lunes 13.07.2020
MEDIO AMBIENTE

Las vías pecuarias, “La casa de papel” y el pastor Zacarías

Las vías pecuarias, “La casa de papel” y el pastor Zacarías

Durante el devenir de estas extrañas jornadas, en las que el tiempo parece estirarse o encogerse sin que tengamos la capacidad de determinar cuáles son las causas de esta elástica cualidad, hay personas que han sido capaces de mantener, e incluso incrementar, su ritmo de trabajo y siguen produciendo abundantemente. Por el contrario, otros tenemos dificultades para concentrarnos y abrumados por el día a día, nos sentimos incapaces de seguir el hilo de una convencional novela decimonónica.

Ahora, aparte de intentar discernir si una mancha que he descubierto en el techo del cuarto donde pernocto se parece más a una ballena o a un globo aerostático, he tenido la oportunidad de ver más televisión, he acabado algunas series que tenía pendientes, he visto algunas películas aconsejado por gente cuyo criterio me parece apreciable y he vagabundeado por la inagotable oferta catódica. Ahí me topé con dos productos que me han permitido ahondar en una de mis obsesiones más recurrentes, que como [email protected] sabéis son los terrenos sujetos al dominio público y en singular las vías pecuarias.

Como otros muchos telespectadores, he visto la última temporada de la exitosa “La casa de papel”. En ella reconozco los valores con los que se han identificado millones de espectadores en todo el mundo: la resistencia frente a los poderosos, el apoyo mutuo, la conciencia de que la unión es un factor determinante a la hora de alcanzar objetivos ambiciosos y un indisimulado orgullo de clase.

En el segundo capítulo de su cuarta temporada, tras la dramática caída de personaje Lisboa en la sierra onubense, con el fondo de los molinos de Consuegra y bajo una acogedora luz crepuscular, El Profesor junto a Marsella cabalgan en sendas motos, mientras que la sugerente voz en off de Tokio desgrana cadenciosa el relato de lo que sucede: En moto y por pistas forestales, caminos de tierra y vías pecuarias; cruzaron La Mancha a salvo de los controles, el caballero y su escudero, de derrota en derrota avanzaban hacia una batalla de locos en esta guerra imposible, mientras todo estaba a punto de saltar por los aires…”.

En este lírico párrafo que desgrana Tokio, aparecen diversos tipos de viales que posibilitan el desplazamiento" a salvo de los controles", como  soportes de la aventura, del viaje. Pero quizás el hecho más relevante del párrafo citado, desde nuestra perspectiva de [email protected] de las vías pecuarias y caminos públicos, es que se diferencia explícitamente entre las distintas tipologías de viales y esto no resulta una cuestión menor cuando estamos frecuentemente sumidos en la ambigüedad, cuando no en la confusión. En la triada que se cita en este breve texto sólo las vías pecuarias representan una categoría jurídica precisa, son lo que son exactamente, bienes de dominio público, reglados y regulados con un marco legislativo propio, mientras que hablar de pistas forestales y caminos de tierra nos remite a unos espacios indeterminados, en los que no se especifica titularidad de los mismos ni los usos y regulaciones a los que éstos están sujetos. Solamente cabe plantear la objeción a que el viaje se realice "en moto", medio prohibido en las vías pecuarias que permite su uso en vehículos no motorizados, salvo las excepciones que la ley permite.

El segundo caso al que me refiero es el programa "Entre ovejas" donde Zacarías, un joven pastor de 23 años, acoge durante dos jornadas a una pareja de [email protected] que nada tienen que ver con el mundo ganadero y rural, gente del cine, de la música, la televisión, del corazón y otros famoseos diversos. El programa contrapone la autenticidad y vitalidad natural del joven Zaca  frente a la vida urbana y artificiosa que exhiben los invitados y sus incapacidades a la hora de desenvolverse en el medio natural. El resultado es el esperado, el "inocente" pastor, carente de malicia y doblez, se engrandece frente a los maleados antagonistas, consiguiendo finalmente la admiración y el reconocimiento de todos ellos.

