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Fumata blanca con trazas grises y anaranjadas en la cumbre europea

Gabriel Flores | 21 de julio de 2020

La cumbre europea da vía libre a experimentar un cambio de estrategia medido y controlado.

El acuerdo se hizo letra y documento firmado esta madrugada del martes 21 de julio, a las 5:28 h. Tras una larga y tensa reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la Unión Europea (UE) que comenzó el viernes, 17 de julio. No es el mejor acuerdo posible, tampoco el peor; servirá para impulsar la imprescindible recuperación económica y supone una contribución que será decisiva en los países del sur de la eurozona para afrontar la recesión y superarla.

El Consejo Europeo ha elegido el acuerdo frente al bloqueo (todas las partes han cedido mucho) e inicia otro rumbo; todavía no significa un abandono definitivo de la fallida estrategia de austeridad y devaluación salarial impuesta a los países del sur de la eurozona entre 2010 y 2014, pero en una crisis inédita y en un acto de voluntad política y capacidad de acuerdo excepcional, la cumbre europea da vía libre a experimentar un cambio de estrategia medido y controlado. Ya veremos su alcance, recorrido y limitaciones, pero lo acordado supone un importante paso adelante que, pese a algunas fragilidades y limitaciones, merece celebrarse.  

Y es que el acuerdo tiene algunas trazas grises y tonos anaranjados, porque Holanda y los otros cuatro países (Austria, Dinamarca, Finlandia y Suecia) contrarios a la deuda común y a las transferencias han conseguido reducciones significativas en la primera y las segundas, a lo que suman la creación de un freno de emergencia que no supone la condicionalidad que pretendían (realización de nuevos recortes en las pensiones o la obligación de no tocar las reformas desreguladoras del mercado laboral) ni la posibilidad de que sea utilizada por un solo país para bloquear el plan de reactivación y las transferencias. La banda de los 4, a la que se ha sumado Finlandia, consigue reducir su contribución a los presupuestos comunes y la ilusión de una firmeza política en la defensa de sus intereses nacionales que pueden darle algunos réditos electorales frente a sus envalentonadas extremas derechas y derechas conservadoras xenófobas y neosoberanistas, pero no han conseguido bloquear el plan ni desvirtuar sus contenidos y objetivos.

La condicionalidad política destinada a los gobiernos de Hungría y Polonia para que respeten los principios democráticos y los derechos humanos se han dejado de lado, sin vincularlos al desembolso de los fondos comunes, pero se seguirá presionando para que tales principios no puedan ser apartados o despreciados por ningún Estado miembro de la UE. Veremos si esos gobiernos entienden que la decisión de la cumbre no supone complacencia con su actuación ni implica una relajación de la presión para que comprendan que la pertenencia a la UE supone también regímenes políticos plenamente democráticos y cumplimiento de los derechos humanos.    

Comienza otra etapa de la UE, con deuda común, financiación comunitaria y mutualización de un plan de reactivación económica que se concentrará en los países del sur de la eurozona

Comienza otra etapa de la UE, con deuda común, financiación comunitaria y mutualización de un plan de reactivación económica que se concentrará en los países del sur de la eurozona e impulsará un cambio del modelo de crecimiento sustentado en la transición digital y verde y en la modernización y el impulso de las estructuras, actividades y especializaciones productivas que tendrán un papel económico central en las próximas décadas. Y se emprende un nuevo rumbo que permite atisbar un proceso, también duro y complejo, de armonización e integración fiscal. Nada impide que, si este nuevo rumbo permite ir superando la recesión y avanzar en los objetivos planteados, se puedan aprobar nuevas emisiones de deuda común y una ampliación de la financiación comunitaria. O, en sentido contrario, que haya retrocesos y repliegues hacia las estrategias y políticas temporalmente desplazadas por este acuerdo. No hay una vitoria ni una derrota definitivas. Las espadas seguirán en alto y la confrontación entre los diferentes proyectos europeos y fuerzas políticas seguirá su curso. Así son los acuerdos que satisfacen al conjunto de los participantes, se ceden algunos aspectos porque se considera que el resultado merece la pena y permiten seguir avanzando sin que nadie haya tenido que considerarse vencedor ni vencido.  

