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"Carlos fue un hombre corriente en una situación extraordinaria”

nuevatribuna.es I @FernandoOlmeda | 03 de octubre de 2015

Foto: Fernando Olmeda
Foto: Fernando Olmeda

Laura Sarmiento, experta guionista de exitosas series como Crematorio o Isabel, debuta como escritora con la novela Carlos, Rey Emperador, basada en la serie que emite La1 de Televisión Española

Laura Sarmiento, experta guionista de exitosas series como Crematorio o Isabel, debuta como escritora con la novela Carlos, Rey Emperador, basada en la serie que emite La1 de Televisión Española. Cinéfila, lectora de novela anglosajona y de volúmenes sobre psicología, afirma que su objetivo es que el lector descubra a Carlos de Habsburgo, el hombre de carne y hueso que vivió bajo el oropel de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico.


carlos-VFernando Olmeda: Imagino que en la génesis de Carlos, Rey Emperador hay una idea de continuidad respecto a Isabel, su antecedente inmediato, es decir, trasladar al papel una serie con buena audiencia y bien valorada por los espectadores, y convertir la novela resultante en un atractivo producto comercial...

Laura Sarmiento: Es así. Había una idea previa en Diagonal -la productora de ambas series- y esa idea era novelar la serie, dado que los libros basados en Isabel habían logrado bastante éxito. En todo caso, escribir esta novela ha sido un proceso diferente al del guión, porque no se trataba de trasladar los guiones tal cual los hemos escrito quienes integramos el equipo. Cada uno de los diecisiete capítulos de la serie se compone de setenta y cinco páginas, y en el libro quedan reducidas a unas cuarenta. Por tanto, he tenido que reelaborar la estructura en función del nuevo formato, decidir qué dejaba fuera y qué añadía... Si un guión es un reto complejo, porque hay que contar muchas cosas en un tiempo y un espacio limitados, no menos complicado es volver a contarlo en la mitad de espacio, y sin el sostén visual. Lo que hice fue apoyarme en mi voz de narradora y en la voz interior de los personajes, especialmente el protagonista, resumiendo determinadas situaciones o enriqueciendo otras. Creo que lo he conseguido.

F.O.: ¿En cuánto tiempo?

L.S.: Han sido siete meses de trabajo de escritura, en parte en paralelo con la elaboración de los guiones y con otros trabajos audiovisuales. Pero era la tarea más enriquecedora de todas, porque me gusta explorar territorios nuevos como escritora. Estoy satisfecha. Era difícil, porque era individual. He tenido que ser yo, en solitario, quien tomase las decisiones narrativas.

F.O.: ¿Por qué has prescindido de Hernán Cortés, un personaje que tiene relevancia en la serie?

L.S.: Acordé con la editora de Plaza y Janés que no lo incluiríamos por dos motivos. Por increíble que parezca, ni Cortés ni las Indias eran verdaderamente importantes para Carlos. Aún no se valoraba adecuadamente la trascendencia de aquellos territorios. Las Indias le quedaban lejos en todos los sentidos, aunque le interesasen por la riqueza que se empezaba a extraer de ellas. En el libro acompaño a Carlos -y me centro- en sus lugares de conflicto: Francia, Inglaterra, Flandes o el Sacro Imperio Romano Germánico. Por otro lado, la conquista de México se cuenta a grandes rasgos en la serie, porque creo que el medio audiovisual lo permite. Pero habría sido frustrante tratar de incluirlo en el libro pero hacerlo por encima y de manera fragmentaria.

F.O.: ¿Escribirías entonces una novela sobre Hernán Cortés?

L.S.: Me encantaría, es un gran personaje histórico. Cuando me documenté para escribir la serie, me sorprendió su vida, su carácter. Pasó a la historia como un conquistador feroz, pero su personalidad y su talento eran mucho más interesantes que eso. A revisar, sin duda.

F.O.: En un artículo que publicaste, coincidiendo con el estreno de la serie, definías a Carlos como un personaje “hitchcockiano”. 

L.S.: Tanto en la serie como en la novela he intentado entender al personaje. En la novela pretendo que el lector comprenda sus procesos de toma de decisiones, que pueden parecer, en ocasiones, desconcertantes. A mí, al menos, me descolocaron al estudiarlos. He profundizado a fin de que el lector pueda bajar del trono a Carlos, para que pueda verlo como lo que fue: un hombre corriente, de carne y hueso, en una situación extraordinaria. Por eso digo que es "hitchcockiano".

sarmiento2F.O.: Me parece curioso el proceso de construir un personaje para televisión a partir de una ingente documentación previa -incluyendo el famoso cuadro de Tiziano-, y posteriormente trasladar a la novela un personaje televisivo encarnado por un actor, Álvaro Cervantes. ¿Ha influido su interpretación, o mejor, su caracterización final como Carlos, en la imagen de base para la descripción y configuración del personaje de la novela? 

