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Carne sin explotación: Los falsos autónomos en las cooperativas cárnicas

Antonio Baylos | Catedrático de Derecho del Trabajo. Universidad de Castilla La Mancha

Nuevatribuna | 12 de mayo de 2019

Se sabe que la crisis y la posterior regulación laboral que nace de las llamadas políticas de austeridad han reducido derechos individuales y colectivos, produciendo una intensa devaluación salarial y precipitando un empleo de baja calidad, inseguro y precario. Todo ello además ha generado un hecho apenas mencionado en los medios de comunicación, que es el incumplimiento masivo de la legislación laboral por parte de los empresarios, convencidos de que no iba a poder darse una respuesta colectiva ante la amenaza siempre esgrimida del despido y la pérdida del trabajo de los trabajadores que protesten sin que el sistema legal prevea mecanismos disuasorios de este tipo de conductas ilegales.

Una modalidad del incumplimiento de la legislación laboral es precisamente la de considerar que las normas laborales no son aplicables a las prestaciones de servicios que se desarrollan en un determinado sector de producción. Se denomina a este fenómeno de manera elegante “huida del Derecho del trabajo” y es una actitud muy extendida que se aprovecha de la aceptación forzada por parte de los trabajadores de una calificación jurídica de su relación que les impide insertarse en el conjunto de derechos y obligaciones que caracterizan la relación jurídica laboral y la que superpone a la misma, relación jurídica de seguridad social. El fenómeno por tanto de los “falsos autónomos” que tiene una cierta relevancia al afectar de manera señalada a las nuevas formas de trabajo emergentes en la economía de plataformas – y a las que en breve se dedicará un espacio en este blog – ha llegado a constituir una manera relativamente común de gestión empresarial.

El combate contra este tipo de gestión ilícita de las prestaciones de trabajo ha integrado la estrategia sindical, que ha combinado la denuncia a la Inspección de Trabajo, el impulso de demandas en la jurisdicción social, la convocatoria de huelgas y concentraciones y finalmente la renegociación de las nuevas condiciones laborales, reinsertando los falsos autónomos como trabajadores. Todo el ciclo de la acción sindical que denota una fuerte vitalidad sindical y que hace visible la utilidad inmediata del mismo. Quizá por ello estos esfuerzos no han encontrado el eco mediático que seguramente requeriría.

Es el caso de la lucha contra los falsos autónomos encuadrados falsamente como socios trabajadores de unas cooperativas meramente formales que se ha llevado a cabo de manera permanente y coordinada en las industrias cárnicas. Ya desde hace tiempo, pero de manera más intensa a partir de febrero de 2018, se ha incrementado por parte de la Federación de Industria de CCOO una campaña denominada “carne limpia de fraude y de explotación laboral” que denuncia la utilización de la figura de la cooperativa de producción como fórmula para evitar el disfrute de los derechos laborales y de seguridad social que si tienen el resto de trabajadores. La utilización de cooperativas se inserta en un mecanismo de subcontratación de actividades, y en un contexto de cierta sofisticación organizativa que además se beneficia de posiciones muy complacientes por parte de la jurisprudencia social tanto respecto del mecanismo de la descentralización productiva como respecto de la naturaleza de la relación jurídica.

Por eso la actuación del sindicato ha sido en muchos sentidos ejemplar. No sólo se ha denunciado a todas las falsas cooperativas cárnicas, como Servicarne, TAIC, Clavial, Auga, Aliagro, Copergo, Coaldes, Sercicios Integrales, Work Man ACP, Globalcarne, Iesso, Sigma, Matarifes C. Viejo, Canapeni entre otras, que en algún caso, como el muy conocido de Servicarne ha servido para que se le retirase la licencia por el Ministerio de Trabajo, de manera que los falsos socios cooperativistas pasarán a formar parte de las empresas cárnicas dentro del Régimen General y del convenio colectivo. La movilización ha sido – y continúa siendo – muy activa en las concentraciones y la convocatoria de huelga en algunas empresas, con la finalidad de reabsorber estos falsos asociados en la relación jurídico-laboral común. Si se googlea sobre este tema, se podrá encontrar un rosario de acciones colectivas y de realizaciones sindicales a través de acuerdos con las principales empresas que se comprometen a reconocer la cualidad de trabajador por cuenta ajena a los falsos cooperativistas.