Durante seis programas producidos por El Terrat y emitidos en la 1 de TVE, recorren el espacio comprendido entre Beleder y los Llanos del Hospital, en la provincia de Huesca, con una distancia de 67 km. y realizando lo que denominan trashumancia. Y quizás su mayor déficit, desde mi perspectiva, sea que tan sólo se citan las vías pecuarias en una sola ocasión, en el capítulo 5, a pregunta del juez Garzón: -¿Siempre viene por aquí el ganado? ¿Esto es una cañada?, - Sí. Esto es Cañada Real, le responde Zacarías el pastor, y después la voz en off (Silvia Abril) refiere - Cañada Real es el nombre de los caminos usados tradicionalmente por el ganado durante la trashumancia, en España, desde los tiempos de Alfonso X. Aparte de la cuestionable referencia histórica que se desliza en la narración, cuando resultaría más propio referirse a las Coronas de Castilla y León, y a la de Aragón en este caso. La postergación de la relevancia de las vías pecuarias es un hecho que chirría durante todo el visionado de la serie, aunque no tanto, pues se puede inscribir en la tendencia que pretende el inexplicable proyecto de una trashumancia sin vías pecuarias.

Reconozco que alguna vez he fantaseado con la posibilidad de que, mediante un acto aparentemente banal, como un producto de la cultura popular o una noticia determinada, las vías pecuarias recuperarían el reconocimiento y presencia que nunca debieron perder, que como si un conjuro instantáneo y reparador revertiese el encantamiento que sufren en su agónica degradación. Ojalá fuera así, que los seguidores de “La casa de papel”, con su impacto universal, conociesen y apreciasen el valor de caminos públicos y vías pecuarias. O que el achuchable Zaca lograse resignificar ante la sociedad el fundacional oficio de pastor. Recordemos la condición de trashumante de Abel y su conflicto con el agricultor Caín y de qué manera terminó la cosa. Aunque, inevitablemente, mi experiencia y cultura política me impiden abandonarme en esa espiral entre voluntarista y mágica que resulta tan placentera y confortadora.

Probablemente, cualquier vindicación de la importancia e integridad de las vías pecuarias pase a día de hoy por identificar sus capacidades en una perspectiva de futuro, logrando integrar sus funcionalidades propias y tradicionales (trashumancia, movimientos ganaderos) con los nuevos usos que la sociedad requiere en este contexto de crisis ambiental y sanitaria en el que nos desenvolvemos. La necesidad de generar alimentos saludables, reduciendo los impactos del modelo intensivista y la creciente conciencia animalista, nos induce a pensar que las prácticas de la ganadería extensiva van a recibir un impulso significativo y por lo tanto un crecimiento exponencial, que nos exigirá disponer de un soporte infraestructural operativo que permita el desenvolvimiento autónomo y seguro de esta actividad económica. Por otra parte, entre las nuevas funcionalidades de tipo ambiental, que no resultan tan nuevas pues están recogidas por la legislación, podemos señalar que la red de vías pecuarias debe constituirse en una verdadera malla reticular de conectores/corredores ecológicos que nos permitan adaptarnos y mitigar los efectos más lesivos del cambio climático, permitiendo el flujo de las especies animales y vegetales, tanto en un sentido longitudinal como en un sentido altitudinal. La consideración de las vías pecuarias como zonas de secuestro y captura de carbono, especialmente en las áreas más antropizadas, junto la capacidad de servirnos como soporte para prácticas de revegetación (considerando siempre su uso principal y la necesidad de recursos pastables que este genera), sitúan a la vías pecuarias como un elemento estratégico, de suelo de titularidad pública, que merece toda nuestra atención y consideración.

