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Carta abierta al general Pitarch

Memoria Militar Democrática | 09 de octubre de 2020

Por Enrique Vega Fernández | Mi general, antes de nada y como siempre desde que nos conocimos, siendo tú sargento galonista en la Academia General Militar y yo solamente un cadete de primero, ¡a tus órdenes!

Por eso, porque te conozco desde hace tanto tiempo y creía conocer tu mentalidad abierta y tu hacer responsable y exigente, me ha sorprendido, y decepcionado, tropezarme, sin quererlo ni buscarlo, con un escrito (hispanidad.com) y un tweet tuyos, en los que abogas por darles a las Fuerzas Armadas un papel que, a estas alturas, todos sabemos que no le corresponde. Dices en ellos: “Pregunto hasta qué punto las FAS deberían asistir impávidas al desguace del Estado y las reiteradas afrentas a su Mando Supremo, hechas desde un Gobierno salido de una investidura ilegítima de origen, y con una praxis que roza la ilegitimidad de ejercicio”.

En que te parezca el actual Gobierno “salido de una investidura ilegítima, con una praxis que roza la ilegitimidad de ejercicio” y en que creas que está “desguazando al Estado”, no entro. Son opiniones partidistas y cada uno tiene las suyas y el derecho a expresarlas. Pero preguntarse “hasta qué punto las Fuerzas Armadas deben asistir impávidas (es decir, sin hacer nada)” es ya harina de otro costal. No hay nada que preguntarse, ni desde las Fuerzas Armadas ni desde fuera de ellas, ni desde ese limbo que constituimos los militares retirados, que ya no somos administrativamente militares, pero seguimos sintiéndonos militares.

Jugar a Guardia Pretoriana es peligroso, como la historia nos muestra. Los tiempos cambian y, por tanto, las formas también, pero el peligro siempre ha sido y sigue siendo el mismo: pretorianismo

Nada que preguntarse porque las Fuerzas Armadas no están para evaluar, enjuiciar o dictaminar la actuación y las decisiones del Gobierno, sino, por el contrario, no impávidas, sino serenas, para cumplir sus mandatos y directrices, en cumplimiento legal del artículo 97 de la Constitución y de los artículos. 5, 6 y 7 de la LO 5/2005 de la Defensa Nacional y en el cumplimiento ético de pertenecer a una sociedad democrática moderna a cuya consolidación, y no perversión, democrática deben contribuir.  

Nada que preguntarse sobre si la neutralidad partidista de las Fuerzas Armadas debe ser “activa”, como propones, o pasiva, simplemente debe ser. Especialmente cuando propones, para materializar esa “neutralidad activa” de las Fuerzas Armadas, que los tres jefes de Estado Mayor de los tres ejércitos, nada menos, “hagan algún gesto público a favor de la Constitución y del Rey”, es decir, dado el contexto en que se producen tus palabras, “en contra de una determinada decisión del Gobierno en uso de sus atribuciones”.

No creo que las Fuerzas Armadas, como institución, tengan que hacer “gestos públicos” a favor de la Constitución (ni mucho menos en contra). Con la Constitución lo único que hay que hacer, y mientras esté en vigor, y nos guste o no nos guste, es acatarla y en ella están muy claras las atribuciones y responsabilidades del Gobierno, del Rey y de las Fuerzas Armadas. Y en el cumplimiento de esas atribuciones y responsabilidades que marca la Constitución para muy diferentes organismos e instituciones es donde reside esa “lealtad y respeto institucional” que tu escrito reclama. No hay que inventarse nada más.

Como tampoco creo que las Fuerzas Armadas, como institución, tengan que hacer “gestos públicos” a favor (ni en contra) del Rey. Las Fuerzas Armadas no deben jugar el papel de Guardia Pretoriana de nadie, ni siquiera de ese etéreo “mando supremo”, cuyas atribuciones y responsabilidades concretas ni la propia Constitución ni ninguna ley posterior ha establecido, convirtiendo, así, la expresión en un término vacío de contenido; mientras sí están perfecta y claramente establecidas las del Gobierno y las de las Fuerzas Armadas.

Jugar a Guardia Pretoriana es peligroso, como la historia nos muestra. Los tiempos cambian y, por tanto, las formas también, pero el peligro siempre ha sido y sigue siendo el mismo: pretorianismo.

Si ese limbo que constituimos los militares retirados, que seguimos sintiéndonos militares, aunque ya no lo seamos administrativamente y que, por tanto, jugamos con la ventaja de no tener ya restringida nuestra libertad de expresión, queremos seguir siendo útiles a las Fuerzas Armadas, y en consecuencia al país, creo que tenemos campos de sobra para hacerlo sin tener que meternos en incitaciones pretorianistas; por ejemplo, preconizando, de las mil formas legales que puede hacerse, que ese sector de ellas, el más sufrido, la tropa, a la que con tanto orgullo vemos actuar dentro y fuera de nuestras fronteras, sea remunerado como se merece y no tenga que abandonar su oficio y su profesión en plena vida laboral activa a los cuarenta y cinco años, lanzados al doloroso mundo del paro y la precariedad.


Enrique Vega Fernández | Coronel de Infantería (retirado)

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