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'Suprema injusticia', el testimonio de María Garzón

nuevatribuna.es | | 12 de junio de 2012

En una entrevista cedida por la Editorial Planeta, la hija del exjuez esboza algunas de las cuestiones que trata en su libro donde pretende “compartir y dar luz a lo que ha vivido y lo que ha sufrido” ella y su familia tanto los últimos y difíciles años del magistrado hasta su salida de la Audiencia Nacional.

Entrevista cedida por Editorial Planeta

¿Por qué este libro, Suprema injusticia?

Tras haber pasado muchísimo tiempo sin decir nada ante una situación que no es de buen gusto para nadie, ha sido una manera de canalizar todo lo que tenía dentro. Este libro parte de la carta que publiqué en los medios el día 9 de febrero, que me salió del alma. Siempre hemos permanecido en silencio aguantando todas aquellas cosas que le ocurrían a mi padre y no queriendo significarnos, y, en cambio, ahora tenía la necesidad de hacerle saber a la gente de a pie lo que hemos vivido, que conocieran nuestra versión de los hechos. Hay una versión oficial que han emitido los medios de comunicación y faltaba la voz de la familia. Y tenía que hacerlo por mi padre, para que supiera que estamos con él hasta el final, aunque ya lo sepa, y también por mí, para dejar salir todo lo que tenía dentro, para hacer saber mi verdad.

¿Qué pensó su padre cuando le comentó que quería escribir este libro?

Le contesté que sí era consciente pero que sentía que tenía que hacerlo. Él me dijo que adelante y que me iba a apoyar en todo lo que necesitara

Fue parecido a lo que pasó con la carta; le dije: «La voy a enviar» En este caso se lo consulté y me preguntó si era consciente de las consecuencias que podía tener, si había considerado que iba a perder cierta intimidad y los ataques que podía recibir. Y le contesté que sí era consciente pero que sentía que tenía que hacerlo. Él me dijo que adelante y que me iba a apoyar en todo lo que necesitara.

El 9 de febrero de 2012 ¿qué ha significado?, ¿el final del juez Garzón o un nuevo comienzo?

Mi padre siempre será juez para nosotros, para mucha gente y para él mismo. Y es una sensación agridulce, porque es verdad que nosotros —cuando hablo de nosotros hablo de mi madre y de la familia— sabíamos que el final llegaría tarde o temprano, y cuanto antes mejor. Es muy doloroso, pero por otro lado pensabas: por lo menos ya no está en primera línea, así dejarán de atacarle. Pero luego no ha sido así, ya que los detractores no se han olvidado tan fácilmente de él. Creo que la actual situación le abre un mundo de enormes posibilidades, como el hecho de expresar más libremente su opinión y participar en ciertos círculos en los que antes no podía por el tema de la imparcialidad. Yo creo menos en la justicia de hoy en día de lo que él cree, y hace tiempo que le había dicho que lo dejara. Ha sido un golpe muy duro, los términos de la sentencia, ensañándose con él, pero hay que cerrar esta etapa y mirar hacia el futuro.

¿Cómo ha crecido siendo quien era su padre?

El hecho de que mi padre fuera conocido no era algo que estuviera en mi mente. Para mí era el que estaba en mi cumpleaños y jugaba con nosotros, o el que no había venido a mi representación teatral o el que no me dejaba hacer algo y qué malo era porque no me entendía, o el que contaba chistes en la cena. Sí que había momentos en los que te dabas cuenta de quién era, por ejemplo cuando alguien te hablaba de él, pero no en la infancia, más bien en la adolescencia. Recuerdo que, cuando viajé por primera vez a Latinoamérica y me di cuenta del cariño que le tenía la gente allí, fui consciente de que, más allá de mi padre, era algo más. Sin embargo, el hecho de ser «hija de» sí me afecta en algunas cosas. A muchos les parece que no tienes personalidad propia, o que tus méritos no lo son tanto, o que las personas se acercan más a ti por el padre que tienes. Yo siempre he ocultado mi apellido para que me trataran como una más y por cuestiones de seguridad. De hecho, a veces me daban bajones pensando que mi padre se iba a morir al día siguiente, aunque en el día a día no lo piensas porque sabes que está bien protegido y confías plenamente en esos escoltas que acaban formando parte de tu propia familia. Cuando sabía que mi padre se iba al País Vasco a hacer una intervención, tenía miedo de que le ocurriera algo y escuchaba la radio esperando una mala noticia, pero a esas edades somos muy tremendistas también.