Existe una tercera funcionalidad de las vías pecuarias que no nos podemos permitir obviar: la de facilitar el acceso de la ciudadanía al medio natural. La Constitución española es sus artículos 19 y 45 establece el derecho a circular libremente por el territorio nacional y a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, y resulta evidente que caminos públicos y vías pecuarias se erigen como el soporte natural para concretar estos derechos. Durante este período de confinamientos, en cuanto se han determinado los alivios, miles de personas se han dirigido a sus entornos más próximos descubriendo parajes que hasta ahora para muchas de ellas permanecían tan ignotos como las Fuentes del Nilo o el Desierto de Atacama. Para acceder a estos parajes se han utilizado los caminos públicos y vías pecuarias, y claro, se han encontrado la calamitosa realidad: vertidos ilegales, vehículos abandonados, cortes y cierres de vías pecuarias y caminos, estrechamiento de vías pecuarias son algunas de las infracciones, delitos en algunos casos, que han podido descubrir los usuarios entre el estupor, la vergüenza y la rabia. Hechos que reiteradamente, desde el movimiento ecologista y vecinal, hemos venido denunciando desde hace mucho tiempo, aunque hay que reconocer que con un éxito limitado.

Por mucho que seamos capaces de identificar las funcionalidades que pueden situar a las vías pecuarias en el contexto socio-ambiental actual y futuro, finalmente corresponde a los poderes públicos ejercer sus potestades y asumir su responsabilidad, aplicando consecuentemente el conjunto de leyes y regulaciones que nos permitirían contar con una extensa red de suelo público preparada para afrontar los retos económicos, sociales y ambientales a los que estamos abocados. La experiencia nos dice que, en buena medida, la actuación de las administraciones depende de nuestra propia capacidad de organizarnos, de fiscalizar sistemáticamente sus actuaciones en la resolución de los distintos procedimientos administrativos que afectan a los distintos dominios públicos, de ser exigentes y rigurosos a la hora de reclamar el cumplimiento de la legislación sin desdeñar los espacios de colaboración que se puedan establecer con la órbita institucional. Espacios que nos permiten ampliar nuestra capacidad de interlocución e influencia. Construir una alianza entre [email protected] [email protected] de extensivo, las organizaciones ambientalistas, vecinales y camineras, junto con [email protected] [email protected] senderistas, ciclistas, caballistas y sus asociaciones o federaciones deportivas correspondientes resulta ya una exigencia  si queremos ser eficaces a la hora de divulgar, defender y promover lo que son las vías pecuarias y el amplio abanico de posibilidades que nos ofrecen.

Ahora, cuando poco a poco vamos avanzando en la llamada desescalada para ingresar en lo que denominan "Nueva normalidad", algunos gobiernos autonómicos (Madrid, Andalucía, Murcia...) están intentando devaluar los niveles y exigencias ambientales hasta ahora existentes. Así asistimos estupefactos a un retorno desacomplejado al ladrillo y la turistificación, escudados en la situación socio-económica hablan de eliminar trabas y burocracias en una nueva vuelta de tuerca desregulatoria en consonancia con las tesis de Trump o Bolsonaro, al margen de las consideraciones casi unánimes que provienen del mundo científico, que vincula el desarrollo de esta pandemia (y de otras futuras) con el modelo económico imperante y singularmente con la pérdida de la biodiversidad. Como podemos suponer, las vías pecuarias no quedan al margen de esta ola crecentista y reaccionaria, como se puede constatar en el borrador de la Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (05/05/2020), donde se pretende consumar un retroceso de decenios, en flagrante contradicción con la legislación estatal de vías pecuarias, permitiendo la desaparición de hecho de las vías afectadas por los desarrollos urbanísticos.

Pese a las incongruencias y olvidos nos congratulamos de que durante estos días tan oscuros el mundo pastoril y su soporte natural, que son las vías pecuarias, hayan sido capaces de brillar. Caminos ganaderos que provienen del remoto pasado y que se dirigen hacia el futuro, dispuestos para la aventura y la fábula, que esconden múltiples posibilidades narrativas a la espera de artistas y creadores que las ayuden a encontrar su merecido hueco en el imaginario colectivo.


Luis de Andrés del Pozo de Ecologistas en Acción Suroeste de Madrid y Vocal de la Sección de Vías Pecuarias del Consejo de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, en representación de las ONG cuyo objeto es la defensa del medio natural.

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