jueves 24/9/20

¿Nos vamos a vivir a una casa de madera?

¿Nos vamos a vivir a una casa de madera?

Las repercusiones en la vida cotidiana de muchos españoles y españolas de la pandemia del coronavirus, del confinamiento que hemos padecido durante varios meses y de la incertidumbre que se ha instalado sobre el presente y el futuro de nuestra sociedad, con toda probabilidad supondrá cambios de actitudes y de valoración de la vida en las ciudades y la vida en el campo. También entre la de estar encerrados en bloques de viviendas o estar a ras de tierra, en casas con patio, jardín o terraza.

La necesidad de mejor aire para nuestros pulmones, de buenas vistas para nuestros ojos, de posar los pies en la tierra y apostar por un tipo de vida con más horas en contacto con la naturaleza parece ser una de las conclusiones a las que un número importante de personas están llegando.

Conseguir tener una vivienda en ámbitos naturales a un precio asequible no es una tarea fácil. Las construcciones de madera, tan extendidas en otros países del mundo, en España todavía no se han implantado todo lo que sería posible.

Por ello propuestas como las que hace Chalet Pro, no sólo para la construcción de nuevas viviendas, sino también para complementar las actuales con porches, refugios, pabellones,  garajes o casetas, ofrece la posibilidad a precios muy económicos de contar con una solución habitacional a la medida de nuestra capacidad financiera.

El mayor interés por el mundo rural es un hecho objetivo reflejado en medios de comunicación y en todos los portales y empresas inmobiliarias. La demanda de soluciones ecológicas, alternativas y a precios asequibles está aumentando exponencialmente. Nunca se había producido la conjunción de dos hechos como los que actualmente vivimos. Por una parte una pandemia a nivel universal de la que desconocemos su calendario y su posible final y por otra la extensión generalizada de redes de telecomunicaciones y de distribución que posibilitan vivir en cualquier lugar, trabajar con ordenadores, tabletas y móviles y estar permanentemente conectado con nuestras familias y amistades así como con los compañeros de la empresa y sus aplicaciones informáticas.

El confinamiento ha generado el crecimiento del agobio en los  espacios pequeños, se ha notado especialmente la ausencia de luz y sol en muchos pisos y un mayor grado de aburrimiento por la falta de vida social. El aumento de la ansiedad y de otras patologías mentales son algunas de las consecuencias negativas. Todo ello contribuye a plantearse un “cambio de actitud”, y la búsqueda de pasar más horas y días de nuestras vidas en relación con la naturaleza. Las propuestas de trabajar cuatro días a la semana y disponer de tres días para poder ir a otros lugares se va abriendo paso en las sociedades más avanzadas económica y tecnológicamente como Alemania o los países nórdicos.

Una idea se ha generalizado en estos meses. Los posibles nuevos confinamientos o la posibilidad de esquivar los contagios se consiguen mucho mejor en los pueblos pequeños que en las ciudades. Ha habido casos también en localidades no muy grandes pero han sido la excepción. Te cruzas con menos gente, hay mayor flexibilidad horaria y utilizas menos el transporte público. Sin duda la ausencia de puestos de trabajo en la España vacía es clamorosa, si bien esto se puede ver compensado por el hecho que más de un 35% de la población del sector servicios puede acceder a opciones de teletrabajo.

Para ello será imprescindible mejorar las conexiones de internet y el despliegue del 5 G que se anuncia para los próximos años. Probablemente los nuevos procesos migratorios no sean tanto a municipios alejados de las grandes ciudades sino a los cercanos a las metrópolis y con buenas comunicaciones de trenes y carreteras.

Por ello las construcciones de casas de madera a precios asequibles son una alternativa a estudiar ante el mantenimiento, cuando no incremento, de los precios de los chalets y las viviendas en las zonas mencionadas.

¿Nos vamos a vivir a una casa de madera?