Hay que destacar su visión internacional y universal de la ley, el mirar más allá, el buscar siempre una ley superior que permita hacer algo que a priori no se puede hacer sólo con la ley nacional

¿Qué valores le ha inculcado su padre y qué valores destaca en su padre como juez?

Como juez tiene unos valores muy claros, ante todo la imparcialidad: él no mira si una persona es de un partido político o de otro, o si debería investigar a esta persona o no deacuerdo con sus ideales. Él tiene unos ideales, pero por encima de todo es imparcial. En este sentido, hay decisiones que le ha costado mucho tomar, pero las ha tomado. También se caracteriza por su sentido de la responsabilidad; considera que es su trabajo y que tiene que llevar la responsabilidad a sus máximas consecuencias. Por otro lado, hay que destacar su visión internacional y universal de la ley, el mirar más allá, el buscar siempre una ley superior que permita hacer algo que a priori no se puede hacer sólo con la ley nacional. Y, por último, le caracteriza el respeto a todos, a las víctimas, a la verdad de éstas. Todos estos valores son los mismos que tiene como padre. Como padre él nos hablaba siempre de la responsabilidad en el estudio y en el trabajo, del saber admitir errores; cuando diriges un equipo, aunque tú no te hayas equivocado, debes admitir el error, porque eres el único responsable. También nos inculcaba el respeto a todos, nos señalaba la importancia de ponerse en el lugar del que está sufriendo, en el de la víctima. En el libro cuento una anécdota a propósito de ello: en el caso de la memoria histórica, uno de los abogados defensores de las víctimas comentó que sus defendidas, que tenían alrededor de cien años, querían dejar su ADN para que, en el caso de que ellas murieran, éste pudiera servir para cotejarlo con el de los restos de sus familiares, y hubo una persona que dijo: «También se puede sacar el ADN una vez muerta». Eso es un desprecio: una víctima no lo es porque quiere, y siempre hay que escucharla y ponerse en su lugar, y eso se traslada a cualquier parcela de la vida. Esto sí que me lo ha enseñado, a ponerme en el lugar del otro; que ningún sentimiento es despreciable; a intentar entender por qué alguien actúa de una manera u otra, y si no estás de acuerdo tratar de comprender desde la razón y defender tu verdad.

¿El hecho de que su padre en un momento de su carrera se pasara a la política le ha desfavorecido?

Creo que sí. Él lo hizo con toda su buena intención, y estuvo apenas unos meses, y nunca cambió su manera de actuar; pero de cara a algunos medios de comunicación, y por lo tanto a parte de la opinión pública, que se guía mucho por lo que dicen estos medios, siempre quedará como el juez socialista que lo dejó porque no había conseguido un ministerio. Luego vinieron los comentarios que se vertieron de que si estaba actuando en el caso GAL para vengarse, cuando es totalmente falso, porque este caso se inició a finales de los ochenta y su incursión en política fue en el año 92, cuando sencillamente retoma un caso iniciado antes. Este tema ha vuelto a ser utilizado después en el caso Gürtel para desacreditarle y atacar a su independencia judicial una vez más. Hay otros jueces y personas de la judicatura que se han metido en política y que luego lo han dejado. Tras el caso de mi padre lo prohibieron y desde 2012 vuelve a estar permitido. Parece que cuando Garzón ya no está en la judicatura se puede volver a formar parte de los dos estamentos, una vez más la doble vara de medir.

Él jamás ha tomado una decisión sin pensar en las consecuencias, pero, aun sabiéndolas, nunca ha permitido que estas consecuencias interfirieran en su deber como juez

¿Y determinadas decisiones o sentencias que él ha tomado han perjudicado a la familia, o se han visto amenazados por ellas?

Él jamás ha tomado una decisión sin pensar en las consecuencias, pero, aun sabiéndolas, nunca ha permitido que estas consecuencias interfirieran en su deber como juez. Él siempre ha antepuesto el bien común y lo que debía hacer ante su seguridad personal y la de su familia. Y respecto a las consecuencias, vivimos dos tipos: las físicas, por así decirlo —cuando entraron en mi casa, o nos tuvieron que poner unos escoltas por Batasuna, o cuando recibí una carta de amenaza contra mi persona con todo el tema de Nueva York—, y las psicológicas, que han sido muchísimas, porque ha existido una corriente de opinión que lo insultaba, que decía cosas muy duras sobre él y creaba montajes, como el caso de una prostituta que decía que mi padre consumía drogas en la Audiencia en vez de estar trabajando.