¿Cómo valorar el resultado de la cumbre? Habrá deuda común que permitirá las transferencias, aunque se reducen un 22%, desde los 500 mil millones de euros de partida a los 390 mil millones finales, pero a cambio se aumentan los préstamos, con bajos intereses y plazos largos de devolución, para que la cifra global se mantenga en los 750 mil millones, que acabarán mayoritariamente en las economías de los países del sur de la eurozona, los más perjudicados por la pandemia, y permitirán remontar la recesión, reduciendo sus costes e impactos destructivos económicos y sociales. La condicionalidad que se ha a aprobado no implica imposición comunitaria sobre las políticas que decidan democráticamente las ciudadanías de cada Estado miembro, ni mucho menos una vuelta a la estrategia de austeridad y devaluación salarial impuesta entre 2010 y 2014. Tampoco se ha admitido el permanente bloqueo que supondría el derecho de veto por parte de un solo país, como pretendía Holanda, para marcar los objetivos y acomodarlos a criterios políticos diferentes a los que apruebe cada ciudadanía y sus representantes políticos.  

Aunque resulta difícil valorar el acuerdo con objetividad, en medio de la niebla de los pulsos y refriegas que se han desarrollado en los últimos días, vamos a intentar una primera aproximación.  

Lo más importante para España. En los aspectos económicos, permiten un mayor margen de actuación para la elaboración y aprobación de los Presupuestos Generales del Estado 2021. Con una aportación comunitaria que va a suponer en total más del 11% del PIB, el gobierno de coalición progresista va a poder consolidar la gobernabilidad y seguir haciendo las políticas de concertación social, apoyo al tejido empresarial y rescate social que ha impulsado en los últimos meses. Sin esa aportación, sería imposible y nos esperaría una larga y destructiva recesión económica y una aún más larga convalecencia económica y social muy propicia para la desestabilización política y la tensión social.

En el plano político, permite que la patronal se distancie aún más de la estrategia de acoso e ingobernabilidad de Casado y Abascal, ya muy tocada tras el resultado de las recientes elecciones autonómicas gallegas y vascas. Además, proporciona tiempo para negociar reformas pendientes de gran calado (como la del mercado laboral, el sistema fiscal o la extensión y reforzamiento del escudo de protección social) y complementa los fondos nacionales para abordar la reactivación económica y superar la recesión, impulsando al tiempo una transición digital y verde que permita cambiar nuestro modelo de crecimiento, modernizar especializaciones productivas y crear puestos de trabajo decentes.

Lo más importante para Europa y el proyecto de unidad europea. Se consolidan cambios decisivos (deuda común, transferencias, políticas monetarias y presupuestarias expansionistas, cuestionamiento y abandono de reglas fiscales inadaptadas a las situaciones de crisis, olvido de la estrategia de austeridad y devaluación salarial como remedio para abordar la crisis) que facilitarán que el mercado único funcione mejor y la comprensión de la ciudadanía europea de las ventajas que tiene la cooperación para abordar los problemas comunes y del carácter contraproducente de sustentar las relaciones entre socios que comparten un mercado único y, gran parte, una moneda única en la competencia en costes laborales y fiscales que perjudican al conjunto y suponen la reducción de los bienes públicos y el bienestar. Además, los Estados y las instituciones comunitarias asumen sus responsabilidades y no atribuyen en exclusiva a los mercados la tarea de asignar recursos, seleccionar sectores y actividades de futuro o remunerar los factores productivos.

La economía europea necesitaba un plan comunitario de relanzamiento económico para mitigar los impactos destructivos de la recesión e impedir daños estructurales sobre el tejido productivo y empresarial, pérdida de productividad y crecimiento potencial o mínima y desigual modernización de estructuras y especializaciones productivas que derivan en divergencias permanentes, tanto de carácter productivo como en los niveles de renta de los Estados miembros. Europa puede mejorar el funcionamiento del mercado único, evitar que se siga fragmentando y ganar futuro con este plan de reactivación económica.

No es un paso de gigante para Europa, es un paso limitado pero muy importante. Evita la parálisis y la decadencia de Europa, permite respirar y avanzar a los países del sur de la eurozona y evita que las divergencias productivas y de renta entre los países ricos y equilibrados del norte o el centro de la UE y el resto de los Estados miembros se cronifiquen y amplifiquen hasta niveles que obstruyan el funcionamiento del mercado único y hagan inasumible para los países del sur su participación en la UE. Faltan muchos pasos por dar y muchas reformas por hacer, pero sin el acuerdo alcanzado anoche, nada sería posible. Hay vida, cooperación y Europa por delante.   

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