sábado. 13.04.2024
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El turista demanda vivir experiencias, conocer nuevas culturas e intercambiar con ellas sus costumbres y tradiciones, de modo que el recuerdo final sea más bien una vivencia que un souvenir comprado en un chiringuito al lado del hotel

Por Lucía Díaz | El turismo está cambiando. El típico viaje, coger las maletas e ir junto a toda la familia en un coche pequeño a Benidorm durante unos días para disfrutar de las maravillosas playas de la Costa Blanca y bañarse frente a los grandes bloques de cemento que se construyeron a pie de playa en la década de los años 50, ya no está de moda. Tampoco está el irse a un resort en la Riviera Maya a tirarse a la bartola en la hamaca y beber mojitos. El turista que viaja hoy en día es diferente, tiene otros gustos y preferencias, otro nivel cultural y sobre todo, otro nivel económico. El turista demanda vivir experiencias, conocer nuevas culturas e intercambiar con ellas sus costumbres y tradiciones, de modo que el recuerdo final sea más bien una vivencia que un souvenir comprado en un chiringuito al lado del hotel. De este turismo experiencial surgen nuevas tipologías como puede ser el turismo industrial, del que hablaremos a continuación.

Entre las diferentes definiciones de diversos autores, encontramos aquella que señala que el turismo industrial sería aquel tipo de turismo que implica visitas a empresas en activo y al patrimonio industrial, ofreciendo a los visitantes una experiencia relacionada con los productos, procesos productivos, aplicaciones o la propia historia de la empresa y sus actividades.

Esta sería una forma clara de vender un producto de forma sostenible, ya que, por un lado, la empresa obtiene beneficios gracias al turismo y, por otro, existe una conservación y rehabilitación del patrimonio industrial, de forma que se conservan estas infraestructuras tanto para las generaciones actuales, que pueden disfrutar de las visitas guiadas, pero también de las del futuro.

Sin embargo, existe aún otro importante elemento a tener en cuenta: la posibilidad de una relación win to win, ya que el turista se podría ver inmerso en un aprendizaje cultural y local, y la población local obtendría un medio de vida al ser protagonista del funcionamiento de la empresa o la creación de un producto como puede ser la industria naval, alimentaria o textil. Este tipo de turismo es una buena forma de fomentar la concienciación del patrimonio y valorizar las costumbres y los productos que en ocasiones los visitantes compran directamente en el mercado y se puede observar de primera mano el esfuerzo que requiere la producción de lo que la empresa oferta.

Una buena forma de gestionarlo y promocionarlo sería dirigiéndolo hacia los más pequeños, los niños y niñas. Así, a estos desde muy jóvenes se les inculcaría el fomento y la concienciación hacia los tres pilares de la sostenibilidad -equidad social, medioambiente y economía- y tendrían la oportunidad de apreciar y experimentar nuevas formas de turismo que seguirían practicando cuando sean mayores.

Finalmente, estas nuevas tipologías que están apareciendo poco a poco ligadas a la sostenibilidad, como también pueden ser la ornitología, el turismo activo o el micológico, entre otros, aparte de crear expectativas e ilusiones a la hora de viajar, añaden un plus al bienestar de los stakeholders, los actores locales, los cuales impulsan este tipo de turismo y ayudan a aprender de una forma inconsciente la importancia que tiene el medio y la sostenibilidad en nuestras vidas tanto presentes como futuras.


Lucía Díaz | Máster Universitario en Gestión Turística Sostenible de Recursos y Destinos por la Ostelea School of Tourism and Hospitality

El turismo industrial como una nueva tipología sostenible