Esta sentencia ha sido como un aviso para navegantes: no te salgas de la doctrina oficial, que mira lo que te puede pasar

De hecho, usted afirma en el libro: «Querían acabar con la figura de mi padre y con un modelo de juez que incomodaba mucho»

Sí, incomodaba por lo que ya he dicho. Yo menciono en el libro a los peritos pasantes, a aquellas personas que hacen su trabajo pero a quienes cuando llega la hora oficial de irse se les cae el bolígrafo; por este motivo incomoda: el querer llegar al fondo de los asuntos trae más problemas. Además, hay gente que tiene mucho miedo a la reacción mediática, y por lo tanto no quiere intervenir según en qué casos, pero que otra persona lo haga les molesta. Y en nuestro país, queramos o no, existe la envidia, y en vez de decir «este señor está haciendo cosas por la justicia, le está dando un nombre a la justicia internacional, vamos a apoyarlo, a aprender de él, vamos a caminar todos en la misma dirección», se da todo lo contrario. Esta sentencia ha sido como un aviso para navegantes: no te salgas de la doctrina oficial, que mira lo que te puede pasar.

Define todo lo que ha ocurrido como una persecución que han potenciado determinados medios de comunicación. ¿Cuál era su fin?

Por un lado, tiene un alto componente ideológico, sobre todo en la última fase, respecto a la memoria histórica. Parece que en este país no se puede mirar hacia atrás con un poco de coherencia y de imparcialidad. Aún hoy, parece que si no eres rojo eres fascista o eres de extrema derecha, y no se puede decir que las cosas fueron como fueron, incluso hay medios de comunicación que lo niegan. Y este componente ideológico se ha repetido a lo largo de los años con los diferentes casos en uno u otro sentido. Luego están los círculos de poder. Los medios de comunicación tienen mucho poder en nuestro país y los altos directivos están relacionados con gente poderosa, ya sean empresarios o periodistas. Lo peligroso de esto es cuando quieren intervenir en temas de relevancia para el país, toman represalias contra aquellos que no hacen lo que se les pide. Yo no estoy diciendo que no se pueda tener opinión en los medios y que sean sólo informativos, pero sí tendríamos que diferenciar un poco más la información de la opinión.

¿Qué irregularidades se han cometido en todo este proceso?

Habría que mirar cada proceso por separado, aunque algunas irregularidades se han repetido, como el no admitir pruebas de la defensa ni muchos de los testigos. Por ejemplo, en el caso de los crímenes franquistas, se pidió la comparecencia de juristas internacionales, puesto que estamos hablando de crímenes contra la humanidad y crímenes universales, y no se permitió. En el caso Gürtel, una de las cosas que más me impresionó es que en la investigación no se habían escuchado las famosas «cintas» que el juez Garzón supuestamente había utilizado para cercenar el derecho de defensa. El abogado acusador, al señor Peláez, cuando le preguntaron: «¿Y usted ha escuchado el contenido de las cintas?», contestó: «No.» «Y entonces, ¿cómo sabe que han sido utilizadas en su contra?»; porque la fiscal del caso era muy sagaz, parecía que sabía lo que iba a responder. Ése fue el único testimonio que se dio en el juicio y que contradijo la defensa de mi padre. ¿Cómo puede basarse una sentencia de once años de inhabilitación en una intuición? El caso de Nueva York es el que acumula más irregularidades: no sólo se investigan los ingresos de mi padre en el periodo de estancia en esta ciudad y en los meses posteriores, sino que se investigan todos los ingresos antes de que viajara a Nueva York y, posteriormente, también incluyen a mi empresa, que se crea cinco años después. Y si te están investigando y se van a verter unas acusaciones tan graves como las que luego se vertieron, lo normal hubiera sido tener alguna prueba que afianzara esta acusación, y ni se pidieron datos económicos ni extractos de las cuentas.

¿Qué papel ha desempañado usted durante estos tres años? ¿Ha sido un papel activo denunciando de alguna manera todo lo que ha ocurrido a su padre?

