Imprimir

Calzonazos

Emilio Jurado |

Nuevatribuna | 11 de Enero de 2019

En código macho alfa debería producir vergüenza ajena el que los machitos de la extrema derecha hayan elegido a las mujeres como su enemigo político

Que la extrema derecha que forjan Casado y Abascal la tomen con las mujeres me parece significativo, que la reacción más radical y conservadora haya hecho de la mujer su némesis es un dato alentador que me llena de esperanza. Les podía haber dado por levantar vallas aquí o allá, como a otros, o por desmarcarse de proyectos históricos como hacen los nacionalistas ingleses hartos de que hasta en Benidorm haya muchos inmigrantes, sobre todo españoles, que asco. O quizás por repartir armas para combatir el mal y así facilitar la reconquista, desde Granada todo para arriba hasta Portbou.

Pero no, pudiendo elegir cualquier temática de las disponibles en el manual del reaccionario, han optado por las mujeres como diana de las iras, convertidas en su dios Momo, responsables de todas las cuitas que arruinan la vida soñada de este casposo elenco de eunucos mentales que tienen que acudir a la denuncia de los logros de las mujeres para rumiar la ruina de sus propias convicciones. Porque lo que se esconde tras la denuncia de utilización torticera de la ley de violencia de género no es la búsqueda de la justicia universal ni la de la reparación de trato discriminatorio. Eso lo sabe hasta el exjuez prevaricador, pero prefieren eso antes que enfrentarse a su realidad que es la de un sujeto envuelto en convulsiones pavorosas al verse superado por las últimas personas a quienes consideraba siervo bajo mando, ser inferior.

Las mujeres, que les sobrepasan y que se protegen todo lo que pueden en casos de agresión, son su obsesión porque además de poner en jaque su posición de privilegio patriarcal, les desvisten. La preeminencia del “varoncito” ya no se mantiene más que con el recurso a la violencia, a la que por cierto acude cada día con mayor regularidad ante la avalancha de desprestigio que acorrala al sujeto bobalicón que cree que la autoridad reside en el pantalón, sin percatarse de que ésta es una prenda tránsgenero, que la autoridad se gana con los hechos y con los afectos, al margen de lo que cubra el puto pantalón.

En código macho alfa debería producir vergüenza ajena el que los machitos de la extrema derecha hayan elegido a las mujeres como su enemigo político. Pero no os equivoquéis, han identificado perfectamente bien su objetivo. El dominio de las instituciones del estado y de las cúpulas y resortes del poder económico y cultural ya está garantizado y en las manos de personas, generalmente hombres, que obtienen beneficios personales y de clase de la organización patriarcal de nuestra sociedad. Con tan estable configuración, el elemento disruptor clave son las mujeres que no obteniendo ninguna ventaja particular de esa modalidad social, y debiendo luchar por su emancipación, parecen dispuestas a convertir su caso en el de otros segmentos de la población que  tienen cuentas pendiente con el mundo tal cual está establecido. Sus luchas y sus logros son faros que orientan la reivindicación de los muchos represaliados por un modelo social escorado hacia el interés de unos cuantos que casualmente son hombres, temerosos de dios de día y auténticos belcebúes de noche.  

La causa PP/Vox contra las mujeres, no es gratuita, no es misoginia sin más. Lo que oculta la acción política trabada por este par de amigos de las nuevas generaciones supone dos cosas tremendamente importantes. Primero, que parece que el poder patriarcal se siente fuerte y con capacidad de dominio de la agenda de las problemáticas sociales en pugna, sea a través de partidos políticos “constitucionales” sea a través de tribunales o de consejos de administración. Para la gestión de sus intereses calificados como de “interés general”, ya van sobrados.

Pero, segundo, de tal acuerdo se desprende que intuyen la existencia de un elemento capaz de poner patas arriba toda esa estratagema, las mujeres independizadas que dudan que el interés general sea idéntico al interés de una de las partes. Y esto es una duda revolucionaria. Tanto que han debido constituirse en fuerza política ad hoc para combatirla. Vox y sus votantes existen porque las mujeres están dejando en evidencia que las convenciones sobre el reparto de roles en función del género no es sino una más de las conspiraciones del poder para mantenerse. Y que tal desvelamiento tiene un efecto de contagio enormemente peligroso.

Entonces llega alguien y da la alarma, las mujeres se convierten en el enemigo a batir, y por ello hay que buscar mecanismos de contención, alguien que se inmiscuya en la cuestión de las mujeres, que zascandilee con el concepto de lo doméstico y que si es posible haga luz de gas al movimiento de emancipación femenina. Lo que ocurre es que no se les da muy bien, porque reivindicar y reinventar no es lo suyo. Despreciar e ignorar sí.

Esto es lo que se conocía como un calzonazos, alguien que en lugar de ocuparse con honestidad de lo propio, anda todo el día mascullando y tratando de corregir lo que ya hacen muy bien las mujeres. Que en lugar de apoyar y fortalecer los logros de las otras se dedica en cuerpo y alma al desprestigio y la descalificación.

Y cuanto más ampulosos e incólumes en su descalificación de los avances del feminismo se muestran, más patéticamente calzonazos resultan. Soltar imbecilidades una tras otra no puede sino acabar beneficiando al propio movimiento de las mujeres, de ahí mi contento.

Puede ver este artículo en la siguitente dirección /opinion/emilio-jurado/calzonazos/20190111114433159133.html


© 2019 Nuevatribuna

© medio digital de información general editado por Página 7 Comunicación S.L. Madrid