Además el sindicato quiere intervenir regulando este tema. En el convenio colectivo, mediante la prohibición de subcontratar la actividad principal cárnica, una técnica de ahorro de costes que distorsiona la competencia del sector e introduce un diferencial salarial que castiga a las empresas que se hacen cargo de esta actividad con su plantilla de trabajadores. En la ley, reformando las Leyes de Cooperativas autonómicas precisando claramente los caracteres de la relación del socio cooperativista respecto del trabajador por cuenta ajena e impidiendo la consolidación organizativa de la cooperativa como un mero envoltorio que falsea las relaciones laborales en su seno. Frente a estas reivindicaciones, una parte de la patronal cárnica quiere recuperar la figura del TRADE para este tipo de trabajadores, una propuesta que es frontalmente rechazada por parte de los sindicatos, pero que dice mucho sobre la concepción del TRADE como un mecanismo de elusión de derechos laborales.

Pero otra de las propuestas sindicales se sitúa en el espacio de lo que se conoce como Responsabilidad Social, puesto que se trata de la creación de un Semáforo Laboral Cárnico con la finalidad de dar a conocer a los medios de comunicación y a los consumidores y consumidoras qué empresas cárnicas abusan de las personas, qué productos hacen y en qué supermercados se distribuyen. Con ello el sindicato enlaza el espacio de la producción con el de la información y el consumo, mediante un instrumento importante que viabiliza un consumo responsable y justo que oriente a la ciudadanía en sus hábitos de consumo, una suerte de label o etiqueta de origen sindical que tiene una evidente originalidad y que debería por tanto ser objeto de una mayor atención como fórmula de acción colectiva y de conectividad de los intereses de los trabajadores con el espacio del consumo.

El sindicalismo ha conseguido ciertamente un importante triunfo con estas acciones colectivas correctamente anudadas y coordinadas. En una época en la que se suele insistir en la prescindibilidad de la forma sindicato como medio de agregación de intereses colectivos dotada de efectividad, este tipo de acciones deben ser conocidas y difundidas.

Caben más reflexiones al respecto. No me resisto a traer a colación la de Joaquín Panceira (alias de Joaquín Pérez Rey) en su muro de Facebook, que se desplaza de este hecho a una consideración general:

El panorama mediático de este país está dominado por la información deportiva, bien en sentido estricto, bien aplicada a la competición entre partidos políticos. Rara vez un intruso rompe el cerco, aunque lo merezca.

No sé si me equivoco, pero lo que está pasando con las cooperativas, especialmente en el sector cárnico, tiene una importancia decisiva y la actuación sindical merece destacarse.

No es solo que se haya logrado atajar el fraude lo que no era fácil a la vista de las posiciones jurisprudenciales y el sofisticado entramado jurídico creado, sino que se están gestionando las consecuencias, lo que tampoco es precisamente sencillo.

Los acuerdos para integrar a los falsos cooperativistas en las plantillas de las empresas cárnicas como trabajadores por cuenta ajena son un ejemplo. También lo es la intensa labor pedagógica que combate la mirada miope obnubilada con los (pocos) beneficios inmediatos del falso cooperativista y no repara en sus consecuencias a medio y largo plazo.

Y por el camino otra lección. Las nuevas formas de trabajo son en muchas ocasiones construcciones sin cimientos. El discurso que las naturaliza sin cuestionar su esencia suele ser una extensión de la inflación discursiva del trabajo autónomo. En verdad un mal cuento para justificar la sangría de los ingresos de la SS; las condiciones de trabajo lamentables y la estigmatización de los parados, que dentro de poco pasarán a ser considerados como , unos losers responsables únicos de su situación.

Una reflexión que se abre a otros análisis. Como los que en los días sucesivos se asomarán a las páginas de este blog.

Blog: Según Antonio Baylos.

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