Yo estaba pasando por un momento personal complejo, y lo cuento en el libro, en el que me quedé embarazada y fui madre. Esto me impedía físicamente acudir a ciertas concentraciones, manifestaciones o actos de apoyo a mi padre, así que estaba más en la sombra. Si me enteraba de que había una plataforma de apoyo firmaba y les mandaba a mis amigos la convocatoria para que la difundieran en las redes sociales, pero poco más podía hacer, ya que tampoco quería exponerme a los medios. No era el momento. Sentía cierta impotencia por no estar concentrándome allí, pero creo que él lo entendía. Siempre he querido anteponer mi familia a todo lo demás, y mi hija no tenía la culpa de lo que nos estaba ocurriendo. Mi posición era muy activa de cara a lo que yo podía abarcar, pero tampoco soy una líder de masas.

No lo puedo acatar porque el juicio parece una pantomima, incluso parece que la sentencia estaba escrita con anterioridad

Y respecto a las irregularidades, ¿qué medidas han tomado ustedes o qué medidas van a tomar?

Durante todo el proceso se interpusieron recursos ante las decisiones que cada juez instructor iba tomando. La mayoría de ellos fueron rechazados; sólo prosperó el recurso contra cinco de los magistrados del tribunal que lo juzgaría por los crímenes del franquismo, porque al fin y al cabo eran los mismos que habían investigado el caso, y si los que han investigado dicen que hay indicios, no deberían juzgarte, porque dónde queda la imparcialidad. Ahora se ha presentado un recurso de amparo en el Constitucional que viene a decir que se ha podido cercenar tu derecho como ciudadano debido a las irregularidades que ha habido en este caso, y luego está Estrasburgo como última opción.

«Como dijo mi padre en su comunicado de aquella misma noche, yo tampoco acato la sentencia, no puedo hacerlo cuando en ella se emiten juicios de valor tan duros como que mi padre utilizaba medios dignos de regímenes totalitarios.»

No acato, porque acatar significaría que es culpable, admitir que hay culpabilidad. Yo vi el juicio y lo vio mucha gente, y se puede pensar que mi percepción es sesgada porque soy su hija; pero esa otra gente dijo que era una locura porque no había pruebas y, si no hay pruebas, ¿cómo puedes emitir una sentencia tan dura? No lo puedo acatar porque el juicio parece una pantomima, incluso parece que la sentencia estaba escrita con anterioridad. No puedo acatar cuando se hacen esos juicios de valor tan fuertes, cuando si algo ha intentando mi padre ha sido siempre velar por las libertades y los derechos de víctimas y acusados, como el protocolo que instauró para que se grabaran todas las detenciones, y esta sentencia le acusa de lo opuesto, parece más un ataque personal. En la propia sentencia no dice en qué cercena el derecho de defensa, es decir, qué fue lo que mi padre utilizó para hacerlo. A esto debemos sumar que tampoco está clara la ley: para unos jueces sí es ilegal y para otros no, aparte de que en numerosas ocasiones se han tenido que invalidar unas escuchas por irregularidades y eso no ha llevado a prevaricación de los jueces y once años de inhabilitación en su carrera.

Ojalá la justicia fuera imparcial y no importara tanto cómo es el juez de turno, sino los intereses que tienen los denunciantes y las víctimas

Y finaliza el libro diciendo: «Cuando mi padre haya cumplido inhabilitación, tendrá casi sesenta y seis años. Entonces no creo que le apetezca volver a ejercer la judicatura, al menos yo no se lo aconsejaré.» ¿Por qué?

Porque hemos acabado muy cansados del sistema; mucho tendrían que cambiar las cosas. Ojalá la justicia fuera imparcial y no importara tanto cómo es el juez de turno, sino los intereses que tienen los denunciantes y las víctimas. Yo hace tiempo que le dije que dejara la Audiencia, aunque hay que entenderlo a él: tiene una firme confianza en la justicia y en la judicatura. Él, desde luego, se fue diciendo que no quería que quedara nada suyo allí y sacó todas sus cosas de la Audiencia.

¿Y cómo ve el futuro de su padre?

Ahora está trabajando en la OEA, la Organización de Estados Americanos para la misión de paz en Colombia, y para la veeduría de Ecuador, para la que tiene que emitir un informe sobre la reforma que han hecho de la justicia. Esto se acaba ya este verano. A partir de entonces, estará probablemente vinculado a proyectos humanitarios y a proyectos de justicia universal. También tiene varias ofertas de universidades, aunque no creo que sea una persona que sirva para ir todos los días a dar clases. Todo se verá en septiembre; ahora está valorando todas sus posibilidades.

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