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El coronavirus, sus consecuencias y las oportunidades de mejora para la sociedad

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Voces Canarias | 16 de marzo de 2020

Por Mario Marcelo Regidor | Ya la tenemos aquí… Una pandemia en toda regla. Pero conviene hacer mención a varias cuestiones capitales que es lógico que conduzcan a la incertidumbre. A saber, es una cepa de virus nueva para la cual no tenemos vacuna, su letalidad es mayor que la de una gripe normal cuyos síntomas son similares pero no iguales y pueden conducir a confusión en el diagnóstico. De hecho, se parece más a una neumonía que a una gripe y, finalmente, su potencial de contagio es bastante más elevado que el de una infección de las vías respiratorias normal y corriente debido a su mayor carga vírica.

Una vez dicho esto, y teniendo en cuenta que lo primero que nos debe preocupar son las consecuencias sanitarias que están siendo graves e, incluso, mortales, no debemos olvidar las consecuencias económicas, sociales y políticas que a medio y largo plazo se pueden dar ya que, éstas, van a perdurar en el tiempo y van a modificar pensamientos, actitudes y formas de entender el mundo que nos rodea.

Una infección vírica no conoce de fronteras formales o jurídicas de países, salta de uno a otro sin medida y requiere, por ende, de una actuación coordinada entre estados-nación y organizaciones supranacionales

Para empezar, las consecuencias económicas ya las estamos sintiendo. En lo que se refiere a España en un mes se han perdido más de 50.000 millones de euros en capitalización bursátil (bajando casi un 21% sólo en la última semana), las previsiones de crecimiento económico de la zona Euro han vuelto a ser modificadas al albur de la pandemia y, posiblemente, en función de cómo evolucione este fenómeno ya hay previsiones de entrar en recesión en el segundo semestre del año. No olvidemos que la bolsa siempre es lo primero que baja y suele ser el preludio de una crisis económica si esos descensos son mayores y se prolongan durante más tiempo de lo que podría suponer una simple corrección.

No conviene desdeñar esta situación, no por los descensos bursátiles, sino por el hecho de que las consecuencias a prevenir derivadas de la pandemia están obligando a cambiar hábitos de trabajo permitiendo a las empresas y administraciones públicas que no lo tenían implementado a desarrollar a toda prisa sistemas de teletrabajo que permitan trabajar a los empleados desde casa vía telemática y no parar la actividad administrativa pública y privada pero, ¿Qué pasa con las fábricas?

A pesar de las medidas aprobadas en Consejo de Ministros por el Gobierno antes de la Declaración del Estado de Alarma, y que se espera que no sean las únicas, no cabe duda de la dificultad de proseguir la actividad productiva en fábricas o similares donde hay cadenas de montaje y el trabajo es coordinado en equipo en grandes instalaciones. En este aspecto, mantener las recomendaciones médicas para prevenir la infección dentro de tu jornada de trabajo se hace harto complicado con lo que, a tenor de las medidas aprobadas, el trabajador puede quedarse en casa como incapacitado temporal derivado de accidente de trabajo si tiene síntomas o está diagnosticado o, bien como suspendido de empleo y cobrando la prestación por desempleo si la empresa opta por mandarle a casa. Las consecuencias para las arcas públicas son onerosas aunque obligadas de asumir por ser garante de la seguridad y salud de sus ciudadanos.

No olvidemos que el Estado de Alarma está decretado por un período de 15 días y que, para ser prorrogado, necesita de acuerdo del Consejo de Ministros. Pongamos por caso que dura un mes… Reitero, la obligación del estado es asumir esas necesidades económicas pero generarán un coste muy elevado para la Hacienda estatal. Todo ello, sin olvidar que la industria prácticamente estará parada con las consecuencias económicas que deparará en el futuro ya que no lo veremos en el corto plazo. Todo ello sin olvidar la previsible generalización de Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTEs) que sería deseable que no se volvieran permanentes.

A todo lo anterior, se une el hecho de la guerra de precios del petróleo entre Rusia y Arabia Saudí que ocasionó que se desplomaran los precios del crudo casi un 30% en un solo día. No cabe duda que estas luchas geopolíticas influyen en toda la humanidad, desde el pequeño ahorrador hasta el empresario con mayor riqueza pero no es menos cierto que las consecuencias económicas para uno y otro son muy diferentes.

Las consecuencias sociales ya las estamos viendo. Desde el acto más sencillo y común como es saludarnos entre dos personas está cambiando para aislar el contacto físico, a lo que se suma la situación derivada de la aprobación del Estado de Alarma. Es posible que estos cambios en nuestro estilo de vida pasado un tiempo vuelva a normalizarse. No obstante, el temor que tengo es que no seamos capaces de ver al semejante como lo que es, un igual y que esta crisis sanitaria nos conduzca a un mayor aislamiento aumentada desde hace tiempo por las nuevas tecnologías y las redes sociales.

¿Y las consecuencias políticas? Muchos partidos populistas de extrema derecha llevan diciendo desde hace tiempo que hay que cerrar las fronteras. Esta situación sobrevenida y excepcional, ¿les está dando la razón? Lamentablemente, y a falta de encuestas, creo que, en Italia, por ejemplo, Salvini puede tener un importante repunte y en otros países también podemos ver un renacimiento o consolidación a corto y medio plazo de esta clase de partidos. También es posible, no obstante, que estas situaciones puedan sacar el lado más solidario de las diferentes sociedades y abogar por sentimientos que superen las conciencias nacionales y fortalezcan los lazos de unión entre seres humanos por encima de ideologías y países, celebrando que somos ciudadanos del mundo.

¿Qué enseñanzas nos puede dejar esta pandemia? Sinceramente, debemos ser conscientes de las medidas de autoprotección que son necesarias para impedir la propagación de una epidemia o pandemia y que dependen exclusivamente de cada uno de nosotros. Si logramos aprender, y no olvidar, estas enseñanzas habremos dado un paso de gigante.

No obstante, debemos ser resilientes como sociedad y no me refiero sólo a España. Una infección vírica no conoce de fronteras formales o jurídicas de países, salta de uno a otro sin medida y requiere, por ende, de una actuación coordinada entre estados-nación y organizaciones supranacionales. A pesar de lo que digan los partidos extremistas, es la hora de fortalecer las estructuras que superan el ámbito territorial del estado y hacernos fuertes como sociedad globalizada porque las amenazas a las que nos enfrentaremos, salvo excepciones contadas, serán globales.

Esto es especialmente importante ya que, el 2020 es el año del Covid-19 pero, dentro de 6 o 7 años, es posible que venga otra amenaza que ahora mismo ni siquiera somos capaces de imaginar y para la que necesitaremos estar armados y preparados, a nivel personal, de sociedad, de instituciones políticas y, entre todos, ser capaces de afrontarla desde la resiliencia. No podemos perder la cabeza ante cualquier peligro desconocido. Obrar con sentido común y de forma coordinada es la mejor enseñanza que podemos sacar de esta situación. Y, sobre todo, no olvidar lo aprendido.

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