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Cataluña marca la agenda

Adolfo Piñedo |

Nuevatribuna | 11 de septiembre de 2015

El inicio del curso político viene marcado por las elecciones catalanas del 27S.

El inicio del curso político viene marcado por las elecciones catalanas del 27S. Forman parte del ciclo electoral que se inició en Andalucía y culminará dentro de unos meses con las generales. El conjunto de las elecciones cambiará el mapa político, pero, además, las elecciones catalanas  pueden ser el pistoletazo de salida de una crisis política de envergadura, caso de que el Gobierno que salga de esas elecciones ponga en marcha el proceso de secesión tal y como anuncian sus promotores.

Hasta hoy, la reacción de las distintas fuerzas políticas parece estar basada en la idea de que, en realidad, los independentistas catalanes no hablaban en serio y que todo su planteamiento eran juegos electorales o bien tácticas negociadoras. Puede que algo de eso hubiera, pero, desde hace tiempo, este planteamiento se ha desbordado dando lugar a una escalada que ahora culmina en la propuesta de secesión, la cual puede desembocar en la crisis más grave que se haya producido en la democracia española.

Las elecciones del 27S no son unas elecciones plebiscitarias, algo legalmente imposible, y que, por otro lado, rechaza la mayoría de las fuerzas políticas catalanas. La novedad de estas elecciones es que, por primera vez, hay candidaturas que expresamente proponen la secesión de Cataluña. Por tanto, estas elecciones van a medir, en primer lugar, qué apoyo tiene esta propuesta en la sociedad catalana. Lo que importa aquí es el número de votos que alcancen las candidaturas que se pronuncien por la secesión o, por mejor decir, cuantos catalanes apoyan expresamente la secesión. Y no porque un determinado número de ellos la haga legal (la secesión es ilegal con cualquier resultado electoral) sino porque esa es la cuestión (no solo central, sino única) que el Gobierno de Mas ha planteado al cuerpo electoral al convocar estas elecciones anticipadas. Es, por ello, el dato más significativo a efectos políticos, aun cuando, repito, las elecciones no son un plebiscito, sino la elección de un Parlamento e, indirectamente, de un Gobierno.

A éste respecto, las encuestas vaticinan que la candidatura del sí será la más votada aunque obtendrá menos escaños de los que hoy tiene la suma de ERC y CiU. El Gobierno más probable tras el 27S será, pues, uno encabezado por los secesionistas.  ¿Iniciará el nuevo Gobierno la secesión aun cuando no tenga el apoyo de la mayoría de los electores catalanes o, por lo menos, de la mayoría de los votantes? La más elemental prudencia aconsejaría no embarcarse en un proceso ilegal (que, inevitablemente, tropezará con la justicia) sin contar con el respaldo expreso de la mayoría de los ciudadanos. Pero aquí ha de tenerse en cuenta que la lista del sí solo está unida por el programa secesionista. De modo que, caso de no iniciarse la secesión, lo que puede venir es la ruptura de esa lista. Por eso, aún en contra de toda lógica política, es probable que los secesionistas, caso de alcanzar el Gobierno, inicien el plan de secesión aunque no cuente con el respaldo de la mayaría de los ciudadanos catalanes y aún a sabiendas de que será rechazado tanto por las instituciones españolas como europeas, sencillamente, porque eso es lo único que pueden hacer para mantener el poder por el tiempo que sea.

Por otro lado, las distintas opciones que no se expresan a favor de la secesión de Cataluña no configuran un bloque político capaz de ofrecer un gobierno alternativo (caso de que fuese aritméticamente posible)  abundando en la idea de que el secesionista será el gobierno más probable que salga del 27S.

El secesionismo ha dibujado una hoja de ruta que intenta que cada paso  ofrezca la apariencia de legalidad o, al menos,  dé la impresión de ser algo democrático. Sin embargo, eso es imposible ya que una secesión  obviamente ilegal y antidemocrática no puede ser el final un conjunto de pasos legales y democráticos. La secesión, en sí, es un acto de ruptura con la legalidad vigente y en definitiva, un acto de fuerza. Quiere esto decir que en algún punto del camino, el proceso será declarado ilegal y el gobierno catalán se verá abocado a situarse fuera de la ley o a abandonar el “proceso”. En todo caso, lo previsible es la apertura de un conflicto de gran envergadura. Y esto es lo que empieza a alarmar a distintos sectores sociales, entre los que hoy destacan a los empresarios catalanes.

En contra de lo que comúnmente se afirma, el conflicto no consiste en el choque de dos nacionalismos. Yo no veo un nacionalismo español mínimamente activo por ninguna parte. La pretensión de independencia de Cataluña ha sido recibida con notoria frialdad y con bastante perplejidad  a este lado del Ebro. ¿Alguien ha visto alguna manifestación en favor de la unidad de España en alguna parte? Fuera de Cataluña, el debate en torno a la eventual secesión tiene un tono de lo más moderado y pragmático en el que priman argumentos jurídicos e incluso económicos con muy poco o ningún componente patriótico y emotivo. Todo lo contrario de lo que sucede al lado de allá del Ebro. Ciertamente, el PP tiende a envolverse en la bandera española para tratar de captar algunos votos, pero han usado la bandera española sobre todo contra los socialistas y muy poco contra los nacionalistas. Es más, tengo la impresión de que el nacionalismo español quedó irreversiblemente desacreditado junto con el franquismo. Y el intento de crear un “patriotismo constitucional” ha sido fallido. Estamos ante un conflicto asimétrico protagonizado por un nacionalismo agresivo que, sin embargo, se basa en el cuento victimista (falso por completo) de “España contra Cataluña”.

Las encuestas dejan clara la posición de las distintas candidaturas en el ranking electoral pero la gran incógnita que van a despejar es si el resultado permitirá a los secesionistas arrancar con el conflicto o si, por el contrario, éstos interpretan que el resultado no da para tanto y dejan el “proceso” para más adelante. Y esto se va a decidir, al parecer, en un reducido número de votos, puesto que todos los sondeos muestran una opinión muy dividida, con una ligera mayoría en contra de la independencia pero muy poco movilizada y una minoría a favor pero muy movilizada. Así es que tendremos incertidumbre hasta el final.

El resultado del 27S tendrá mucha influencia sobre la dinámica política previa a las elecciones generales de Diciembre. En ellas se van a jugar muchas cosas, una de ellas, quien y como va a gestionar  el conflicto catalán, cuestión que puede terminar dominando la agenda política española, desplazando a la gestión que el PP ha hecho de la crisis económica en estos años . Un verdadero regalo de los dioses para una derecha en apuros.

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