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La delicada 'voluntad colectiva' y la proclamación de un rey

José Luis Ibáñez Salas | 03 de octubre de 2015

Proclamación del Rey Juan Carlos en las Cortes.
Proclamación del Rey Juan Carlos en las Cortes.

Si lo que buscaba Juan Carlos I era perpetuar el orden que le había encumbrado a lo más alto, usar los conceptos consenso y concordia nacional le habría sobrado.

Si lo que buscaba Juan Carlos I era perpetuar el orden que le había encumbrado a lo más alto, usar los conceptos consenso y concordia nacional le habría sobrado

22 de noviembre de 1975, hace dos días que ha fallecido Francisco Franco y Juan Carlos de Borbón está siendo proclamado rey de España por las Cortes franquistas. Los partidarios del final de los tiempos dictatoriales ven, en su mayoría, al nuevo jefe del Estado con escepticismo, incluso muchos con auténtica aversión por considerarle un mero heredero de las formas antidemocráticas. Tampoco los partidarios más cerriles del franquismo confían en que el monarca sea su hombre.

Pero leamos parte de aquel discurso de proclamación como rey de España, de Juan Carlos I.

“Esta etapa, que hemos de recorrer juntos, se inicia en la paz, el trabajo y la prosperidad, fruto del esfuerzo común y de la delicada voluntad colectiva. La Monarquía será fiel guardián de esa herencia, y procurará en todo momento mantener la más estrecha relación con el pueblo. […]

Que todos entiendan con generosidad y altura de miras que nuestro futuro se basará en un efectivo consenso de concordia nacional. […]

Soy plenamente consciente de que un gran pueblo como el nuestro, en pleno periodo de desarrollo cultural, de cambio generacional y de crecimiento material, pide perfeccionamientos profundos. Escuchar, canalizar y estimular estas demandas es para mí un deber que acepto con decisión. […]

La justicia es el supuesto para la libertad con dignidad, con prosperidad y con grandeza. Insistamos en la construcción de un orden justo, un orden donde tanto la actividad pública como la privada se hallen bajo la salvaguardia jurisdiccional.”

Aunque aquellas palabras del rey eran una pleitesía al régimen del que recibía su legitimación, eran además y eran sobre todo un esperanzador aldabonazo en las conciencias de quienes buscaban que los españoles se dieran a sí mismos el derecho a decidir. Y si no, baste con repetir ahora algunas de ellas.

Que todos entiendan con generosidad y altura de miras que nuestro futuro se basará en un efectivo consenso de concordia nacional.”

Si lo que buscaba Juan Carlos I era perpetuar el orden que le había encumbrado a lo más alto, usar los conceptos consenso y concordia nacional le habría sobrado. Por eso, entre otros motivos, ha sido relativamente habitual entre los investigadores considerar que el acceso al trono del nieto de Alfonso XIII coincidió inequívocamente con el favorecimiento de la instauración en España de la democracia. Ello sin obviar que a las primeras decisiones del monarca no le faltaron lo que autores como Álvaro Soto han tildado de “rasgos de continuidad”, como tampoco estuvieron ausentes los otros rasgos, los de cambio.

Fuera como fuere, aunque su primera decisión gubernamental será mantener al frente de la presidencia del gabinete a Arias Navarro ―quien el 12 de diciembre de aquel año 75 volvería a formar Gobierno, tras haber sido confirmado él mismo por el monarca ocho días antes―, se ha querido ver en esa actitud una manera de evidenciar que con quienes como aquél se oponían a la ruptura y aun a la reforma no se podía ir a ningún sitio, al tiempo que tranquilizaba momentáneamente a los ultras del búnker haciéndoles ver que era presa del continuismo inane.


(Este texto apareció en julio de 2014 en la revista colombiana Al Poniente y es un adelanto de mi próxima obra: La Transición, en edición en Sílex ediciones)

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