en los costes y el margen de beneficio sino pensado en dar una respuesta inmediata y eficaz en situaciones de crisis.

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