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Con Iglesias tampoco

Carlos Sotos |

Carlos Sotos | 30 de julio de 2019

El inventor de la trilogía Programa Programa Programa, Julio Anguita, desgranaba y anticipaba profesoralmente ante un medio televisivo el pasado 18 de julio, la imposible andadura de una coalición entre PSOE y PODEMOS por otras tres razones a su juicio ineluctables. En resumen, porque ni la Unión Europea, ni el IBEX 35, ni los fácticos y ocultos poderes que según él controlan el PSOE lo permitirían. Eso sí que es ponerse una venda antes del tajo del tamaño de un paracaídas para justificar lo que vino después. No sin advertirnos primero que la izquierda española comete un error esencial al mantener el mito de la unidad de la izquierda integrando en ella al PSOE, con el que es imposible engendrar una alianza estratégica. Literal... Es bien interesante este planteamiento porque ni el PSOE podría coaligarse con PODEMOS y sus confluencias porque no le dejan, ni PODEMOS podría coaligarse con el PSOE en torno a un programa de izquierdas porque no es de ese palo. Solo quedaría pues la opción fracasada del “sorpasso” que desde C's por la derecha y Podemos por la izquierda han intentado infructuosamente. Tal vez por eso de Programa a secas ni se hablaba. Comentaremos después sobre ese tema.

Despreciar la influencia de Anguita en la construcción del “relato” es no conocer lo que se cuece en no pocas de las bases activas de Podemos

Despreciar la influencia de Anguita en la construcción de lo que ahora llaman “relato” es no conocer lo que se cuece en no pocas de las bases activas resultantes de las crisis de PODEMOS, que tiene bien anclados en su argumentario antecedentes históricos de calificativos políticos con otras denominaciones pero con los mismos contenidos. De manera que se puede sustituir a la CIA y el departamento de Estado USA por la UNION EUROPEA; a la trilateral por el IBEX 35; y a los antiguos poderes fácticos de la transición por estos indescifrables del interior de la caverna del PSOE le da como un aire de modernidad que explica problemas complejos con una receta de tenebrosas conspiraciones. Bueno.

Sin embargo habrá que reconocerle al PSOE la capacidad desde 1977 de integrar en sus filas por acción o convicción a buena parte de las tribus diversas de la tradición comunista. De manera que Anguita, y los que le siguen la letanía, deberían de reconsiderar quién integra a quien estratégicamente en la cofradía de la izquierda española. Por el contrario, como si de una maldición bíblica se tratase, de esos entornos de la izquierda purificadora se sigue expulsando personal con destinos varios, como es el caso de Iñigo Errejón y la mayoría de los fundadores de ese proyecto. Deberían de examinar mejor sus consecuencias en el pasado y ahora.

Me dirán qué tiene que ver todo esto con el título de esta tribuna. Pues en mi opinión bastante. Es desde estos apriorismos y la convicción profunda de ser la “izquierda auténtica”, por la gracia de poderes desconocidos, donde se fundamenta el “asalto al poder ministerial” protagonizado estos días de oprobio para la democracia y la izquierda. No son necesarias pues la trilogía exigida de antiguos programas ni las condiciones previas precisas y documentadas para gobernar, esas cosas tan pesadas, tradicionales y anacrónicas de la vieja izquierda. Se trata de poner la sexta marcha en modo automático con la finalidad groseramente explícita de tomar poder del poder. Y esto no afecta exclusivamente a líder de PODEMOS sino también a su entorno directo comprometido con esa causa y con esa idea excluyente y obsesiva que ha presidido todo su acción electoral y parlamentaria desde la campaña del 28 de abril y desde bastante antes.

Un Presidente de Gobierno que no podría destituir a un ministro sin riesgo de crisis de estado y nuevas elecciones no merecería tal nombre

Parece a priori que la crítica al PSOE por no haber articulado un debate en torno a ideas y programas es sin duda plausible. Que tal vez tendría que haberse explicitado de manera pública y con taquígrafos como proponen algunos. Que no hay precedente en Europa de gobierno de coalición que no haya empezado a negociarse con un programa de contenidos, antes de empezar a acordar la estructura del gobierno y los nombres idóneos para desempeñar los cargos ministeriales. Que la clave para superar desconfianzas es precisamente un pacto muy detallado de objetivos y responsabilidades compartidas. Y que, por último, son necesarias áreas de regulación de desacuerdos y comisiones de vigilancia del cumplimiento de todos los compromisos. Vale, ese departamento repleto de “hay que” y muchos más posibles es sin duda importante. Pero de igual manera que dos no discuten si uno no quiere, no hay quien pacte eso si la contraparte solo quiere empezar en solitario a cimentar desde el tejado. Y acudir a la equidistancia crítica para repartir sopapos a los dos partidos en liza por igual es tan simplificador como falso el argumento. Un Presidente de Gobierno que no podría destituir a un ministro sin riesgo de crisis de estado y nuevas elecciones no merecería tal nombre. No sería tal y ese sí que es un “hay que” imprescindible para un gobierno de izquierda y para la estabilidad del país.

Nadie sensato duda de que sea deseable tratar de evitar nuevas elecciones. Retornar a una forma de hacer política que se presumía se obtendría con la desaparición del bipartidismo mediante el diálogo de diferentes, pero que contradictoriamente nos ha situado en las antípodas de eso. Porque tanto Rivera con su C's de pensamiento único, como la actual dirección de PODEMOS lo que han implantado es un sistema de minas trampa en el entramado parlamentario para conseguir ventajas posicionales mediante bloqueos. Importa sin duda recuperar el consenso de las ideas y la articulación de un debate en torno a un modo de gobernar. Ojalá suceda en los próximos sesenta días de pasión que nos quedan. Pero visto lo visto y leído los entresijos de lo acontecido estos días, lo que se evidencia es la instrumentación de una viejísima conducta instalada en la vida política española, casi desde el siglo XIX, perversa para la resolución de los problemas de nuestro país. Las soluciones deben ser otras, pero tal vez no haya otro remedio que acudir a las urnas. Por muchos riesgos que ello conlleve. Si no hay otras soluciones realistas y positivas encima de la mesa, habrá que concluir desgraciadamente que con Ribera No, pero con Iglesias tampoco.

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