jueves. 18.04.2024
oceano

La 28ª sesión del International Seabed Authority está llegando a su fin, mientras las negociaciones para abordar el tema del deep sea mining continúan, aunque aún no se conozcan las repercusiones que puede tener la explotación minera de los fondos marinos, sobre todo a largo plazo. Por eso sería importante adoptar el principio de precaución mientras se lleva a cabo la investigación científica teniendo en cuenta estos aspectos, especialmente en el contexto del Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible.

La minería de aguas profundas, es decir la extracción de recursos minerales metálicos en el océano, genera impactos en el océano que aún no se comprenden, miden ni pueden medirse plenamente. Por eso, en los últimos días, durante los trabajos de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos en Irlanda, Brasil, Canadá, Finlandia y Portugal se han sumado a los países que piden el cese de las actividades mineras en aguas profundas, uniéndose así a España, Francia, Alemania, Samoa, Chile y otros países hasta que se disponga de una imagen más precisa de las consecuencias medioambientales, con el fin de proteger el océano.

La demanda de minerales como el níquel, el cobalto, el cobre o el manganeso está aumentando constantemente en todo el mundo sin pensar en el impacto ambiental de la minería de los fondos marinos en las diversas zonas terrestres. La investigación sobre el impacto de estas actividades en los fondos oceánicos es aún incipiente, pero se sabe que uno de los principales efectos está relacionado con la creación de nubes de sedimentos, que contribuyen a aumentar la turbidez de la columna de agua y a la modificación de los ecosistemas marinos, en particular creando un impacto negativo en los organismos pelágicos capaces de realizar la fotosíntesis, es decir, aquellos organismos que nadan y se desplazan en la columna de agua siguiendo las corrientes.

Por lo tanto, es necesario seguir cartografiando los fondos marinos y, al mismo tiempo, implicar y sensibilizar a todas las partes interesadas en este tema, incluido el sector privado. También es de gran importancia en este contexto la adopción del Tratado de la ONU sobre la Alta Mar, que pretende incluir el 30% del océano en zonas protegidas para 2030 con el fin de salvaguardar y restaurar la naturaleza marina y, en cualquier caso, exige una minuciosa evaluación del impacto ambiental antes de otorgar nuevas concesiones para la extracción de minerales del lecho marino.

Francesca Santoro -  Oficial Superior de Programa de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO

La lucha para defender la biodiversidad del océano continúa