L.S.: No ha influido porque no vi los capítulos terminados antes de entregar el texto a la editorial. Tampoco en mi cabeza estaba el Carlos que pintó Tiziano, tan distante, tan regio. Siempre quise ver lo que había debajo de la armadura. Respecto a la interpretación de Álvaro Cervantes, me encanta. Resulta natural y creíble, siendo Carlos un personaje complejo, humano y elevado al tiempo. Le podría haber vencido el acartonamiento, el rigor pétreo de esta figura histórica; a la vez, demasiada naturalidad le habría restado dignidad. Álvaro ha conseguido el punto justo entre la gravedad del personaje y la cercanía al espectador.

"Álvaro Cervantes ha conseguido el punto justo entre la gravedad del personaje y la cercanía al espectador"

F.O.: Hablar de series basadas en personajes reales (también de relatos escritos) suele conducir al debate entre el “rigor” de los historiadores y las “licencias” de la ficción. ¿Posición?

L.S.: La novela no es un ensayo, no pretendo sentar cátedra sobre hechos históricos. El objetivo de la ficción se centra en el conflicto humano. Somos fieles en la serie -y yo en el libro- a los grandes momentos de la historia, pero no me centro en ellos. No es el rigor histórico lo que debemos proteger por encima de todo. Lo que hacemos es elaborar personajes ricos cuyos conflictos resulten interesantes y cercanos al lector. No podemos ser totalmente rigurosos. Crearíamos personajes que no podríamos atravesar, no veríamos al hombre que hay detrás del personaje histórico. La finalidad es ver la carne tras el terciopelo.

F.O.: ¿Qué lugares -de los que aparecen en la biografía de Carlos- te gustaría visitar?

L.S.: Malinas y Gante, donde se crió. Y, desde luego, me gustaría regresar a Yuste este otoño.

 

F.O.: ¿Hay algún dirigente nacional o internacional semejante a Carlos en la época actual?

L.S.: Carlos tenía una visión universalista del gobierno. Aunque bajo la forma de imperio regido por una única persona, en esa visión -la de Monarquía Universal que le inculcó su canciller Mercurino Gattinara- hay un cierto precedente de la globalización que vivimos. Había una intención religiosa en su proyecto, pero también de fraternidad y unidad por encima de las fronteras, de valores compartidos y paz. Pero también le definía un sentido caballeresco del gobierno que no veo en ningún político actual. Seguir ese principio, el ideal medieval, le llevó a ser en ocasiones demasiado noble e ingenuo en una época de discípulos de Maquiavelo. Es difícil encontrar en la actualidad a un líder importante que anteponga, hasta tal punto, sus valores al deseo de poder, aunque a Carlos esa actitud tampoco le resultó demasiado práctica. Su excesivo idealismo quizá no es un ejemplo a seguir al pie de la letra.

"Es difícil encontrar en la actualidad a un líder importante que anteponga, como Carlos, sus valores al deseo de poder"

F.O.: Sé que eres una lectora compulsiva, especialmente de literatura anglosajona... ¿Qué escritores te sirven como referencia? ¿Se vislumbra algún rasgo de ellos en tu estilo?

L.S.: Leí a Hillary Mantel antes de abordar este libro. Sus novelas históricas sobre los Tudor son un buen ejemplo de equilibrio entre divulgación, drama y talento literario. Entre los clásicos, Shakespeare -releí Macbeth mientras escribía Carlos-, y, entre los actuales, John Banville, James Salter, Julian Barnes, Emmanuel Carrère... Pero no soy consciente de estar, de momento, muy influida por un autor u otro en particular. La narración que más disfruto es la más directa, la más cruda, y por eso no me gusta adornar. Consecuencia del trabajo de guionista. Si, respecto a eso, hay cierto barroquismo literario en Carlos es, supongo, porque "lo piden los vestidos de los personajes”.

F.O.: ¿Salinger también está en ese grupo?

L.S.: Más que sus obras, me interesa su relación con la escritura. Su decisión de aislarse del mundo. Soy cosmopolita y urbanita, nunca me ha atraído la soledad de la naturaleza... pero siento que cada día la necesito más. Me gusta escribir en soledad, en un entorno que sea más grande que yo. Me encantaría escribir en una casa perdida en un bosque escandinavo, delante de un lago que se hiela en invierno y te ofrece en verano una temperatura agradable.

F.O.: Detrás de la guionista, ¿hay una escritora en ciernes?

L.S.: La hay. Siempre la ha habido. Hasta ahora el guión ha sido mi medio de expresión, porque creo que se trata de un género literario, equiparable al teatro. Mi aspiración es descubrir cosas hermosas, contarlas de la manera más sencilla posible y que el lector no pueda imaginarlas contadas de otra manera. Algunos de mis profesores de la Escuela de Cine decían que yo era más escritora que guionista, y que acabaría de ese modo. Aunque escribir guiones es enriquecedor, no les voy a quitar la razón. Pero, ¿por qué no las dos cosas? Escribir narrativa de ficción es iniciar un camino nuevo. La decisión era empezar, porque me imponía, desde luego. Con este primer libro inicio ese camino, y no tengo intención de detenerme.

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